La errática conducta de Mr. Trump mantiene en vilo a medio mundo –incluso a quienes no la deben– mediante una táctica recurrente: presionar para negociar a partir de anuncios ominosos y, después, pausar o dar marcha atrás–. Así sucedió con su ocurrencia de invadir Groenlandia, con la amenaza de imponer aranceles a países europeos que discrepen de su posición, con sus descalificaciones a la OTAN, o con las presiones a Canadá por sus acercamientos comerciales con China. A ello se suman las advertencias a países “amigos” de que extraerá de manera unilateral a personas –objetivos, les dicen– incluidas en su lista de delincuentes. Mientras nuestro vecino del norte trabaja en recomponer el orden internacional a su conveniencia, conviene tomarlo en serio: algo suele conseguir.
En el momento actual, el señor Trump necesita reflectores que lo impulsen a él y a su partido. Diversos sondeos de opinión lo muestran con niveles de aprobación a la baja, lo que abre la posibilidad de que el Partido Demócrata recupere el control del Capitolio en la próxima elección. Sus cálculos electorales apuntan a la urgencia de obtener éxitos mediáticos que lo reposicionen ante su base popular.
Frente a este asedio retórico, la presidenta Claudia Sheinbaum ha respondido con cautela y una estrategia de colaboración que ha dado resultados. La semana pasada, durante el Foro Económico Mundial en Davos, el secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, afirmó que México ha obtenido “el mejor trato comercial del mundo” por parte de la administración Trump. Al mismo tiempo, la imposición de aranceles comienza a afectar los bolsillos de los electores estadunidenses: diversos estudios señalan que los exportadores apenas absorben 4% del costo final, mientras que importadores y consumidores asumen 96%.
Hace apenas unos días, esta nueva etapa de cooperación binacional se hizo tangible con la entrega a las autoridades estadunidenses de un numeroso grupo de fugitivos. Con ello, suman casi un centenar los criminales deportados durante la presente administración para ser procesados en aquel país. Será en los resultados de la revisión del tratado comercial donde se confirme si esta línea de mayor pragmatismo y menor carga ideológica fue la más acertada.
En el ámbito interno, la Presidenta enfrenta una paradoja: la resistencia de aliados políticos a su iniciativa de reforma electoral, proyecto que busca reducir el costo del sistema comicial mediante el recorte al financiamiento de partidos y órganos electorales, así como transformar el modelo de representación mediante la reducción del número de legisladores. Los operadores del caso son políticos con oficio, así que se espera una buena reforma no descafeinada.
CON LA MIRADA PUESTA EN EL SUR
Hace cinco meses, la presidenta Sheinbaum, junto con el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, y el primer ministro de Belice, John Antonio Briceño, firmó el acuerdo para crear el Corredor Biocultural de la Gran Selva Maya, una iniciativa destinada a proteger y conservar una de las regiones forestales tropicales más grandes de Mesoamérica y la segunda más extensa del continente americano, sólo después de la Amazonia. Es momento de avanzar hacia una cooperación más profunda con estos y otros países de Centroamérica, pueblos hermanos con los que México comparte historia y destino.
La agenda común es amplia y estratégica: seguridad, desarrollo económico, turismo, migración y derechos humanos, salud, armonización de leyes y, de manera destacada, medio ambiente. México y Guatemala comparten cuencas hidrográficas fundamentales –como las de los ríos Grande de Chiapas (Grijalva), Usumacinta, Suchiate, Coatán y Candelaria– esenciales para el equilibrio ecológico y el desarrollo socioeconómico de la región.
En Guatemala nace buena parte de la vida del sureste mexicano. En las montañas de los Altos Cuchumatanes se originan los caudales que dan forma a ríos imponentes como el Grande de Chiapas –columna vertebral del sistema hidroeléctrico más importante del país– y el Usumacinta, uno de los ríos con mayor riqueza en biodiversidad del continente.
CHIAPAS, DONDE LA NATURALEZA DOMINA LOS SENTIDOS
El estado gobernado por Eduardo Ramírez es una de las regiones con mayor biodiversidad del planeta. Junto con Oaxaca cuenta con nueve de los 11 ecosistemas representativos de México. Su paisaje agreste y corrugado se abre a profundas y enigmáticas cañadas que resguardan tesoros bióticos y culturales milenarios.
La entidad cuenta con cerca de cien Áreas Naturales Protegidas, que abarcan 22.5% de su superficie y resguardan más de 1.6 millones de hectáreas. Pero Chiapas aspira a conservar aún más. En los 13 meses de la actual administración estatal se han decretado diez nuevas Áreas Naturales Protegidas bajo jurisdicción local: bosques y montañas donde habitan ceibas, cedros y caobas, así como quetzales, guacamayas, monos, jaguares, tapires y numerosas especies más. La protección de este patrimonio natural es una responsabilidad ambiental ante la humanidad y una apuesta estratégica por el futuro del sur de México y de toda la región mesoamericana.
