De la machósfera a la violencia extrema
Expertos advierten a Excélsior que el consumo de contenidos misóginos y de odio, impulsado por algoritmos en redes sociales, está orillando a niños y jóvenes vulnerables hacia comunidades radicalizadas como los incels o la True Crime Community

La difusión sin restricciones en redes sociales de contenidos de odio, como el de la machósfera, está llegando a las pantallas de las infancias y los adultos jóvenes por medio de algoritmos que les abren las puertas a comunidades digitales radicalizadas.
Según expertos consultados por Excélsior, en los casos más extremos, estas células radicales alientan a menores de edad en situación de vulnerabilidad a replicar eventos de extrema violencia como el de la masacre de Columbine, en Colorado, Estados Unidos, en 1999. Y eventos recientes en México y el resto de Latinoamérica confirmarían esta teoría.
Realmente, nosotros tendríamos que llegar a quienes están detrás (de las pantallas), pero muchas veces, estas personas lo que hacen y lo que utilizan son redes que se encuentran encriptadas, que no son de fácil acceso o usan VPN para que las autoridades no sepan quiénes son realmente”, aclaró Pilar Ramírez, vicepresidenta de construcción de capacidades nacionales del Centro Internacional para Niños Desaparecidos y Explotados (ICMEC, por sus siglas en inglés).
La edad mínima para crear una cuenta en plataformas como Facebook, Instagram y TikTok es de 13 años, y aunque estas redes han implementado restricciones en el lenguaje e imágenes que pudieran fomentar el odio, la experta asegura que es fácil encontrarlo gracias a los algoritmos.
“Es prácticamente inteligencia artificial (IA). Lo que hace es reconocer cuáles son nuestros intereses porque la próxima vez que nosotros tenemos acceso a las redes sociales, a las plataformas de contenido, las misma red social, plataforma o internet saben qué es lo que nos interesa porque nosotros fuimos quien alimentamos esa información”, explicó.
“Lamentablemente, niños que se encuentran en una situación de vulnerabilidad extrema consumen ese contenido y ellos hacen propio ese contenido de violencia: odio hacia las mujeres, odio hacia las comunidades LGBTQ+, odio hacia padres u odio hacia ciertos sectores de la sociedad”.
Antesala de la radicalización
Juan Martín Pérez, coordinador de Tejiendo Redes Infancia en América Latina y el Caribe, aseguró que existen creadores de contenidos que monetizan con el dolor de las infancias propagando el machismo exacerbado y enalteciendo la machósfera, una comunidad digital que defiende la masculinidad radical, la misoginia y es antifeminista.
Señaló que algunos de esos influencers se venden como coaches y hasta llevan a cabo seminarios para sus seguidores: “Están atendiendo o focalizando sus contenidos a adolescentes que tienen un perfil bastante específico”.
Pareciera inofensivo, pero enfatizó que la exposición de los menores de edad y adultos jóvenes en situaciones vulnerables a estos contenidos los lleva a sumergirse en el radicalismo de comunidades como los incels (célibes involuntarios), hombres que culpan a la libre elección de las mujeres y su sexualidad de su celibato o soledad.

