“Se traspasa”

Pali Plascencia

Pali Plascencia

Saque de neta

#PrimeraNETA: “Se traspasa” decía el letrero colgado sin glamur ni ceremonias en la fachada de aquella vieja taquería: La 1950. Un lugar con historia, con clientela noble y recurrente que no iba sólo por el taco, sino por la pertenencia, por la plática, por su olor; por la costumbre de sentarse en la misma mesa, aunque los tacos llegaran fríos o la molcajeteada se perdiera en el camino entre la cocina y el mesero distraído y sin experiencia. Los comensales eran fieles a su espacio: ahí se identificaban, estaban a toda madre. La 1950 tenía identidad, y con eso bastaba, con eso sobraba. De vez en cuando salían de la plancha unos señores tacos capaces de competir con cualquiera, con Los Cocuyos, con Doña Mary, con La Bombi y con quien fuera, tacos humeantes, olorosos, dignos de aquel lugar. El problema no era la receta, era la regularidad de ella y sin regularidad no hay nada. No es que no se parara ni una mosca, es que no eran suficientes para sostener aquella estructura. No había cariño del dueño por el lugar.

Entonces apareció el fatídico letrero: “Se traspasa”. Un par de inversionistas, poco familiarizados con el carbón y el nixtamal, pero muy familiarizados con la promesa del rendimiento, llamaron pero al escuchar el precio se fueron pa’ trás: pensaron en comprometer la casa, el coche, el departamento que uno de ellos pagaba para dejarle a su hijo, y decidieron que no, que el riesgo no sería personal, que usarían como garantía lo que ya producía la taquería: los patrocinios, los contratos, los muebles, la concesión del alcohol. Si el experimento fallaba, nadie perdía lo propio. Entraron al negocio con deuda y discurso, prometieron los mejores tacos del país, cambiaron proveedores, pidieron mil kilos de masa amarilla y después decidieron que la masa azul era más adecuada. Contrataron meseros sin oficio y cuando alguien pedía tres de pastor con queso podían llegar dos gringas de bistec. Daba igual, era una tradición hipotecada. Eso ocurre hoy con los Gallos Blancos de Querétaro: una historia puesta en prenda, un escudo convertido en instrumento financiero y una promesa de grandeza respaldada por un crédito y no por un proyecto. Bendito no descenso.

#SegundaNETA:Al ojo del amo engorda el caballo”; sin dueño presente, sin liderazgo y mando sobre los meseros, ninguna taquería será negocio. La tradición de los Gallos Blancos, con todo lo que eso significa, hoy se sostiene con una línea de crédito. La pregunta no es si La 1950 puede volver a llenarse, la pregunta es: ¿quién estará dispuesto a arriesgar algo propio para que eso suceda? ¿Quién la quiere? ¿Quién la conoce? ¿Quién se sabe las historias que ahí se contaban? Si se ve sólo como negocio suena complicado. Si hay cariño, añoranza e ilusión por aquellas mesas que obligaron al “Se traspasa”, probablemente sí.

#NETASextras: El anuncio semanal de: “Hay tacos”, no sirve para nada.

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