Hoy en día el político exitoso es el que inyecta más odio: Manuel Hinds

El ex ministro de Hacienda de El Salvador, Manuel Hinds, hace una serie de apuntes en su libro 'Nuevo Orden Mundial' para comprender el mundo contemporáneo.

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Dos marchas chocando entre ellas.

El mundo entero está experimentando un reajuste debido a la radicalización de las posturas políticas, las guerras en Ucrania y Palestina, así como la irrupción de la inteligencia artificial y otras tecnologías en las economías globalizadas. El mundo está cambiando, pero ¿es posible entenderlo?

El economista y ex ministro de Hacienda de El Salvador, Manuel Hinds, hace una serie de apuntes en su libro Nuevo Orden Mundial (Penguin Random House) para comprender cómo llegamos a este momento de profunda tensión internacional y señala el camino que podríamos seguir para evitar repetir los horrores del siglo pasado.

¿A qué te refieres cuando escribes sobre el nuevo orden mundial?

El siglo pasado, con la caída de la Unión Soviética, observamos que el mundo cambió hacía la economía del conocimiento, pero el comunismo y muchas dictaduras no fueron capaces de adaptarse. Me pregunté si algo como esto podría suceder en Occidente y Latinoamérica, ahora.

Las actuales crisis no suceden porque otros países se hayan vuelto más fuertes que Occidente, alterando la balanza, sino que este se ha debilitado por distintos pleitos: como nuevas tecnologías y las migraciones masivas han provocado que las instituciones en las que se sustentaba se debilitarn, por lo tanto, hay que actualizarlas.

La democracia puede sobrevivir, pero hay que cambiar las instituciones.

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Portada del libro "Nuevo orden mundial" de Manuel Hinds. Foto: Penguin Random House.

Hay dos conflictos que muestran la fragilidad del mundo: la invasión de Rusia a Ucrania y la guerra de Israel contra Hamás en suelo Palestino.

Observemos donde han surgido esos conflictos. Esos países, no los gobiernos, son muy resistentes al cambio por razones religiosas o ideológicas. Es el caso de Rusia que históricamente ha sido una tiranía y nunca han experimentado de verdad lo que es la democracia y el libre mercado. Por esa falta de experiencia democrática no puede concentrarse en mejorar sus políticas económicas: a pesar de que su territorio es enorme, su economía es del tamaño de Italia. La parte más industrializada de esa región está en Ucrania.

Por eso Rusia, ante el cambio, ha optado por regresar al siglo XIX e intenta robar territorio (ucraniano) para enriquecerse. Es gente que quiere regresar a un pasado idealizado. Y no solo pasa con los rusos, miremos lo que está pasando en Estados Unidos: “Hagamos a América grande otra vez”. Lo que quiere Trump es regresar a los años 50, él está planteando aislarse del mundo.

Todo esto es una resistencia tremenda al cambio.

¿Parte de ese nuevo orden mundial es el auge de populismos y de políticas conservadoras?

Tiene mucho que ver el regreso de las políticas de odio. Hasta hace unas décadas un político exitoso se definía como aquel que lograba un consenso, que construía armonía: hoy en día el mandatario exitoso es el que inyecta más odio y promete destrozar a los otros y, eso sucede tanto en las izquierdas como en las derechas, de ahí el populismo.

El caso de Estados Unidos es verdaderamente preocupante, porque pueden perder su democracia y América Latina no está exenta de ese riesgo.

¿Cómo observas el cisma que hay entre la gente?

No se trata de una división como la de las guerras civiles, me refiero a que antes preferían la esclavitud y otros la libertad. Ahora el cisma es por cualquier cosa: sexo, género, aborto y clases sociales, entre otras. 

La brecha entre las poblaciones puede convertirse en algo terrible. Durante el siglo pasado, el mundo entero pasó por dos guerras mundiales, pero América Latina se mantuvo a salvo por la presencia regional de Estados Unidos. Pero ahora, como Estados Unidos se ha debilitado, vemos que varios países se han posicionado en extremos, por ejemplo, Venezuela.

Esto lo digo porque si el conflicto internacional actual escala a una tercera guerra mundial, veríamos a países latinoamericanos eligiendo su bando, unos ya están posicionados, y el cisma crecería.

¿Cómo llegamos a este panorama de profunda tensión?

Un factor es que hay países en manos de dictadores que necesitan darle a la gente un objetivo para darse legitimidad: el odio es muy bueno. Es el caso de Rusia y China que han implementado una narrativa en la que Occidente es sinónimo de decadencia y el enemigo.

Estos líderes tienen que unir a la gente alrededor de un odio para que no los saquen a ellos del poder.

Otro factor, es que tienen esa ambición de dominación y han notado que el mejor momento para tomar lo que creen que les pertenece es ahora, porque Estados Unidos está divido.

¿Qué papel juega la irrupción de la inteligencia artificial en el mundo contemporáneo?

Esta tecnología tiende naturalmente a la globalización. La inteligencia artificial viene a sumar a las economías de redes, por eso no posible el pensamiento aislacionista que ciertos países han comenzado a considerar. Bien usada ayudará a que los países se desarrollen a través de la colaboración.

En tu libro lo comentas, pero ¿por qué hay una polarización mundial en las opiniones?

A mi parecer, porque hemos perdido la cohesión social. El deseo por incorporarnos a algo mayor, del que hablaba Ortega y Gasset, se ha perdido. De ahí es muy fácil caer en el individualismo.

Ahora las personas se definen por ser blancos o negros, hombre o mujer. Son definiciones muy excluyentes. No hay motivación para hacer cosas en colectivo.

¿Cuál es tu visión a futuro?

Si tú miras lo que está pasando en Estados Unidos, notarás que quienes están ganando posiciones son las derechas, pero no la que conocemos: es la derecha extrema. Aunque, la izquierda también se han ido radicalizando.

Esa radicalización ya sucedió en Alemania. Cuando comenzó la Gran Depresión, solo 10 por ciento de los votantes participaban en algún movimiento en contra de la democracia; cuatro años después, en el ascenso de Hitler, 50 por ciento de la población era o comunista o nazi.

Que entren extremistas a un bando vuelve más radicales a los del otro.

Estamos viviendo una época con mucho caos y la gente le teme a ese desorden. Movidos por ese miedo, las naciones pueden irse de un lado u otro, la derecha o izquierda, sin mucha reflexión. Y a mí personalmente me preocupa que eso derive en la perdida de la democracia.

ORP

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