“Todo este ambiente permite que los adolescentes, los hombres jóvenes, que tienen condiciones de soledad, que no están inmersos en dinámicas de socialización positivas en sus escuela que pueden tener trayectorias de familias complicadas, consumo de sustancias, antecedentes de ansiedad, depresión o aislamiento, se convierten muy rápidamente en estas comunidades incels”, señaló.
Una vez adentrados en las comunidades radicales, los menores de edad y jóvenes “encuentran pertenencia e identidad y son alentados por otros hombres adultos a cometer actos de inmolación o sacrificio, pero, obviamente, como una manera de trascender”, aseveró.
Eventos que cumplen con los criterios
Para Pérez, cuya organización acompaña procesos de incidencia política y fortalecimiento de organizaciones sociales en 19 países, los recientes actos de extrema violencia perpetrados por menores de edad y adolescentes en México no solamente confirman esta correlación, sino que se alinean con tres criterios que la investigación académica en Estados Unidos y Canadá dicen que necesitan estar presentes.
Estos son: la disponibilidad de armas, perfiles vulnerables de adolescentes y hombres jóvenes radicalizados, y discursos de odio.
“Tenemos 16 millones de armas ilegales circulando en el territorio, tenemos segmentos de adolescentes con características de vulnerabilidad, radicalizados, y tenemos un machismo exacerbado en contra de las mujeres”, advirtió.
Los antecedentes en México
En México, el caso más reciente que involucró a un menor de edad ocurrió el pasado 24 de marzo en el municipio de Lázaro Cárdenas, estado de Michoacán. Ahí, Osmar “N”, de 15 años, ingresó a su escuela preparatoria Antón Makárenko con un fusil semiautomático AR-15 y asesinó a dos maestras. Las autoridades locales informaron que el menor estaba vinculado a una comunidad antifeminista, pero las investigaciones aún continúan.
Pero hay otros dos casos recientes que, si bien no incluyen menores de edad, sí involucran a personas presuntamente ligadas a células radicalizadas.

El primero fue en septiembre de 2025. El entonces estudiante de preparatoria de 19 años, Lex Ashton, ingresó al Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Sur (CCH) de la alcaldía Coyoacán de la Ciudad de México y asesinó a un compañero de 16 años en un supuesto intento de masacre. El hoy preso habría sido alentado a llevar a cabo este crimen por una comunidad digital de incels, según sus propias publicaciones en redes.
El segundo ocurrió el 21 de marzo, en el sitio arqueológico de Teotihuacan, Estado de México. Ahí, Julio César Jasso Ramírez, de 27 años, tomó como rehenes a una docena de extranjeros sobre la Pirámide de la Luna y le disparó con un arma corta al menos a cinco de ellos, provocando la muerte a una mujer de nacionalidad canadiense.

Las autoridades intentaron evitarlo, pero el asesino supuestamente se quitó la vida. En el sitio se hallaron evidencias que sugieren que el asesino intentó replicar la masacre de Columbine en 1999. En su mochila cargaba con textos alusivos a este crimen y una imagen creada con inteligencia artificial donde se le ve al lado de los autores de esa masacre.
Además, en lo que va del año se han reportado decenas de intentos de tiroteos y amenazas de bomba en distintas instituciones del país. En el estado de Puebla, por ejemplo, autoridades informaron a finales de abril sobre cinco intentos como parte de un reto denominado “Tiroteo mañana”.
The True Crime Community
Los crímenes de este calibre, así como las amenazas de tiroteos o masacres, también han prendido las alarmas en otros países de Latinoamérica.
En Argentina, por ejemplo, las investigaciones de la fiscalía local sobre el asesinato de un menor a manos de un compañero en una secundaria de la ciudad de San Cristóbal, provincia de Santa Fe, llevó a encontrar un vínculo entre el tirador de 15 años con una comunidad virtual de fanáticos de la violencia extrema.

Se le conoce como The True Crime Community (La verdadera comunidad del crimen) y, en palabras de la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAITI) de Argentina, se trata de “una comunidad digital cuyos miembros se caracterizan por dedicarse a la investigación, fascinación y, en algunos casos, la emulación de perpetradores de homicidios masivos y ataques indiscriminados a civiles con armas de fuego”.
Lo aterrador de este grupo es que pueden actuar desde donde sea y las autoridades no están capacitadas para dar con su paradero, mucho menos perseguirlos, dijo Pilar Ramírez, vicepresidenta de construcción de capacidades nacionales del ICMEC.
“No estamos hablando de crimen organizado. Son células radicales aisladas de personas que no sabemos, incluso, quiénes son, y que eso es un proceso muy fuerte que van a tener que hacer las autoridades de determinar quiénes son las personas que se encuentran detrás de estos grupos que están enviando contenido radical e invitando a personas para que se unan a este grupo”, señaló.
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