Vídeo: Sucedió en Libertadores: le cometen penal, pero lo sacan antes de cobrarlo... mira en que acabó

El modesto club paraguayo 2 de Mayo hizo historia al echar en la ronda eliminatoria al histórico Alianza Lima de Perú en un partido cardiaco

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El momento del disparo penal del equipo 2 de Mayocaptura de pantalla

En el fútbol, hay días en los que la jerarquía se rinde ante la convicción. El Club Sportivo 2 de Mayo, un modesto equipo paraguayo que hasta hace poco recorría los campos del interior de su país, eliminó al gigante peruano Alianza Lima tras empatar 1-1 (2-1 global), sellando una clasificación a la ronda de grupos de de la Copa Libertadores.

El momento cumbre llegó en la segunda mitad, con la tensión asfixiando el ambiente. Ezequiel Aranda, el incansable delantero paraguayo, fabricó un penal tras una internada eléctrica que obligó al error de la zaga íntima. Aranda, con el balón bajo el brazo, se disponía a ejecutar el tiro de su vida. Sin embargo, desde el banquillo surgió una orden que rozó la crueldad técnica.

Su entrenador, Eduardo Ledesma en un movimiento que heló la sangre pidió el cambio justo antes del cobro. Aranda abandonó el campo entre la confusión y el reproche, dejando su lugar a Brahian Ayala. El recién ingresado, sin apenas haber calentado tomó la responsabilidad.

Ayala no buscó la colocación ni el engaño. Soltó un latigazo furibundo, un remate cargado con la frustración de los humildes, que venció la resistencia del portero peruano y certificó el pase, una raya parecida a un balazo que hirió el arco por en medio.

Alianza Lima, herido en su orgullo, buscó el milagro hasta el último suspiro, pero se estrelló una y otra vez contra la muralla de Pedro Juan Caballero, el arquero milagroso. Tan regionales son los jugadores del 2 de Mayo que se daban instrucciones en los tiempos muertos en guaraní.

El pitazo final desató un festejo que se escuchará por días en la frontera paraguaya. El 2 de Mayo no solo ganó un partido de fútbol; validó la mística de la Copa Libertadores, ese torneo donde, a veces, hablar un idioma propio y tener un plan audaz vale más que cien años de historia.

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