Boicot al Mundial 2026 ¿quién puede frenarlo y qué tan real es el riesgo para la FIFA?

Las llamadas a boicotear la Copa Mundial 2026 han crecido por las recientes acciones de Donald Trump

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Donald Trump, presidente de EU y Gianni Infantino, presidente de la FIFA.Archivo

En la última semana, las voces que piden un boicot a la Copa Mundial de la FIFA 2026 han ganado volumen en el debate público internacional. El torneo, que será organizado de manera conjunta por Estados Unidos, Canadá y México, aparece mencionado en discusiones políticas que rebasan el ámbito deportivo. La pregunta central no es cuántos hablan del boicot, sino qué tendría que ocurrir para que realmente se concrete.

Hasta ahora, los llamados no han tomado forma en los espacios donde se decide el futuro del Mundial. Las expresiones más visibles provienen de críticos del presidente estadunidense Donald Trump y de sus políticas, no de gobiernos nacionales ni de las estructuras que controlan el futbol internacional. Sin el respaldo de esos actores, cualquier intento de boicot queda en el terreno de la retórica.

Una parte relevante del debate se ha originado en Europa, particularmente en Alemania y Francia, dos países clave dentro de la OTAN y del futbol mundial. Alemania y Francia marcan límites

En Alemania, Oke Göttlich, presidente del club St. Pauli de la Bundesliga y uno de los 11 vicepresidentes de la Federación Alemana de Futbol, señaló a un medio local que había llegado el momento de “considerar y debatir seriamente” un boicot al Mundial 2026.

La reacción institucional fue inmediata. Bernd Neuendorf, presidente de la federación alemana, rechazó la propuesta y afirmó que no se trataba de un debate relevante en este momento. Describió los comentarios de Göttlich como la postura de un sólo representante y señaló que el tema sería revisado en el comité ejecutivo, aunque adelantó que no existe respaldo interno para esa vía.

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El Mundial 2026  se inaugurará el 11 de junio en el Estadio AztecaMexSport

Otros dirigentes alemanes se alinearon con esa posición

En Francia, el mensaje fue similar. La ministra de Deportes, Marina Ferrari, declaró que su departamento no tiene intención de boicotear la competición. Philippe Diallo, presidente de la Federación Francesa de Futbol, dijo a RMC Sport que, pese a seguir de cerca la situación internacional, no existe ningún planteamiento para que la selección francesa se ausente del Mundial.

En otros países europeos, el tema apenas ha tenido eco. En Inglaterra y Escocia no ha habido pronunciamientos relevantes. En España, una fuente de la federación indicó a The Athletic que no existe un debate real sobre el boicot. En Austria, el presidente de la federación expresó su deseo de mantener separadas la política y el deporte. 

La FIFA y el escepticismo

El tema también llegó, de forma indirecta, a la cúpula del futbol mundial. Durante el Foro Económico Mundial de Davos, el consultor político británico Alastair Campbell comentó que discutió brevemente la posibilidad de un boicot europeo con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Según relató después en la red social X, Infantino se mostró relajado y poco preocupado por ese escenario.

Esa actitud refleja una realidad estructural. La FIFA, las federaciones nacionales, los patrocinadores y las cadenas de televisión tienen intereses económicos y deportivos alineados con la realización del torneo. Para ellos, el incentivo es competir y participar, no retirarse. 

¿Qué se necesita para un boicot real?

Un boicot total al Mundial, entendido como selecciones clasificadas que se niegan a jugar, difícilmente podría surgir desde los jugadores o desde las federaciones por iniciativa propia. La mayoría de los futbolistas buscaría disputar el torneo más importante de sus carreras. Las federaciones, además, dependen financiera y políticamente de su participación.

Los únicos actores con capacidad real para impulsar y sostener un boicot serían los gobiernos nacionales, en especial jefes de Estado. En ese escenario, el Mundial sería utilizado como una herramienta de poder blando, una forma de presión diplomática frente a acciones consideradas inaceptables.

La historia muestra que los grandes boicots deportivos no nacen del deporte, sino de decisiones políticas coordinadas. 

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Hasta ahora Infantino no se ha pronunciado públicamente por las voces que piden un boicot..REUTERS

Precedentes limitados

A lo largo del siglo XX hubo selecciones que se negaron a participar en Copas del Mundo o en eliminatorias, pero por razones específicas y aisladas. En 1934, Uruguay no asistió al Mundial de Italia como respuesta a la ausencia de varios equipos europeos en el torneo de 1930. En 1964, los países africanos abandonaron la clasificación rumbo a 1966 en protesta por el limitado número de plazas asignadas por la FIFA.

Nunca ha existido un boicot al Mundial protagonizado por múltiples selecciones clasificadas debido exclusivamente a motivos políticos. El precedente más cercano es el boicot liderado por Estados Unidos a los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, una decisión impulsada desde la Casa Blanca y secundada por aliados. Los Ángeles 1984 también sufrieron un boicot. Un escenario poco probable

La posibilidad de un boicot al Mundial 2026 es considerada remota por la mayoría de los analistas y actores involucrados. De hecho, tras la reducción de tensiones diplomáticas recientes y las declaraciones de Trump sobre un posible marco de acuerdo con la OTAN, la intensidad del discurso sobre el boicot ha disminuido.

Aun así, algunos matizan que el contexto puede cambiar. Göttlich reconoció que el desarrollo de los próximos meses será determinante. No existen precedentes de un boicot total al Mundial, pero tampoco de ciertas acciones políticas contemporáneas.

Mogens Jensen, miembro del Partido Socialdemócrata Danés, declaró a Deutsche Welle que un boicot al Mundial debería considerarse como una de las últimas herramientas disponibles. Señaló que ni él ni su partido lo impulsan actualmente, aunque admitió que un conflicto grave, como una invasión a un país miembro de la OTAN, podría abrir una conversación distinta.

Por ahora, el Mundial 2026 sigue su curso. Las voces existen, el escenario se discute, pero los factores necesarios para transformar el debate en una acción coordinada aún están lejos de alinearse.