1. En casa. Pietro Parolin regresó al Vaticano con una agenda cumplida y un mensaje muy directo en el equipaje: México no sólo pidió una visita papal, también expuso las heridas de un país marcado por la violencia y las desapariciones. La presidenta Claudia Sheinbaum insistió en invitar al papa León XIV, mientras la Iglesia puso el foco donde más duele, en las víctimas. La diplomacia cumplió el protocolo y el fondo quedó expuesto para modificarlo. Las fotografías terminarán en los archivos; los testimonios de quienes buscan a sus desaparecidos seguirán esperando algo más que gestos. La Iglesia y el Estado unidos por una misma causa.
2. Sin distingos. La presidenta Claudia Sheinbaum cerró el paso a las lecturas de persecución política por la detención de Ángel Aguirre, exgobernador de Guerrero. Sostuvo que el caso es resultado de meses de trabajo de inteligencia e investigación de la FGR, con nuevas herramientas científicas, análisis de comunicaciones y reconstrucción de hechos. En Ayotzinapa no hay intocables. Si las nuevas evidencias apuntan a responsabilidades, la justicia debe avanzar sin importar cargos, apellidos o trayectorias políticas. La deuda con las familias exige resultados, no especulaciones partidistas. Mejor tarde que nunca.
3. Maromas. Gerardo Fernández Noroña quedó atrapado en su propia explicación. Después de la revelación de que su casa en Tepoztlán ya no aparece en su declaración patrimonial, el senador sostuvo que no la reportó porque aún no termina de pagarla y, por tanto, no la considera plenamente suya. Una defensa que abre más preguntas de las que cierra. Si el inmueble ya figuraba en la declaración anterior de Fernández Noroña, ¿qué cambió además del costo político? La lógica resulta difícil de sostener, pues un adeudo puede existir al mismo tiempo que un derecho de propiedad sujeto a gravamen. Coartada incongruente.
4. Subordinación, no. Claudia Sheinbaum fijó la ruta frente al fortalecimiento del Comando Sur de EU: México colaborará en lo que corresponda, pero sin ceder un milímetro de soberanía. La cooperación en seguridad continuará según la Constitución y las leyes mexicanas, con intercambio institucional, no con injerencias operativas. La proyección presidencial combina apertura y firmeza, es decir, trabajar con los aliados, pero dejando claro que las decisiones sobre el territorio nacional se toman en Palacio Nacional, no en Washington. Eso es lo que mantiene la relación bilateral en equilibrio.
5. Nueva era. Con la llegada de Keiko Fujimori a la presidencia de Perú, México y Lima dejaron atrás meses de distanciamiento y reanudaron formalmente sus relaciones diplomáticas. Bajo la conducción del canciller Roberto Velasco, ambos gobiernos acordaron reconstruir una agenda de cooperación, designar embajadores y fortalecer los históricos vínculos entre las naciones. La diplomacia recuperó terreno donde antes dominaba la confrontación. México mantiene sus principios y, al mismo tiempo, demuestra que el diálogo sigue siendo el instrumento más eficaz para construir acuerdos duraderos en la región. Hay voluntad conciliadora.
