Alejandro Sanz, un rockstar del romanticismo en el Estadio GNP Seguros de la CDMX
Alejandro Sanz hizo retumbar el Estadio GNP Seguros ante 60 mil almas. Con guitarra en mano, invitados como Vanesa Martín y un recorrido por sus grandes éxitos, el español demostró por qué México es su casa

La intimidad es lo suyo, el romanticismo, pero anoche, en el Estadio GNP Seguros, eso sólo existió en las letras de sus canciones, porque las baladas de Alejandro Sanz retumbaron en todo un estadio, con guitarra en mano y lentes oscuros, como todo un rockstar: con la balada Desde cuando al micrófono, al mismo tiempo que 60 mil almas de la capital.
El impacto de su música, más lenta y amorosa para un concierto masivo, se equilibró con el tamaño de su voz, el tamaño enorme de las pantallas que lo acompañaban en el escenario, pero, sobre todo, el tamaño de su público que es enorme en la capital mexicana y corea junto a él no sólo cada tema, sino cada minuto del show.
Los músicos (en su mayoría mujeres) en vivo: bajo, batería, teclado, y un conjunto de metales sumaron por supuesto a la atmósfera, y el juego de luces que iba cambiando con cada ritmo.
Por bandera fue el segundo tema que unió a las parejas que estaban justo frente al escenario y puso a bailar a algunos en la grada al ritmo de ese pop, gozable.
Rápidamente, Sanz se despojó de los lentes oscuros y dejó ver su rostro que apenas se inmutaba al cantar con esa garganta rasgada característica, pero su gesto siempre dibujaba una enorme sonrisa; sólo fue el español disfrutando una vez más frente a su público mexicano, esa sonrisa la provocó también en su público durante ese mismo tema al comenzar a ondear la bandera mexicana en todo lo alto.

Bésame dio sensualidad y sabor a la noche con Sanz acompañado por una serie de coristas que armonizaban ese clásico mientras él se ponía a bailar al ritmo de salsa, siempre cómodo en un pantalón holgado y una hoodie en color negro como si fuese un domingo cualquiera, sin mangas, mostrando sus tatuajes.
Fresco, con la noche ya fría del otoño mexicano, pero bailando como si no tuviese encima 57 años, aunque también luce los tatuajes de la vida, como en sus canas; ni siquiera aparenta esos años por la actitud al disfrutar cada canción
Pero también sabe de melancolía y las pantallas dibujan la Vía Láctea cuando canta A la primera persona; y ahí con las luces bajas, muy tenues, se vuelve a colocar las gafas oscuras para dotar de dramatismo el momento, el público, mayormente femenino, disfrutaban moviéndose de un lado a otro lentamente, contemplando al español y cantando desde el pecho, emocionadas, pero disfrutando sin desbordarse.

Y aunque Sanz tiene un largo recorrido en la música y también en la vida, contó, sentado en un sofá sobre el escenario, que se mantiene sensible ante momentos como los de esta noche.
¿Cómo están? ¡Qué maravilla, México, qué maravilla! Lo bonito de la vida es que no te dejen de sorprender las cosas bellas y hoy eso está pasando. Hay una parte de la música que se hace en soledad y en esa soledad sólo es la compañía de tu alma, tus inquietudes, tu corazón y, en algunos momentos, algunos artistas que te hacen más bonito el viaje”, dijo Sanz antes de presentar a Vanesa Martín y cantar otro clásico, Mi soledad y yo.
El público disfrutó ese momento, la noche acompañó, el clima también y el viento refrescaba, cerveza en mano; entonces Sanz retomó la guitarra para interpretar El vino de tu boca.
“Bueno, qué momento tan rico, la música es para compartir, como una copa de vino, ¿no?”, dijo el español.
Una vez que el público estaba hipnotizado por todo el despliegue técnico de producción, Sanz no necesitó más que su talento para llevar toda la noche a donde quiso, el disfrute y el placer de sus fans, dando cátedra de su habilidad intacta para la guitarra y sobre todo de la voz siendo fiel a su estilo balada romántica y esos tonos flamencos de siempre.

“Los quiero un chingo”, remataba tras estar solo con su guitarra en el escenario.
Hoy no me siento bien comenzó el salteo, el ritmo en la noche, que continuó así hasta el final con un Sanz plenamente involucrado y su público conectado con él. De pronto se detuvo y recordó algo más, antes de que el concierto siguiera su cause.
A veces no somos conscientes, cuando el poder es para hacer el bien, no nos damos cuenta; estamos acostumbrados a ver a alguien hacer el mal, lo vemos, pero el bien, no somos conscientes, la música tiene ese poder para cuando uno no está en su mejor día, detrás de una esquina estoy esperando para darte una canción”, dijo al entonar La fuerza del corazón.
Así continuó la noche con aplausos y abrazos de los asistentes, con temas como Amiga mía, en el que el Estadio completo se entregó, o Y, ¿si fuera ella? o Corazón partío, todo con sabor y alegría.
