Muere José Palomo Fuentes: crítica profunda con línea ligera
El caricaturista chileno, colaborador de Excélsior, falleció ayer a los 82 años; sus restos serán velados hoy y se cremarán mañana; colegas revaloran su legado de defensa de la libertad.

Tenía un trazo desenfadado y una línea ligera, pero su contenido era profundo; apostaba por el cartón universal para criticar a los políticos, sin que ellos aparecieran; lo inspiraban lo mismo las dictaduras en América Latina que la vida cotidiana; era un buen conversador, gracioso y solidario.
Así evocan al caricaturista chileno José Palomo Fuentes (1943-2026), Palomo, sus colegas Víctor Solís, Ángel Boligán y Chavo del Toro, quienes coinciden que fue “uno de los grandes moneros de América Latina y nos toca aprender de su legado, su defensa de la libertad de expresión y su lucha contra el poder”.
Tras su inesperada muerte ayer a los 82 años, en su casa de Villa Olímpica, debido a una convulsión, artistas gráficos de diversas generaciones destacan que su obra continúa vigente, en estos tiempos de desigualdad y censura.
Elías Palomo Reyes, hijo del artista gráfico que se exilió en México desde 1973, tras el golpe de Estado en Chile, explicó en entrevista que “murió de una convulsión. Desde hace tres días estaba mal. Y hoy amaneció muerto en su casa. Ya no lo llevamos al hospital, pues fue muy rápido y su doctor estaba con él. Padecía artritis y episodios de epilepsia”.
La ceremonia fúnebre de Palomo se lleva a cabo desde ayer en los Velatorios del ISSSTE de San Fernando, donde sus restos serán velados hoy y, mañana, se cremarán y serán enterrados debajo de un árbol en la casa familiar.
El cartonista Víctor Solís, colaborador de Excélsior al igual que Palomo, cuenta que lo conoció hacia 2004, cuando participó en el Foro Mundial del Agua.
“A partir de ahí hicimos amistad y, con cierta regularidad, íbamos a tomar un café, a comer y platicar. Era uno de los grandes caricaturistas que ha dado América. Aprecio el valor que tenía como persona. Era maravilloso platicar con él, era una biblioteca viva, poseía una cultura muy grande”.
Destaca que “más que cartonista político, era un hacedor de cartón universal. Me decía que en México pensábamos que había que dibujar a políticos para que la caricatura fuera cartón político y no es así. Sus cartones tenían una fuerte crítica política, sin necesidad de estar dibujando actores reconocibles”.
Agrega que las imágenes de Palomo eran frescas e innovadoras.
“Te daba tips sobre cómo hacer una plumilla con un frasco. Daba el punto de vista del ciudadano de a pie, retrataba los contrastes de la sociedad y, sobre todo, las ciudades perdidas, la supervivencia de los que menos tienen y los contrastes que había con la gente del poder y del dinero”.
El cubano Ángel Boligán, caricaturista de El Universal, añade que ya conocía la obra de Palomo desde antes de llegar a México en 1992.
“Era un referente en mi país, pues salió de Chile cuando el golpe militar. Hizo su obra aquí, pero se conocía en toda América Latina. Yo siempre lo tuve como uno de los grandes de América Latina, junto con Quino y Fontanarrosa; esa generación que trascendió fronteras y que fue muy comprometida”.
Indica que “tuvimos una linda amistad, porque nos identificamos por ser migrantes. Es uno de esos grandes referentes que tenemos colgados del techo, que nos van alumbrando durante mucho tiempo y que penosamente se nos han ido dejando”.
Sobre su obra, dice que “tiene un trazo suelto, muy coqueto; era espontáneo y tenía una gran habilidad para conectar con el público. Era desenfadado con su trazo, simpático. Esa espontaneidad le daba la gracia”. Por su parte, Chavo del Toro, de El Economista, apunta que “la marca que nos dejó fue invaluable. Tiene que ver con este sufrimiento del caricaturista frente a poderes dictatoriales. A él le toca el fascismo en su tiempo. Hizo escuela, fijó su postura. La esencia del caricaturista es enfrentarse al poder y reírnos siempre de los que se ríen de nosotros, los políticos”.
Explica que “le tocan tiempos de Guerra Fría, de dictadores latinoamericanos, y lo vive con humor. Su tira El Cuarto Reich es una de las mejores metáforas del dictador trabajadas con humor, como pocos en el mundo. Nunca lo pensé decir, pero creo que en México estamos muy cerca de lo que vivió Palomo.
“Los grandes caricaturistas nos fueron abriendo el espacio y luchando por la libertad de expresión. Y ahorita, como generación, nos toca defender ese legado que deja Palomo. Entender que el caricaturista en su tiempo grita lo que está viendo venir”, considera el dibujante.
El último adiós a Palomo
El retrato del filósofo racionalista neerlandés Baruch Spinoza, pintado por José Palomo Fuentes, fue colocado arriba del ataúd del reconocido caricaturista, quien falleció ayer.
Junto a los restos mortales del chileno estuvieron algunos de los personajes de sus caricaturas, como el dictador llamado Su Excelencia de El Cuarto Reich o el gato del artista plástico, publicadas en este diario y otros rotativos latinoamericanos.
Hoy, Excélsior publica, de forma póstuma, el último cartón del artista, relativo a que la bomba no siempre da en el blanco, cae en el negro, el amarillo… o cualquiera de otra pigmentación de piel que representa a los oprimidos del mundo.
“He soñado tanto, tanto, que ya no estoy aquí”, se lee en la caligrafía de la primera página de un libro que el mismo Palomo diseñó para su partida. Ahí, familiares y amigos escribieron su despedida al creador que por su obra es inmortal.
Esa misma obra, que su hijo menor y colorista de sus dibujos, Elías Palomo Reyes, buscará digitalizar para que pueda ser apreciada por las nuevas generaciones, pues las caricaturas de su padre contra el autoritarismo siguen vigentes.
“Tenemos como tres bodegas llenas de originales y bocetos; entonces, material de mi papá hay para tirar al cielo y hacer lo que uno quiera”, dijo Elías al expresar el orgullo por el legado de su padre, con quien trabajó en los últimos 25 años.
Palomo compartió su vida, su travesía desde Chile a México, y sus éxitos como artista plástico con su esposa, Zandra Reyes; permanecieron unidos desde que ella tenía 21 años y él de 30. Valoró la honestidad intelectual y la creencia agnóstica de su esposo.
“Él creía en la democracia como una fuente principal de vida y pensábamos que la gente tiene derecho a tener sus ideas y conversando llegar a un acuerdo y poder engrandecer este mundo”, relató.
El hijo mayor del artista, Matías Palomo Reyes, quien regresó de Chile a las exequias de su padre, lo recuerda como el hombre que lo ayudó a forjar su templanza y lo apoyó cuando optó por convertirse en chef.
“Aprendí de mi papá. Le dije que quería estudiar cocina y él me traía los panes, y me traía un libro de cocina. Después, cuando estudiaba pastelería, me traía un libro de pasteles”, relató.
Familiares, amigos y admiradores de Palomo se dieron cita para despedirlo cálidamente. — Héctor Figueroa.
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