Entre el miedo y la falta de apoyo: La crisis del deporte cubano contada por sus propios atletas
Cuba finalizó tercera en el medallero Centroamericano sin ser la potencia que en décadas anteriores dominaba el continente. Existen causas que reflejan el problema de sus deportistas para ser como antes,

Santo Domingo.— Durante décadas, los Juegos Centroamericanos y del Caribe eran de dos gigantes: México y Cuba se repartían buena parte de las medallas y protagonizaban una histórica rivalidad.
Pero algo cambió. Cuba, que durante años fue una potencia intocable, atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia. Después de terminar como líder en 11 ediciones —la última de ellas en Veracruz 2014—, cayó al segundo lugar en Barranquilla 2018 y al tercero en San Salvador 2023.
En Santo Domingo 2026 volvió a terminar tercera. Los números cuentan una parte de la historia; las voces de sus atletas cuentan la otra. Una es la voz de Otto Félix Oñate, conocido como Otto Feliz, una de las figuras de la halterofilia cubana.
Otto Félix, el único cubano sin miedo a decir la verdad
En Barranquilla 2018, con apenas 18 años, consiguió medallas para su país y comenzó a consolidarse como uno de los nombres importantes de su generación. Hoy, ocho años después, reconoce que el panorama es muy diferente:

“La realidad es que con todo el tema del bloqueo muchos suplementos y complementos deportivos no han llegado a Cuba. Hemos tenido muchas trabas para seguir creciendo.”
La falta de recursos, explica, no se limita a aquello que ocurre durante una competencia: “Faltan botes, zapatos e implementos deportivos. Muchos han dejado de practicar y otros han decidido abandonar el país y representar a otro”.
Son carencias que, desde su perspectiva, terminan afectando directamente la formación y el desarrollo de los atletas. Y, sin embargo, hay algo que permanece: “El orgullo de ser cubano, no dejarse rendir ni vencer por nadie”.
Esa frase resume una contradicción que se repite entre varios atletas: las dificultades pueden cambiar las condiciones para competir, pero no necesariamente el sentimiento de representar a su país.
Quejas desde el anonimato
Algunos deportistas, a diferencia de Oñate, hablan únicamente desde el anonimato. Explican que la situación es complicada porque no cuentan con el apoyo que requiere el alto rendimiento. Aseguran que la situación es tan delicada que prefieren no hablar públicamente, pues el gobierno les prohíbe abordar determinados temas y existe temor a las consecuencias. No todos quieren hablar.

Pero incluso ese silencio también cuenta una historia. La crisis del deporte cubano no puede entenderse únicamente a partir de las medallas. Y hay una frase que resume, quizá mejor que cualquier estadística, la dimensión del problema: “El deporte es únicamente un reflejo de lo que es hoy Cuba como país”, dicen.
Durante décadas, Cuba construyó una identidad deportiva basada en la formación de atletas, en sus escuelas, en sus entrenadores y en una cultura competitiva que convirtió a la isla en un referente global.
Cuba ante una dura realidad
Hoy, esa identidad enfrenta nuevos desafíos. El tercer lugar en Santo Domingo no significa que hayan dejado de producir campeones, tampoco borra una historia llena de éxitos; pero sí representa una señal clara de que aquella maquinaria deportiva que dominó la región ya no funciona igual.

Y quizá ahí está la verdadera historia detrás del medallero: no siempre se cuenta todo lo que enfrentó un atleta para ganar. En Santo Domingo, Cuba volvió a subir al podio, pero detrás de cada medalla hay una generación entera que intenta mantener viva una tradición deportiva contra la marea.