Enfermedades que pueden causar caídas en personas de la tercera edad
Más del 65 % de los adultos mayores en México ha sufrido al menos una caída; enfermedades como diabetes, demencia o hipotensión son factores clave.

En la población adulta mayor, las caídas suelen tener consecuencias más severas, y la probabilidad de que ocurran se incrementa con la edad y causa de algunas enfermedades.
Las caídas representan un síntoma frecuente que se relaciona con elevada morbilidad y mortalidad; con frecuencia, conducen a hospitalizaciones o ingresos en centros de cuidados de largo plazo.

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Las enfermedades más comunes que provocan caídas en adultos mayores
Según el National Institute on Aging, algunas enfermedades crónicas y cambios fisiológicos hacen que las caídas sean más probables en la vejez.
Pérdida de funciones sensoriales y reflejos
Con el paso de los años, capacidades esenciales como la vista, la audición y los reflejos tienden a perder agudeza. Esto reduce la habilidad para percibir obstáculos o reaccionar con rapidez ante cambios en el terreno.
Enfermedades crónicas que afectan el equilibrio
Afecciones como diabetes, enfermedades cardiovasculares, trastornos tiroideos, enfermedades neurológicas, problemas vasculares e incluso alteraciones en los pies pueden comprometer el sistema de equilibrio y aumentar la inestabilidad.
Incontinencia y urgencia miccional
Las condiciones que generan la necesidad urgente de ir al baño, como la incontinencia urinaria, pueden inducir movimientos rápidos o traslados urgentes, especialmente durante la noche, aumentando el riesgo de tropiezos o caídas.
Deterioro cognitivo leve y demencia
El declive cognitivo leve o ciertos tipos de demencia están vinculados a una mayor frecuencia de caídas. La disminución en la capacidad de juicio, la atención y la coordinación motora contribuyen a pérdidas del equilibrio.
Debilidad muscular, trastornos de marcha e hipotensión postural
La sarcopenia (pérdida de masa muscular) es común en adultos mayores y debilita los músculos que sostienen el cuerpo al caminar o levantarse. Las alteraciones en la marcha y el equilibrio aparecen con mayor frecuencia.
Otro factor importante es la hipotensión postural (o hipotensión ortostática): una caída repentina de la presión arterial al levantarse demasiado rápido que puede provocar mareos o desvanecimientos.
Dolor en los pies, calzado inapropiado y polifarmacia
El dolor crónico en los pies (por ejemplo, por artritis o neuropatía) puede modificar la forma de caminar y predisponer a tropiezos. El uso de calzado sin sujeción, con tacones altos o suelas lisas es un riesgo adicional.
Los medicamentos también juegan un papel crítico: algunos fármacos pueden generar somnolencia, vértigo o desequilibrio.
Cuantos más medicamentos consume una persona mayor —es la llamada polifarmacia—, más elevada es la probabilidad de interacciones adversas y efectos secundarios que predisponen a una caída.

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Factores predisponentes que aumentan la vulnerabilidad a las caídas
Una caída repentina, ya sea dentro del hogar o en otro lugar, puede generar sorpresa y temor.
Si ocurre, es importante mantener la calma y permitir que el cuerpo procese el impacto antes de intentar moverse.
Se recomienda:
- Permanecer inmóvil unos segundos para evaluar posibles daños.
- Verificar si hay dolor o molestias antes de levantarse.
- Si se considera seguro, girar lentamente hacia un lado, descansar unos momentos, y levantarse apoyando las manos y rodillas, desplazándose con cautela hacia una silla firme.
- En caso de no lograr levantarse por sí mismo, pedir ayuda inmediata o llamar al servicio de emergencias.
Para estar preparado ante una eventual caída:
Mantener un teléfono siempre a mano, agendar una llamada diaria con alguien de confianza, y considerar dispositivos de emergencia (pulseras o collares con botón de alerta, relojes inteligentes con detección de caídas).
Estas recomendaciones permiten reducir el daño que puede derivarse de una caída y facilitan la asistencia oportuna.

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Caídas en la tercera edad: una emergencia médica sistemática
En México, según datos del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades (CENAPRECE), se estima que el 65 % de las personas mayores que viven en comunidad han sufrido al menos una caída.
En entornos institucionales, la incidencia es también elevada: el 40 % de residentes en centros gerontológicos permanentes y el 20 % de personas hospitalizadas reportan caídas.
Las secuelas de una caída pueden ser profundas: provocan lesiones severas, discapacidades temporales o permanentes, pérdida de autonomía, trastornos emocionales como miedo o depresión, costos médicos elevados, dependencia prolongada e incluso muerte prematura.
Por ello, las caídas son uno de los desafíos más críticos en materia de salud pública ante el envejecimiento poblacional.
Un estudio del American Journal of Emergency Medicine encontró que los adultos mayores con riesgo alto de caída en un servicio de urgencias tenían cuatro veces más probabilidad de morir en los 30 días posteriores que quienes tenían bajo riesgo.
Las enfermedades crónicas, las alteraciones neurológicas, la debilidad muscular, el deterioro sensorial y las condiciones del entorno convergen para elevar el riesgo de caídas en personas de la tercera edad.
Con acciones coordinadas desde la atención médica, los familiares y el propio adulto mayor, es posible reducir sustancialmente la incidencia y el impacto de las caídas.
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