Economía global: La guerra y la inflación

Ante la persistencia de los conflictos armados en Oriente Medio, los precios de los combustibles se han incrementado sustancialmente.

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Lo anterior es un factor desencadenante del aumento en el costo de casi todos los bienes de consumo básico en todo el mundo que, si se suman al bajo crecimiento que ha tenido la economía mundial, podría revivir uno de los peores miedos de los economistas y poner en un dilema a los bancos centrales en todo el mundo.  

Desde finales de febrero de este año, cuando inició el conflicto armado entre Estados Unidos e Israel en contra de Irán, la incertidumbre que persistía en el panorama económico mundial creció aún más. En el momento más crítico del conflicto entre ambos países, el precio del petróleo subió un 12.23% en tan solo un día y sus efectos no han tardado mucho en ser transmitidos a todos los sectores. A pesar de que su precio actualmente se encuentra controlado en un nivel de alrededor de 90 dólares por barril, no deja de preocupar los efectos que esto pueda tener en el futuro.

De acuerdo con las últimas cifras de la Oficina de Estadísticas Laborales, en marzo del presente año la economía de Estados Unidos experimentó un fuerte incremento en la tasa anual de inflación, que se registró en 3.3%, desde 2.4% que se presentó en febrero. Como era de esperarse, este incremento viene ligado principalmente al aumento en el precio de los energéticos, debido a que la gasolina aumentó 18.9% y los gasóleos 44.2% a tasa anual. 

Estas cifras marcaron récords en los registros de la institución, quien no omitió mencionar en su reporte que la gasolina no tenía un aumento de esta magnitud en su índice a tasa mensual desde que se publicó el primer registro en 1967. 

Además, este incremento de la inflación no viene solo, pues, incluso, en las economías más fuertes existe el temor de que además del aumento en los precios, la actividad económica comience a desacelerarse. Este efecto, conocido como “estanflación”, no es nuevo; se popularizó en la década de 1970, cuando ocurrió un evento similar que implicó a las dos naciones protagonistas del conflicto actual. 

A partir de problemáticas que tuvieron origen en Irán durante 1973 y 1979, la reducción en la oferta por parte de los países del Medio Oriente que formaban parte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) provocó un súbito aumento en los precios del crudo, y a su vez, un incremento en el costo de la canasta básica tanto en países desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo.

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Esto provocó un efecto en cadena que impactó de manera directa en la producción industrial a nivel mundial y, por supuesto, en el crecimiento económico. Las economías más grandes —y al mismo tiempo, más dependientes del petróleo de Medio Oriente— fueron las que tuvieron mayor afectación: Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Italia y Japón sufrieron los efectos de la combinación de una inflación de dos dígitos y un bajo crecimiento en la actividad económica.  

Si bien han pasado cinco décadas desde entonces, la dependencia del petróleo para el funcionamiento de una buena parte de la economía, en especial del sector industrial, no ha variado significativamente y sigue siendo generando vulnerabilidad a choques externos. 

Aterrizando esta problemática a nuestro país, y nuevamente comparando la situación con la de 1973, en esa década México pasó de ser un importador neto a un exportador de petróleo, por lo que, mientras las economías más grandes del mundo se veían afectadas, la economía mexicana se vio beneficiada. Sin embargo, este estatus no duró mucho para nuestra economía, lo que ha llevado a que, en la actualidad, el gobierno busque reducir la dependencia de la importación de combustibles, lo que significaría una medida efectiva para evitar choques externos en el mediano y largo plazo. 

Por otro lado, la encrucijada a la que se enfrentan los bancos centrales no es nada sencilla. De acuerdo con la encuesta sobre las expectativas de los especialistas en economía del sector privado realizada por el Banco de México durante el mes de marzo, la inflación mostró un incremento con respecto a febrero pasando de 4 a 4.21%. A su vez, las expectativas sobre el crecimiento de la economía se mantuvieron en un nivel cercano a 1.50 por ciento.   

Este dilema seguirá haciendo eco en los próximos meses, pues si bien nuestro banco central no tiene como objetivo principal utilizar sus herramientas para favorecer el crecimiento económico, sí debe prestar atención a estos factores para tomar sus próximas decisiones. 

Por último, a pesar de que se ha logrado una tregua entre las naciones implicadas en la guerra, con un alto al fuego y reaperturas (y nuevos cierres) del estrecho de Ormuz, los paralelismos con lo que ocurrió en la década de 1970 siguen presentes. Esperemos que esta vez, el desenlace sea distinto.

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Por: Victor Hugo Martinez, analista de llamadinero.com