Mexicana ganó medalla teniendo epilepsia. "Es una lucha que nadie ve": Ana Sofía Hernández
La atleta Ana Sofía Hernández ganó en el tiro con arco dentro de los Centroamericanos, pero su verdadero rival estuvo frente a una enfermedad que la ha acompañado siempre.

Cuando Ana Sofía Hernández prepara su maleta para representar a México, no sólo guarda el el arco de competencia: también debe llevar el tratamiento que la acompaña día a día. Es un ritual que le recuerda constantemente que, además de competir contra las mejores del mundo, libra una batalla que nadie ve.
A sus 23 años fue diagnosticada con epilepsia con trastorno de ausencia, una condición que provoca episodios en los que pierde la reacción durante algunos segundos. Aunque la enfermedad no le ha impedido continuar su carrera.
“Físicamente es muy doloroso y emocionalmente es una lucha que tengo conmigo. Me pregunto por qué me pasó esto a mí. A mis 23 años, tener que tomar tantas medicinas es algo muy difícil de aceptar”, confiesa.
La lucha de Ana Sofía Hernández
Los episodios suelen aparecer durante periodos de estrés o cambios de horario, precisamente dos factores inevitables para una atleta de alto rendimiento. Para poder dejar el tratamiento necesita pasar al menos seis meses sin presentar una crisis.
“Cada que me tomo esas pastillas digo: ya estoy cansada, pero tengo que hacerlo por mi bien. Lo que más trabajo me cuesta es aceptar que tengo esta enfermedad. Es difícil salir a competir y llenar mi maleta de medicamentos”
Pero esa no ha sido la única prueba que ha enfrentado. El 6 de marzo de este año vivió uno de los momentos más dolorosos de su vida con el fallecimiento de su abuelo materno, Han Hil Jeon Shin, quien fue juez durante los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.
Él alcanzó a verla entrenar, crecer y representar a México. Cada competencia iba acompañada de fotografías y videos que Ana Sofía le enviaba para compartir sus logros.
Sin tiempo de guardar luto
“Fue uno de los peores días de mi vida”, recuerda. El golpe llegó en el peor momento posible. No hubo tiempo para detenerse. Apenas una semana después de despedir a su abuelo, volvió a competir en pleno proceso de selección. “Fue muy duro porque pensaba todo el tiempo en él”.

Su otro gran referente, su abuelo paterno Salvador Hernández, nunca pudo verla competir con la selección mexicana. Sin embargo, permanece vivo en los recuerdos de una infancia que Ana Sofía conserva intacta entre ranchos, árboles, vacas y temporadas de tunas.
“Me encanta salir al rancho donde no hay internet, sólo paz, tranquilidad y naturaleza.”
La resistencia de Ana Sofía Hernández
Ese contacto con la tierra también le enseñó a levantarse, porque hubo momentos en los que pensó seriamente en abandonar el deporte. En 2023 las oportunidades parecían escaparse una y otra vez.

“Era muy frustrante porque estaba, pero a la vez no”. La presión fue tanta que tomó una decisión: “Si no quedo, voy a dejar esto por un tiempo.” Entonces ocurrió lo inesperado: clasificó como la número uno. “Fue una señal muy clara de que tenía que seguir luchando.”
Ni siquiera eso significó el final de las dificultades. En 2024 y 2025 volvió a quedarse lejos de sus objetivos, pero decidió resistir.“Había algo que me decía que no tenía que rendirme. Necesitaba dar el último estirón.”
El éxito no se ganar medallas
Hoy entiende el éxito de una manera completamente distinta. Ya no lo mide por una medalla o por el podio, sino por la persona en la que se ha convertido después de sobrevivir al duelo, a la incertidumbre deportiva y a una enfermedad de la que todavía aprende.
Si pudiera volver a encontrarse con aquella niña que pasaba horas escalando árboles y buscando “tesoros” enterrados en el rancho de sus abuelos, sabe exactamente qué le diría: “No te desesperes. Todo toma su camino. Van a pasar cosas mucho más difíciles”.
Porque algunas de las competencias más difíciles no tienen rivales enfrente: se libran contra el duelo, la incertidumbre y una enfermedad.