Roberto Sosa, otra vez don diablo anda suelto

El actor mexicano compartió su experiencia en las Famosas pastorelas de Tepotzotlán, que conoció cuando era niño con su padre, Roberto Sosa Rodríguez

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Roberto Sosa

Este 2024 se cumplen 61 años de las Famosas pastorelas de Tepotzotlán, que se realizan cada mes de diciembre en el Museo Nacional del Virreinato, en el Estado de México, salvo en 2020 debido a la pandemia. De ellas, Roberto Sosa ha formado parte desde hace tres décadas.

Esta ocasión, el actor mexicano de 54 años interpreta a uno de los diablos y comparte créditos con su mamá, la también actriz Evangelina Martínez, pero con quien las conoció fue con su padre, el director Roberto Sosa Rodríguez (1942-2020).

“Hace un año se develó una placa por los 60 años de esta pastorela y yo la he hecho unos 30 años. Esta pastorela la conocí gracias a mi padre, quien la dirigió durante muchos años y me llevaba de niño. Es una tradición que se ha logrado mantener en Tepotzotlán, Estado de México, pueblo mágico, con la participación de los mismos pobladores.

“Es una pastorela muy lúdica, divertida y completa, escrita por (el pintor y autor) Jaime Saldívar, quien la escribió toda en verso y se sigue representando con el texto original. Solamente se adecúan algunos textos que tengan que ver con la jiribilla política, con algún acontecimiento actual, para irle dando contemporaneidad y que el público la disfrute cada año.

“El público regresa año tras año. Sabemos que las pastorelas surgen a partir de un acto sacramental en donde se intentaba colonizar, evangelizar, llevar hacia la fe al pueblo de México, a través de la diversión de los diablos tratando de desviar el camino de los pastores hacia el pesebre de Belén, para ver el nacimiento del niño Jesús. Por eso se lleva a cabo en diciembre y justo se dan las funciones en las fechas de pastorelas, de las posadas”, expresó Sosa en entrevista con Excélsior.

Las Famosas pastorelas de Tepotzotlán no sólo llevan como experiencia la sola interpretación de esta historia, sino que hay piñatas, mariachi, música de banda, juegos pirotécnicos y cena al final de la función, para que los asistentes se deleiten con un buen pozole, pambazos, tamales, buñuelos y champurrado. Es así que habitantes y visitantes gozan de tres horas de tal acontecimiento.

“Es una fiesta que tanto actores como público, quienes estamos inmersos en este divertimento, la pasamos muy bien. El público pasa una noche maravillosa en un lugar tan especial como el Museo Nacional del Virreinato, que es un convento barroco del siglo XVI, un hermoso escenario, pues la pastorela se lleva a cabo en el patio, al aire libre. Ahí, con el frío, el ponche, el humor de los diablos impidiendo a los pastores llegar a su destino, le garantizamos al público una velada propia de la Navidad, muy divertida”, destacó.

UNA EXPERIENCIA PARA TODOS

La tradición de la pastorela trasciende incluso el constante uso de las pantallas y es un exhorto a las nuevas generaciones para vivir una experiencia inmersiva con sus seres queridos y no sólo ser testigo de ella desde un dispositivo tecnológico.

“El hecho de regresar a nuestras tradiciones siempre es atractivo; es como nuestra tradición del Día de Muertos, en donde poner el altar, el papel picado, las calaveras de azúcar, poner la ofrenda a nuestros difuntos, jugar con la muerte, es algo muy intrínseco dentro de nuestra cultura. Siento que las nuevas generaciones, a pesar de sí estar muy atraídas por las plataformas, las redes sociales, por una información mucho más inmediata, siempre les llama la atención este recuperar las tradiciones como parte esencial de nuestra cultura.

“Pienso que el público joven se ve atraído por el humor, por lo pintoresco que resulta. Ahora que hemos dado funciones privadas, escucho al público joven, adulto e infantil, que se divierten de igual manera. Por eso las tradiciones sobreviven al tiempo, porque no envejecen y forman parte de nuestro acervo. El hecho de utilizar un lenguaje en verso, que de pronto es muy florido, es divertido, porque escuchan palabras que no habían escuchado, es jugar con estos siete pecados capitales, a los que los diablos instan a los pastores y de los que nadie está exento, como la gula, la pereza, la lujuria, la envidia, la avaricia. La mejor manera de atraerlos es mostrarles lo que somos”, señaló.

