Profesores de la UNAM, al borde del burnout
Además de enfrentar jornadas de hasta 18 horas frente a grupo y labores de preparación académica, los docentes de la UNAM asumen la contención psicológica de sus estudiantes

Los profesores de la UNAM no sólo cargan con más alumnos, horas frente a grupo y las tareas que ocurren antes y después de clase. También están absorbiendo cada vez más los problemas emocionales de sus estudiantes, una presión que puede llevarlos al burnout y terminar afectando la calidad de la enseñanza, advirtió María Elena Medina-Mora, coordinadora de la Unidad de Apoyo a la Salud Emocional y Psicológica.
La especialista detalló que hay docentes que llegan a pasar hasta 18 horas frente a grupo y después deben preparar clases, calificar, atender a quienes no alcanzaron los aprendizajes esperados y, además, responder ante estudiantes que atraviesan situaciones emocionales complejas.

Es una carga de trabajo muy grande y encima de esto tener que atender estos problemas que ahí están”, señaló.
Para Medina-Mora, el desgaste docente no puede verse únicamente como un problema individual que se resuelve con terapia. La Universidad también debe generar condiciones para prevenirlo, enseñar a los profesores a reconocer sus propias señales de alerta y proporcionarles herramientas para saber qué hacer cuando un alumno entra en crisis.
“Cuando están desgastados, cuando están de veras que en inglés se le dice burnout, quemados, su calidad baja”, advirtió.
El profesor también necesita cuidado
La universitaria señaló que existe una tendencia a poner la atención en los estudiantes y dejar en segundo plano a quienes están frente a ellos.
“Ellos nunca se ven a sí mismos”, planteó al referirse a los trabajadores universitarios, quienes pueden continuar con sus actividades aun cuando ya presentan señales de desgaste.
El problema, explicó, no comienza necesariamente cuando una persona ya tiene una enfermedad. Puede manifestarse antes, con dificultades para dormir, cambios en la alimentación, falta de descanso o angustia.

Por ello, sostuvo que la prevención debe comenzar antes de que el trabajador llegue a necesitar atención especializada.
No es nada más que puedan tener ayuda, es cómo nosotros organizamos, cómo logramos la justicia, cómo vemos sus necesidades para que realmente esto pueda ser una mejor situación para ellos. Y entonces el nivel de calidad de la educación sube”, expuso
La propuesta, añadió, consiste en que los profesores puedan desarrollar herramientas de autocuidado y reconocer qué está ocurriendo con ellos antes de llegar a un nivel de agotamiento mayor.
Capacitación no llega a todos
La UNAM ya desarrolla cursos dirigidos a profesores para proporcionarles herramientas de autocuidado y conocimiento sobre salud emocional.
Medina-Mora detalló que los cursos están abiertos a los docentes y que la capacitación puede considerarse parte de su labor académica.
Sin embargo, el alcance todavía representa un reto.

Los espacios presenciales tienen cupos limitados y, aunque las clases se llenan, llegan a un número reducido de profesores. Por ello, una de las alternativas que se analiza es digitalizar los contenidos, grabarlos y distribuirlos entre las distintas entidades universitarias, además de proporcionar ejercicios que puedan realizarse en línea.
La idea, refirió, es que un profesor pueda acceder a herramientas básicas para identificar cuándo está llegando a un punto de desgaste.
Entre los temas se encuentran aspectos tan elementales como el sueño, la alimentación y el descanso, pero también la identificación de señales de angustia y agotamiento.
No buscan especialistas
La capacitación también tiene otra finalidad: que los profesores puedan reconocer señales de alerta en sus alumnos. Medina-Mora aclaró que no se pretende que los docentes se conviertan en especialistas en salud mental, sino que sepan identificar cuándo un estudiante necesita ayuda y conozcan las rutas de atención disponibles.
Esto incluye saber a dónde canalizar a un alumno y qué servicios universitarios existen para atender situaciones de crisis.

La investigadora agregó que los profesores también necesitan herramientas para enfrentar situaciones que impactan a todo un grupo, por ejemplo, cuando uno de sus compañeros atraviesa una situación grave y la comunidad debe continuar con sus actividades académicas.
En esos casos, dijo, no basta con atender individualmente al estudiante afectado. También es necesario que quienes están frente al grupo sepan cómo trabajar con el resto de los alumnos.
“No es una cuestión mental, es laboral”
Para Pedro David Ordaz, profesor del CCH Vallejo, el desgaste de los docentes de la UNAM no se resuelve con cursos de autocuidado: el origen, sostiene, está en las propias condiciones laborales de los profesores.

El problema no es una cuestión mental, es una cuestión laboral”, afirma.
Ordaz conoce esa sobrecarga. Imparte 30 horas semanales, estudia un doctorado y desarrolla su tesis, además de participar en un concurso de oposición abierto para obtener una plaza de carrera.
El concurso, explica, le exige elaborar trabajos escritos de una extensión y complejidad similar a una tesis. Después de entregar los primeros documentos antes del periodo vacacional, les informaron que el concurso debía repetirse.
“Estoy fundido y no he tenido vacaciones”, relata.
A esa carga se suma el trabajo cotidiano que no aparece necesariamente en las horas frente al grupo.
Por cada hora que tú estás frente al grupo, tienes una o dos horas más de planeación y una o dos horas más de calificación. Entonces, al final de cuentas, te juro que no son 30 horas. Acabas teniendo 50, 60 horas, si no es que hasta más”, detalla.
El profesor sostiene que la sobrecarga tiene una relación directa con las condiciones económicas de los docentes. En el bachillerato de la UNAM, ejemplifica, hay profesores que necesitan complementar sus ingresos con otro empleo, en el Colegio de Bachilleres o en el Conalep.
“Son dos trabajos. Y eso es a lo que nosotros nos hemos referido durante mucho tiempo como la profesionalización docente. Tú no puedes tener dos trabajos como docente, porque no cumples bien en ninguno de los dos”, advierte, y agrega que una parte importante de los profesores del bachillerato son docentes de asignatura y enfrentan incertidumbre sobre sus grupos y continuidad laboral.
En su caso, dice considerarse afortunado por contar con una carga de 30 horas y no tener otro empleo, pero aun así reconoce que se encuentra agotado.
“Sí, por supuesto que sí, me siento agotado. No creo que como síndrome”, aclara. “Me gustaría de pronto descansar un poquito más y no he tenido tiempo”.
¿Un taller?
El profesor cuestiona que la respuesta institucional al desgaste docente se concentre en enseñar herramientas de autocuidado.
Ordaz considera que esas acciones pueden ser útiles, pero insuficientes.
Para él, enseñar técnicas de respiración, mindfulness o relajación puede ayudar a enfrentar el estrés, pero no modifica las condiciones que lo producen.
“Que tú respires mejor, que te tranquilices, que estés en el aquí y el ahora, no resuelve tu situación laboral”, argumenta.