La liebre y la tortuga: la carrera espacial en la nueva guerra fría entre China y Estados Unidos
La nueva carrera espacial ya no enfrenta a Estados Unidos y Rusia, sino a una China que desafía cada vez más el liderazgo estadounidense.

En el imaginario colectivo, existe un consenso general de que al ser los primeros en llevar a los humanos a la Luna, los Estados Unidos fueron los ganadores de la carrera espacial del siglo anterior.
Gracias a su considerable influencia y una inversión continua e importante en la investigación, han conservado la delantera en cuanto al conocimiento sobre el espacio por más que otros países hayan desarrollado sus propias capacidades de exploración espacial desde mediados del siglo pasado.
Sin embargo, en las últimas décadas, el interés del gobierno estadounidense en las misiones espaciales ha sido relegado por la aparición de nuevas amenazas y prioridades. Un ejemplo de esto es lo que ha pasado con el presupuesto de la NASA desde principios del siglo XXI: de casi 11 mil millones de dólares en los años sesenta cayó a menos de 2 mil millones en 2016.
Esto no ha hecho más que empeorar en los últimos años: entre 2025 y 2026, una de las víctimas más afectadas por las riñas sobre el presupuesto entre repúblicanos y demócratas en el Congreso de Estados Unidos ha sido la NASA.
Pero a diferencia de agencias como ICE o programas como Medicare, la Agencia no está bajo la protección o el apoyo de ninguno de los dos bandos en el gobierno estadounidense. El interés y consenso bipartita sobre la importancia estratégica de la exploración espacial se han reducido radicalmente del nivel al que estaba en el pico de tensiones en la Guerra Fría.
Si bien se salvó de lo peor de los ajustes presupuestarios, es más claro que nunca que la NASA tendrá que averiguar por sí misma cómo adaptarse a esta nueva realidad.
Al contrario, China ha mantenido la exploración espacial dentro de sus ambiciones geopolíticas. Aunque llegó más tarde a la carrera, gracias a agencias como la Administración Espacial Nacional de China y la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China (CNSA y CASC respectivamente por sus siglas en inglés), China se ha convertido en el principal contrincante de la hegemonía estadounidense en Tierra como en el espacio.
Si bien otros países crearon sus propias agencias espaciales mucho antes que China, estas se encuentran en su mayoría bajo la influencia de Estados Unidos, con quien colaboran extensivamente. A China se le quitó esta posibilidad con la Ley de Enmienda “Wolf” de 2011, con la cual el Congreso de Estados Unidos le prohibió a la NASA usar fondos federales para trabajar directamente con el gobierno de China y también la cual se ha usado para limitar o controlar colaboraciones con nacionales chinos en suelo estadounidense.
Analistas han dicho que aun si el objetivo de políticas como estas era proteger la inteligencia estadounidense, realmente lo que hizo fue motivar a China para desarrollar su propio programa, independiente de las condiciones impuestas por Estados Unidos.
En las últimas dos décadas, el programa espacial chino ha avanzado a pasos agigantados y ha mantenido un ritmo de avance constante, lo que representa cada vez más una amenaza indiscutible al dominio estadounidense. Si la política espacial de la Unión Americana no altera su rumbo, es posible que sea la República Popular la que plantee primero la bandera de conquista.
China sí pide la Luna
Si bien fueron los primeros en pisar y plantar su bandera en la Luna, los estadounidenses no habían regresado a este astro. Esto está a punto de cambiar: el despegue de Artemis II está previsto para hoy en lo que sería el primer vuelo tripulado a la Luna de la NASA en más de 50 años.
Esta misión le permitirá a la agencia espacial estadounidense poner a prueba el cohete Space Launch System (SLS) y la nave de alunizaje Orión con humanos a bordo, al realizar un viaje alrededor de la Luna y de regreso a Tierra.

El sobrevuelo busca validar que todos estos sistemas funcionen correctamente, en preparación para la misión Artemis III – que tiene como objetivo llevar a astronautas al polo sur de la Luna – y más importante aún, las misiones Artemis IV y V previstas con el fin de construir y establecer una base permanente en la Luna para 2028.
Pero no son los únicos: la CNSA y CASC anunciaron el Programa de Exploración Lunar Chino en 2023, que llevará astronautas chinos (o “taikonautas”) a la Luna para 2030. Desde entonces, han hecho un progreso considerable en el desarrollo y evaluación de su hardware e infraestructura (plataformas de lanzamiento, equipos de monitoreo, mecanismos de seguridad, etc.).

Más recientemente, en febrero de este año, China consolidó dos avances significativos en su estrategia espacial con el lanzamiento marítimo del cohete Smart Dragon-3 (SD-3) con siete satélites a bordo y la exitosa prueba de ignición del nuevo cohete pesado Long March-10 (LM-10), en el que viajarán los taikonautas con destino a la Luna.
Si bien Estados Unidos tiene previsto llegar antes que China, tomando en cuenta las diferencias considerables entre China y Estados Unidos en cuanto al apoyo e interés gubernamental en sus programas espaciales, la carrera por la Luna se perfila como una competencia bastante reñida.
¿Quién será el primero en descubrir si existe la vida en Marte?
En cuanto a Marte, aquí también los programas chinos están mucho mejor financiados que sus contrapartes estadounidenses. Aunque a principios de los años 2000, Estados Unidos llevará la delantera en la búsqueda de pruebas de vida marciana, China lo está alcanzando.
Es cierto que el rover Perseverance de la NASA fue quien descubrió las evidencias más prometedoras de posible vida microbiana antigua en Marte en 2024 al encontrar y analizar rocas con compuestos orgánicos y patrones minerales asociados con actividad biológica.

Sin embargo, en los últimos años el programa de “Mars Sample Return” o MSR (en español, la misión de recuperación de muestras de Marte) parece haber entrado en coma. Siguiendo sus promesas de austeridad presupuestaria, en segundo mandato Donald Trump presentó una propuesta de recortes masivos a diversas agencias federales, entre las cuales se encontraba la NASA. Si bien la oposición parcialmente logró limitar los daños mayores a la agencia, el programa de MSR está efectivamente cancelado por falta de financiamiento y el futuro de la agencia espacial es de más en más incierto.
En tanto, en 2020, China lanzó a Tianwen-1, su primera misión a Marte que alcanzó la órbita del planeta rojo el año siguiente, y logró el aterrizaje exitoso del rover Zhu Rong en la superficie el 14 de mayo de 2021.

Los próximos dos hitos del programa chino son Tianwen-2 y Tianwen-3, que buscarán traer de regreso a Tierra muestras del terreno de otros astros. El primero de estos fue lanzado en 2025 y tiene como objetivo un satélite de Marte, para recolectar muestras de rególito y traerlas de vuelta para 2027. El segundo, previsto para el final de la década, busca traer muestras de Marte, lo que haría de China el primer país en recuperar exitosamente roca marciana.