Sosa, quien este año protagonizó la obra Panorama desde el puente, la serie Los reyes de Oriente y la película Pedro Páramo, entre otros, habló del por qué ha vuelto a esta pastorela.

“Es una mezcla de todo. Conocí esta pastorela cuando tenía cuatro o cinco años. Así como cada año ponemos el árbol, las esferas, las luces, el nacimiento, y, de alguna manera, casi de modo ritual, festejamos la Navidad, para mí todo ello tiene que ver con la natividad, no sólo como el natalicio de Jesús o desde el punto de vista pagano, cristiano, católico, sino desde el nacimiento de los buenos deseos y las buenas intenciones, así como cuando llega el inicio de año y nos llenamos de buenos propósitos.

“La pastorela tiene que ver mucho con esto, con este ritual de recordar lo que es el renacer en los buenos deseos, en los buenos sentimientos, las buenas intenciones. Mi intención de regresar cada año a ella, tiene que ver con eso, con el festejo, la gratitud ante el año que termina y los buenos deseos e intenciones ante el año que está por comenzar.

“Cuando festejamos la natividad es eso, el deseo de que lo que va a nacer sea próspero, venturoso, óptimo, esté cargado de buenas cosas, de salud, trabajo, amor con la familia y nuestros seres cercanos. Es como elaborar ese ritual, que creo que nos recordamos todos en estas épocas navideñas”, dijo.

El actor recrea a Lucy Pérez o Lucifer, uno de los tres diablos que conforman esta pastorela, personaje con el que se divierte enormemente.

“En el cine y la tele me dan personajes del malo, del villano y éste es un género que el público que me ha visto desde hace 30 años disfruta enormemente verme haciéndolo, porque tengo un entrenamiento circense, de clown, cuando fui a Francia a estudiar, y aquí, en este tipo de obras, trabajo mucho con mi cuerpo, con mi gestual, con el género pastoril que es muy humorístico, cándido, que tiene mucho divertimento. Me encanta tener esa gimnasia.

“Este diablo brinca, es un saltimbanqui, se divierte, juega, invita, seduce a los pastores para que no lleguen a su destino. Jugar con el público a través de los distintos géneros es algo que me lo debo, me lo quiero y me gusta permitirme, también en memoria de mi padre que se fue hace cuatro años”, detalló.

Tener escenas con su mamá, Evangelina Martínez, es un regalo para el actor, pues es un proyecto en familia.

“En la pastorela mi madre forma parte del elenco y hace a la Lola, que es como la madre de todos los pastores, la que va guiándolos, el lado maternal, y va impidiendo que caigan en los pecados a los cuales los invitan los diablos. Somos la contraparte, porque ella es la que quiere jalar constantemente a los pastores al camino del bien y yo, como diablo, los quiero jalar para el camino de los pecados.

“Nos divertimos mucho e incluso yo hago mi graciosada, como diablo, al decirle a ella ‘hasta pareces mi mamá’. El juego escénico lo permite, el público lo disfruta y agradece, porque saben que somos madre e hijo y la pasamos muy divertidos”, relató.

El elenco también incluye a León Michel, otro de los diablos, Satán; María Teresa Garagarza, la diabla Molás; Luis Orozco, el pastor que siempre se ve tentado a caer en los pecados; Sergio Ochoa, como el ángel; el cantante Ernesto Anaya y Paloma Jiménez también en la música, entre otros, además de más de 30 pobladores de Tepotzotlán, quienes recrean a los pastores.

“De igual forma, en la puesta tenemos burros, caballos, gallinas y borregos, es decir, es toda una cosa muy folclórica, bonita y pintoresca, así que quisiera cerrar diciendo que nos acompañen este

2024”, concluyó el actor capitalino.

Para verla

Las Famosas pastorelas de Tepotzotlán.

  • Fechas: Del 15 al 23 de diciembre, 2024. Todos estos días a las 19:00 horas. No hay función el 16.
  • Lugar: En la Hostería del Convento, en el Museo Nacional del Virreinato. Plaza Virreinal no. 1, Centro Tepotzotlán, Estado de México.
  • Costo: Representación y cena, 1,050 pesos, vía Ticketmaster.
  • Duración: Tres horas aproximadamente.

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