Roger Federer, el tenista inmune al paso del tiempo: su legado se consagra en el Salón de la Fama
La ceremonia de inducción de Roger Federer agotó sus entradas en solo dos minutos, reflejo de una vigencia y popularidad que trascienden generaciones

Roger Federer volvió a demostrar que su figura es inmune al paso del tiempo, esta vez lejos de las pistas de tenis. La ceremonia de su inducción al Salón de la Fama del Tenis, programada para el 29 de agosto en Newport, Rhode Island, agotó sus entradas en apenas dos minutos, una muestra del magnetismo que sigue ejerciendo el suizo sobre el público.
El recinto, ubicado en el histórico Newport Casino del siglo XIX, cuenta con una capacidad limitada, por lo que los organizadores anunciaron una fiesta de visualización al aire libre en su estadio principal, para dar cabida a miles de aficionados más. En total, además de las 900 entradas iniciales, se habilitarán 3,600 asientos adicionales, lo que confirma la dimensión del homenaje que recibirá una de las máximas leyendas del deporte.
Federer será incorporado junto con la reconocida comentarista Mary Carillo, en una ceremonia que también marca el inicio de una nueva etapa para el Salón de la Fama, recientemente renovado con una inversión de tres millones de dólares, con miras a futuras inducciones, incluida la de Serena Williams, elegible a partir del próximo año.
En su paso como profesional, Federer construyó un legado difícil de igualar. Fue el primer hombre en la historia en alcanzar la barrera de 20 títulos de Grand Slam en singles, una cifra que redefinió los límites de la excelencia en el tenis moderno. Ganó 103 títulos ATP, incluidos ocho trofeos de Wimbledon —récord absoluto—, seis Abiertos de Australia, cinco US Open consecutivos y un Roland Garros, que completó su Grand Slam de carrera.
Durante 310 semanas fue número uno del mundo, 237 de ellas de forma consecutiva, una marca que aún permanece como referencia histórica. Además, lideró a Suiza a conquistar la Copa Davis en 2014 y fue clave en múltiples títulos de la Laver Cup, torneo que él mismo impulsó.
Federer dejó una huella estética y emocional en el tenis: su elegancia, deportividad y capacidad para conectar con el público lo convirtieron en un ícono global. La rapidez con la que se agotaron las entradas para su inducción honra su carrera y confirma que, incluso retirado, su legado sigue tan vigente como en sus mejores días.
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