Las Poquianchis originales en fotos y su similitud con "Las muertas" de Netflix
El director de la serie, Luis Estrada, vuelve a denunciar en tono satírico los mecanismos de impunidad en México con un caso que impactó al país a mediados de la década de 1960.

Netflix estrenó el pasado 10 de septiembre de 2025 la miniserie Las Muertas, dirigida por el mexicano Luis Estrada y basada en la novela de Jorge Ibargüengoitia con el mismo nombre.
La producción revive el ascenso y la caída de las hermanas Baladro (así renombradas en la novela de Ibargüengoitia) en los años sesenta, un relato inspirado en el infame caso de Las Poquianchis, considerado uno de los episodios criminales más oscuros de México.
La serie cuenta con un reparto estelar que da vida a los personajes creados por Ibargüengoitia.
A continuación, gracias al acervo del diario Excélsior, hacemos una comparativa entre las reacciones y personajes originales en la época, en las cuales se nota el grado de precisión de la producción de la serie para traer de vuelta la polémica y el esperpento que provocó esta banda criminal hace más de 50 años.
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Los actores y actrices que protagonizan Las Muertas en Netflix
Arcelia Ramírez interpreta a Arcángela Baladro, la mayor de las hermanas, mujer religiosa y calculadora, que gobierna con mano dura los burdeles y controla la red de poder político y social.

Foto: Acervo Excélsior/Netflix.
Paulina Gaitán encarna a Serafina Baladro, la hermana menor, impulsiva y emocional, cuyo romance con el panadero Simón desata una cadena de venganzas y muertes.
Alfonso Herrera es Simón Corona, narrador y testigo de la violencia, atrapado entre su deseo de escapar y el magnetismo destructivo de Serafina.
Joaquín Cosío interpreta al Capitán Bedoya, un militar corrupto que simboliza la complicidad del Estado en los crímenes de Las Baladro.

Foto: Acervo Excélsior/Netflix.
Leticia Huijara da vida a Eulalia Baladro, tercera hermana y pieza silenciosa del clan.
Mauricio Isaac aparece como la administradora del burdel principal, antigua prostituta que mantiene el orden interno.
Tenoch Huerta es Delfino, un periodista que arriesga su vida al investigar las atrocidades del clan.
Rodada en Veracruz, San Luis Potosí, Guanajuato y los Estudios Churubusco de la Ciudad de México, la producción involucró a más de 5 mil extras y 170 actores regionales, reforzando la ambición de Luis Estrada por realizar la adaptación “sin ningún tipo de censura”, como declaró en la alfombra roja.
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Foto: Acervo Excélsior/Netflix.
Una historia de poder, corrupción y venganza
La trama sigue a las Baladro en su camino para consolidar un imperio de prostitución, mientras enfrentan las amenazas de un político codicioso y de un movimiento moralista que busca clausurar sus negocios.
La espiral de violencia crece con el deseo de venganza de Serafina y el uso de chantajes y asesinatos como herramientas de poder.
Estrada, conocido por películas como La ley de Herodes y La dictadura perfecta, vuelve a denunciar en tono satírico los mecanismos de impunidad en México.
La serie se inspira en el caso de Delfina y María de Jesús González, conocidas como Las Poquianchis.
Estas mujeres operaron en Guanajuato y Jalisco entre 1945 y 1964, dirigiendo una red de trata y prostitución en la que decenas de jóvenes fueron explotadas, maltratadas y asesinadas.
El caso estremeció al país por la magnitud de los crímenes y la complicidad de autoridades.

Foto: Acervo Excélsior/Netflix.
En 1977, el escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia publicó Las muertas, novela que mezcla sátira y denuncia para retratar la crueldad del caso, transformándolo en ficción literaria.
Hoy, la adaptación de Netflix revive la historia, recordando que los fantasmas de la corrupción y la impunidad siguen vigentes.

Más allá de la ficción, el caso de Las Poquianchis dejó una huella profunda en la memoria colectiva mexicana.

Foto: Acervo Excélsior.
El hallazgo de fosas con decenas de cuerpos en casas y terrenos vinculados a las hermanas reveló un sistema de trata tolerado por autoridades locales y policías corruptos.
Su captura en 1964 marcó un antes y un después en la forma en que el país veía la explotación sexual y la violencia de género, aunque la impunidad continuó siendo la norma.
Ibargüengoitia tomó ese material sangriento y lo transformó en una narración que, más que reconstruir fielmente los hechos, ofrecía un retrato ácido de un México donde la religión, la política y el crimen podían convivir en la misma mesa.
Las Muertas de Netflix retoma esa mirada crítica y la traduce en imágenes crudas que, pese a estar ambientadas en el siglo XX, dialogan con realidades que todavía persisten en la actualidad.
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