Memoria y ficción de un tío; Silvia Molina evoca la vida de Rafal Sánchez de Ocaña
Tras seis años de confección, la escritora Silvia Molina, entrega una novela sobre el intelectual español Rafal Sánchez de Ocaña (1888-1962)

Un tío cariñoso y juguetón que me enseñaba literatura, sobre todo española. Me leía muchos poemas de escritores de la Generación del 27, de la del 68 y los romances. Yo me divertía. No sabía la talla de intelectual que era”, afirma la escritora Silvia Molina sobre su tío político, el español Rafal Sánchez de Ocaña (1888-1962).
Abogado, doctor en Filosofía y Letras, diplomático, periodista, catedrático, el “humanista de cultura amplia y universal” se convirtió en el protagonista de la novela El tío Rafael o La huida del peregrino (Bonilla Artigas Editores), producto de una investigación que le llevó a la narradora seis años.
Llevó una vida de mucho trajín. Era un hombre brillante. Tenía una formación europea sólida. Hablaba inglés, francés y alemán. Formó parte de los mejores intelectuales de España en ese momento que, al exiliarse en México, fueron nuestros maestros, nuestros científicos y médicos”, dice en entrevista con Excélsior.
Don Rafael entró a la familia de la cuentista al casarse con una hermana, Refugio, de su madre. “Había conocido en España a todos los que vinieron después como exiliados. Fueron sus compañeros en las escuelas, en el Ateneo, en el periodismo. Cuando llegan, él se incorpora a ese grupo y fue un enlace con los mexicanos”, afirma.
Había sido amigo de Alfonso Reyes desde 1914 en España, luego se lo encontró en Argentina, cuando Rafael fue cónsul en La Plata. Incluso con mi padre, Héctor Pérez Martínez, que estaba en la Secretaría de Gobernación, los ayudó y estuvo al pendiente de ellos. A través de él, conoció a mi tía”, agrega.
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La también ensayista detalla que “se casaron y no tuvieron hijos, por eso mis hermanos y yo éramos como sus hijos. Él me decía Dulcinea, como el personaje de Cervantes; y a mis hermanos también les puso un sobrenombre de personajes de la literatura. Era amable”.
Agrega que esta novela representa la biografía integral de don Rafael, de lo que hizo antes y después de que llegó a México. “También una visión a su obra, sus libros. Y recopilé todos los artículos que publicó en El Nacional”.
Según la Enciclopedia de la Literatura en México, Sánchez de Ocaña, catedrático de la UNAM, suscribió con el seudónimo “Gabriel de Araceli” la columna España a la vista, en Novedades, a partir de enero de 1951. Y firmó sus colaboraciones de
Excélsior con el nombre de “Jenaro Riestra Ruiz”.
En sus artículos hablaba mucho de la Generación del 14, y de España. Hizo dos traducciones interesantes del alemán. Y recogió su producción periodística en Cartas irreverentes, Reflejos en el agua y Confesiones de un desvelado”, indica Molina.
Pero también narro mi infancia y adolescencia, la etapa más bonita de mi vida. La última vez que lo vi fue a mediados de septiembre de 1961. Tenía 73 años y yo cumpliría 15 en octubre de ese año”, confiesa.

TÍTULO: El tío Rafael o La huida del peregrino
AUTORA: Silvia Molina
Editorial: Bonilla Artigas, México, 2024; 206 pp.
La dramaturga destaca que la investigación sobre su tío fue un gran aprendizaje. “Acudí a todos los archivos mexicanos y españoles en donde pensé que podía haber algo. Me sentía atrapada en la búsqueda de este personaje, no podía dejarlo. Incluí en el libro mis sueños, que fueron reales, en mis sueños resolvía dudas y planteaba otras; y describo además fotografías antiguas. Fue una etapa larga, pero interesante para mí”.
Señala que en la novela cohabitan muchas historias. “También está implícita mi búsqueda del personaje: cómo voy recopilando información, cómo me voy formando una idea, cómo me da miedo equivocarme”.
Molina también revisó la correspondencia de su tío, en la que descubrió su vida íntima. “Tuvo un hijo con una rusa que conoció en París; se casó y ella, ya embarazada, lo dejó cuando se fueron a vivir en Gijón, pues no le gustó la ciudad. Ellos prácticamente desaparecen de su vida. Eso lo obliga a entrar a la diplomacia y salir de Europa”.
Concluye que don Rafael encontró en México un paraíso. “Llegó recomendado por Reyes. Y se quedó porque se enamoró del país y de mi tía. Luego llegaron sus amigos”.
Silvia dedica la novela a su prima Mercedes Oteyza, viuda del pintor Manuel Felguérez y sobrina de don Rafael.
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