La inteligencia artificial y el petate del muerto

Raymundo Canales de la Fuente
Bioética y biopolítica
En nuestro querido México existe la expresión de que me quieren asustar con “el petate del muerto”, cuyo origen quizá está en el inicio del siglo XX, cuando a los condenados a muerte, habitualmente pobres, se les sepultaba envueltos en un petate porque no había recursos para un féretro. Cuando la autoridad quería causar miedo se paseaba por el pueblo arrastrando un petate con la intención de mandar el mensaje de muerte a la población, que si era escéptica decía “me quieren asustar con el petate del muerto”, expresión que prevalece hasta nuestros días y nunca mejor aplicada que respecto del asunto de la inteligencia artificial.
Como bien dice la filósofa Carissa Véliz, es mucha casualidad que el tema lo estén empujando desde una empresa que se encuentra por salir a la bolsa de valores, desde luego parece que pretenden inflar su valor con ésta discusión, aparentando un peligro real e inminente para los seres humanos del planeta, siendo ellos los únicos con la capacidad de controlar el “enorme riesgo”. Los riesgos que citan son varios, por ejemplo la manipulación de la opinión pública respecto de intereses o tendencias políticas, lo cual ocurre ya desde hace mucho tiempo, de hecho está demostrado que varios políticos que hoy ocupan grandes cargos en EU utilizaron medidas como éstas.
Mencionan también ciberataques coordinados, hecho también muy conocido por los programadores, de hecho existen ya estrategias para protegerse de múltiples ataques simultáneos a una página web. Lo demás es francamente absurdo rayando en el ridículo. Las máquinas no pueden adquirir personalidad propia, ni tomar decisiones mas allá de lo que esté programado en su código de instrucciones, y en relación con la interacción con personas son falsedades. Si yo le pido recomendación a uno de estos sistemas respecto de un restaurante, por ejemplo, me va a brindar una respuesta que parece redactada por una persona, afirmando que es buena la comida, el servicio es muy amable y los costos son razonables. Eso es un engaño, la computadora jamás ha ido al restaurante, nunca ha probado ningún platillo y mucho menos ha pagado la cuenta. Lo único que hace es lo que le permite su programación, es decir, hacer una suma de todas las opiniones de personas y redactar una “conclusión” muy probablemente inválida estadísticamente. Mucho menos tienen capacidad, como en las películas, de decidir por ellas mismas, y provocar el crecimiento de brazos y piernas, saliendo a la calle para destruir todo a su paso. Eso es sólo el argumento de alguna película de ficción, inconexa de la realidad. Personalmente he utilizado diversos sistemas operativos de software libre, lo que me ha empapado en por lo menos saber los límites de la programación y, desde luego, las máquinas no van a cobrar vida propia ahorita ni en muchos años. Es un tema de manipulación de las empresas que quieren mas dividendos. No está en riesgo la especie humana, simplemente me quieren asustar con el petate del muerto.