¿Qué tiene de especial esta nueva carrera espacial?

La carrera espacial evolucionó de ser un duelo geopolítico y militar entre Estados Unidos y la Unión Soviética para convertirse en un ecosistema global, comercial y colaborativo.

thumb
Aún si la NASA sigue siendo en imaginario común un sinónimo de la exploración del espacio exterior, EU actualmente ya no es la única potencia espacial.Pexels

El espacio profundo está a la venta y ya lo están colonizando: el mundo entró a una nueva carrera espacial, pero no es como la primera.

Cuando se habla de “carrera al espacio” o “carrera a la Luna”, el primer reflejo es pensar en la competencia entre la Unión Soviética y Estados Unidos entre los años 1950 y 1970. En el contexto de la Guerra Fría, esta contienda tenía como objetivo demostrar la superioridad tecnológica de cada potencia y estaba enfocada en determinar qué país era capaz de hacernos salir de la Tierra primero.

La carrera espacial que vemos hoy en día no tiene los mismos objetivos ni los mismos competidores. En efecto, en un mundo cada vez más multipolar y globalizado,  los países ya no son los únicos con los recursos y el conocimiento necesarios para realizar viajes espaciales. Cada vez más, la competencia la  encabezan actores y empresas privadas, con sus propios fines e intereses. 

Ya no es sólo una carrera entre naciones: el espacio es para cualquiera que tenga lo necesario para conquistarlo.

Esa es otra de las particularidades de este reciente interés por regresar al espacio exterior. Las agencias y empresas espaciales ya no están solo conformes con viajar, pisar, recorrer un poco y luego regresar: algunas como TransAstra buscan extraer la materia prima “virgen” de los astros más cercanos a la Tierra, y algunas, como la NASA o la Agencia Espacial Europea, incluso quieren establecer bases ahí.

La colonización espacial, especialmente con fines comerciales, se ha vuelto progresivamente el sueño de muchos y el centro de la política espacial de varios países. Expertos aseguran que, mientras más países se sumen a esta nueva carrera espacial, aumentarán por la competencia y la cooperación.

De un lado, los avances tecnológicos y científicos recientes son el perfecto ejemplo de la importancia y los beneficios de compartir y colaborar para ampliar los horizontes del entendimiento humano. Pero, por otro lado, como cualquier innovación, también puede utilizarse como una palanca para imponer o ampliar la influencia de un actor sobre otros.

Ejemplo de lo anterior es el caso del asteroide 16 Psyche, uno de los objetivos claves de la NASA, que ha capturado por igual la atención de los científicos que buscan estudiarlo y de aquellos que quisieren extraer sus riquezas. Expertos estiman que se trata del núcleo de un protoplaneta fallido, y su exploración permitiría un mejor entendimiento sobre el proceso de formación de núcleos planetarios como el de la Tierra. No obstante, aunque no sea el objetivo de la misión de la NASA, se estima que el metal de 16 Psyche (rico en hierro y níquel, componentes esenciales de muchas tecnologías) vale aproximadamente 10 mil cuatrillones de dólares, lo que ha generado interés en el potencial de la minería espacial.

Desde la fundación de la Comisión sobre los Usos Pacíficos del Espacio Ultraterrestre (COPUOS) y la entrada en vigor del Tratado sobre el Espacio Exterior en 1967, las actividades espaciales están sujetas a ciertas reglas.

Sin embargo, su correcta implementación depende en gran medida de la voluntad de los países, que – en un contexto de crecientes tensiones y rivalidades – son susceptibles de violar las normas para darse una ventaja en esta nueva carrera espacial.

Para los expertos, es crucial que las sociedades desarrollen un mejor entendimiento y estrategias para lidiar con esta nueva categoría de temas y problemáticas, que por ahora nos siguen siendo bastante desconocidas. 

¿Cuáles son los objetivos de esta nueva carrera espacial y en qué difieren con respecto a la anterior?

De cierta manera, su meta principal sí se parece a las carreras espaciales previas: se busca el prestigio internacional. Pero el tipo de reconocimiento que se persigue ya no es sólo geopolítico y/o militar, sino también comercial.

Como en cualquier carrera, lo que más importa es quién llega primero y qué hace con la ventaja que tiene frente a los demás. Es decir, nos interesa descubrir qué hará el “ganador” con la influencia que dicho logro le confiere y cómo eso determina los parámetros a los que se tienen que conformar los actores que lleguen después.

Los dos destinos centrales son la Luna y Marte, y a los dos ya hemos llegado (en persona o con robots); por ende, la motivación es seguirlos explorando para saber más de ellos. Ahora bien, para maximizar su utilidad, se aprovechan estas expediciones para discernir cómo extraer sus recursos, que generan mucho interés, ya que se trata de minerales y elementos raros (silicón, titanio, aluminio) indispensables para las tecnologías nuevas pero en cantidades muy limitadas en Tierra.

Asimismo, como una parte importante del progreso científico, esta expedición al espacio exterior tiene fines civiles al igual que militares, en especial lo que concierne a los satélites artificiales. En las últimas décadas, estos se han vuelto indispensables para las actividades humanas tal y como las conocemos: están al centro de nuestras comunicaciones, de nuestra manera de ubicarnos y movernos por el mundo.

Además, los satélites son herramientas cruciales para la seguridad y la estrategia militar de los países, ya que es muy probable que alberguen componentes esenciales de los sistemas de alerta ante posibles ataques (especialmente nucleares). Por ello, los satélites son un elemento ineludible de cualquier debate sobre esta nueva meta de conquista espacial.

 Sin embargo, esto se perfila a ser menos una “carrera” al sentido convencional y más una competencia para desarrollar el control de estos “bienes” y recursos extraterrestres a través de avances tecnológicos, operaciones repetidas y regulares e infraestructuras para asegurar una presencia sostenible pero no sustentable.

En un contexto que algunos analistas califican de “regreso a la bipolaridad”, la rivalidad entre China y Estados Unidos, esta carrera tiene mucho en juego.