¿En casa te enfermas más en invierno? El frío y la ventilación influyen más de lo que crees
El frío afecta circulación, presión arterial e inmunidad; el cuerpo se adapta, pero aumenta riesgo de resfriados y problemas cardiovasculares en invierno.

La exposición a ambientes fríos puede llegar a afectar la circulación, la presión arterial y la capacidad del sistema inmunológico para defendernos de virus y bacterias.
Comprender cómo reacciona el organismo y qué medidas de prevención tomar puede marcar la diferencia entre pasar un invierno saludable o sufrir complicaciones, especialmente en personas con enfermedades cardiovasculares, diabetes u otras condiciones crónicas.

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¿Qué pasa en nuestro cuerpo cuando bajan las temperaturas?
Cuando la temperatura del entorno disminuye, el cuerpo enfrenta un reto importante: pierde calor más rápido de lo que puede generarlo.
Según la American Heart Association (AHA), aproximadamente un 60 % de esta pérdida ocurre por radiación, es decir, el calor simplemente se escapa al aire más frío. El resto se produce por conducción, convección y el calentamiento del aire inhalado.
Para conservar la temperatura central, el organismo activa mecanismos de termorregulación, siendo uno de los principales la vasoconstricción: los vasos sanguíneos se contraen para mantener el calor en los órganos vitales.
Este proceso desvía la sangre desde las extremidades hacia el núcleo del cuerpo. Aunque es protector, genera efectos secundarios como aumento de la presión arterial y mayor esfuerzo del corazón, especialmente en personas con enfermedades cardiovasculares.
El frío provoca, además, cambios en la viscosidad de la sangre y genera estrés térmico, lo que puede afectar al sistema circulatorio y aumentar la carga sobre el organismo.

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Cómo el frío impacta la inmunidad y la susceptibilidad a infecciones
El clima frío no solo influye en el corazón y los vasos sanguíneos: también afecta al sistema inmunológico. Cuando el aire es frío y seco, las membranas mucosas de nariz, boca y garganta se resecan, debilitando la barrera que protege al organismo de virus y bacterias.
Además, las bajas temperaturas fomentan que las personas permanezcan más tiempo en espacios cerrados con poca ventilación, lo que facilita la transmisión de infecciones respiratorias.
Un análisis de la Unión Europea señala que una disminución de 10 °C (por ejemplo, de 5 °C a -5 °C) aumenta el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular en un 19% y por enfermedad isquémica del corazón en un 22%.
Estas condiciones generan inflamación y alteraciones sistémicas que pueden debilitar la respuesta inmunitaria, incrementando la probabilidad de resfriados, gripes, bronquitis o complicaciones en enfermedades respiratorias crónicas.
Ambientes cerrados y contagios: el efecto del invierno
Durante el frío, cambiamos nuestros hábitos: menos tiempo al aire libre, más tiempo en casas o lugares cerrados, ventanas menos abiertas y ventilación reducida.
Todo esto concentra virus y bacterias en el aire y sobre superficies, facilitando su propagación. Según la AHA, incluso sin considerar los efectos de la termorregulación, la simple agrupación de personas en interiores aumenta la transmisión de gérmenes.

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Mitos y realidades: el frío no causa resfriados directamente
Contrario a la creencia popular, el frío no provoca infecciones por sí mismo. Lo que ocurre es que facilita el ambiente para que los virus actúen y el organismo se vuelva más vulnerable.
De acuerdo con Mayo Clinic el rinovirus y los virus de la gripe sobreviven mejor en aire frío y seco, y la respiración de aire frío y húmedo dentro de espacios cerrados afecta la mucosa nasal, reduciendo la capacidad de defensa natural.
Cómo protegerse del frío y cuidar la salud
La AHA recomienda varias medidas de prevención durante el invierno:
- Vestirse en capas y cubrir extremidades, nariz, boca y orejas.
- Evitar cambios bruscos de temperatura y mantener buena ventilación en interiores.
- Mantener hidratación adecuada y realizar actividad física moderada.
- Vacunarse contra la gripe y otras infecciones respiratorias estacionales.
- Prestar atención a signos de hipotermia: temblores persistentes, confusión y respiración lenta; la AHA advierte que cuando se deja de temblar, el cuerpo ya ha agotado sus mecanismos de defensa.
- Mejorar la calidad del aire interior: aunque haga frío, ventilar ayuda a reducir virus y alérgenos.
- Mantener dieta equilibrada, descanso suficiente y evitar sedentarismo, fortaleciendo la inmunidad y la resistencia al estrés térmico.
Las personas con enfermedades cardiovasculares, diabetes u otras comorbilidades son más vulnerables ante el frío.
El frío no solo produce incomodidad: altera la circulación, afecta la termorregulación y puede debilitar nuestras defensas.
Sin embargo, siguiendo medidas preventivas como vestimenta adecuada, ventilación, vacunación y cuidado de la salud, se puede reducir significativamente el riesgo de enfermedades durante los meses fríos
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