Ese dorado objeto del deseo en el México 68

El joven escultor Lorenzo Rafael recibió la oportunidad de crear la medalla olímpica que se colgarían futuras leyendas como Bob Beamon, Jim Hines y Vera Caslavska. A casi medio siglo de nuestros Juegos Olímpicos, el artista mexicano recuerda aquella aventura

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CIUDAD DE MÉXICO.

Lorenzo Rafael tenía 28 años cuando el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez le hizo aquella propuesta: crear la medalla olímpica para los próximos Juegos Olímpicos de México 68. El joven escultor, quien de niño cambió los juguetes por la plastilina y el papel manila, de inmediato se encerró en aquel pequeño taller que tenía la familia en la colonia Vallejo y creó una medalla con un discóbolo y signos prehispánicos. Ramírez Vázquez, quien había tomado la organización de los juegos, tras la dimisión del expresidente Adolfo López Mateos, tenía el tiempo encima y de una manera diplomática le dijo al joven que “de un lado tienes que acuñar a la diosa Nike (diosa griega de la victoria) y en la otra cara al triunfador en hombros”.

Aquella medalla del México 68 fue la última con dichas imágenes que se mantuvieron desde los Juegos Olímpicos de Atenas 1896. “Cada presea tiene su propia versión de la diosa y el triunfador. A partir de los juegos de Múnich 72 se mantiene a la diosa, pero en la cara posterior se dejó libertad para el diseño”, comenta el escultor y grabador Lorenzo Rafael, a casi 50 años de aquella aventura olímpica.

Hijo del escultor con el mismo nombre, Lorenzo Rafael fue un niño precoz. A los 12 años ingresó a la Academia de San Carlos y a la Prepa 2. A los 18 ya moldeaba los materiales y muy pronto tendría participaciones importantes para acuñar medallas conmemorativas en los museos de Antropología, el Virreinato, Teotihuacán y Arte Moderno.

La amistad de Lorenzo Rafael padre con Pedro Ramírez Vázquez fue decisiva, pero el organizador de los primeros juegos en América Latina no se iba a arriesgar con un chamaco, sólo por tratarse del hijo de un querido amigo. El joven Lorenzo había mostrado que había calidad y tenía en sus manos la oportunidad de hacer historia.

Una moneda o una medalla reconstruye la historia de una época. A mí me tocó el honor de acuñar un pedacito de historia de un México olímpico, pero a la vez convulsionado”, comenta un Lorenzo Rafael de 78 años, quien en estos días se mantiene en su taller (ya en otra zona), acuñando una réplica de aquella medalla para su próxima conmemoración del medio siglo.

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Por aquel dorado objeto del deseo, Bob Beamon fue capaz de dar un salto inhumano de 8.90 metros de longitud. Por ese metal, Jim Hines corrió los 100 metros planos en menos de 10 segundos. La gimnasta checoslovaca Vera Caslavska se colgaría cuatro preseas doradas y dos de plata, antes de casarse en Catedral, mientras que al sargento Pedraza las piernas sólo le alcanzarían para la plata, en aquella dramática prueba de los 20 kilómetros de caminata.

Al Tibio Muñoz me tocó verlo por televisión –comenta el escultor, con una réplica en mano de aquella medalla-. Éramos amigos desde niños, pues vivíamos a dos edificios de distancia. Me emocioné casi igual que él, verlo a un lado de la Alberca Olímpica con la medalla colgada y los ojos llorosos.

Hay que recordar que Pedro Ramírez Vázquez tomó la organización de los Juegos Olímpicos de México 68 con el tiempo encima, tras la sorpresiva dimisión al puesto por el expresidente Adolfo López Mateos, por motivos de salud. Así que Lorenzo Rafael tenía la titánica tarea de elaborar mil 200 medallas, la mayoría de ellas ya con los atletas compitiendo en el tartán del estadio Olímpico de Ciudad Universitaria.

Muchos amigos me preguntaban que cuántas gimnastas me ligué, pensando que durante los juegos estuve presente en las competencias. Fueron hasta 18 horas diarias con el ruido de las máquinas, de lunes a domingo, encerrado en el taller de la colonia Vallejo, con un grupo de 20 trabajadores para elaborar las medallas y entregarlas a tiempo”, recuerda Lorenzo Rafael.

Uno se imagina que la entrega de las medallas al comité organizador se hizo en camionetas especiales e incluso blindadas.  “Las llevábamos en taxi. Teníamos un bochito y lo llenábamos nosotros mismos. En aquel tiempo no había la preocupación de que alguien las quisiera robar. De hecho, nadie del rumbo sabía que en ese tallercito se estaban haciendo las medallas”.

En el taller, el escultor y sus trabajadores pudieron mirar parte de esos Juegos Olímpicos en una TV de blanco y negro, enamorarse de Natalia Kuchinskaya y Vera Caslavska en la viga de equilibrio. Sentirse orgullosos cada vez que un atleta del mundo se inclinaba para que le colgaran una de las preseas que ellos crearon en aquel taller.

Dejé un cachito de mi vida en cada medalla. Luego, mirar a un atleta llorar y besarla fue una emoción indescriptible. ¿Qué valor tendrá ahora cada presea?, no lo sé. Pero el valor que le dio cada competidor no tiene precio”.

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       Lorenzo Rafael muestra cómo se hace una medalla olímpica.

A Lorenzo Rafael le llevó dos meses hacer el molde. Primero preparar un modelo de la presea en plastilina, de 30 centímetros. Después, armar cada medalla de manera artesanal. Fundir el molde en bronce y cincelar a mano. Pasar el pantógrafo para reducir la moneda a escala y luego templar el acero. La moneda de oro se hizo en plata dorada, la de segundo lugar fue de plata y la tercera de bronce. El medallero oficial muestra la entrega de 527 medallas, pero se hicieron mil 200, ya que se multiplicaba la entrega en competencia por equipos y había que tener de repuesto. Además se elaboraron otras para los que participaron en los juegos (jueces, organizadores, traductores, etc.).

El escultor cuenta la anécdota de la moneda de 25 pesos acuñada por Casa de Moneda para conmemorar los juegos. “En la cara inversa al águila, acuñamos un jugador de pelota prehispánica y abajo los aros olímpicos. No fue por error, sino por lo circular de la moneda, que pusimos los aros al revés y así salió al público. Cuando el Comité Olímpico Internacional se dio cuenta, pidió que se retirara la moneda de circulación y así se hizo. Sólo que algunas monedas no se recuperaron y son de gran valor por su rareza. Después salió la moneda, pero ya con los aros de manera correcta”.

Lorenzo Rafael, a sus 78 años, sigue trabajando en su taller. Esculpe y graba. Prepara una réplica de la moneda de aquellos Juegos Olímpicos de México 68 para una entrega especial. Y, a casi 50 años de aquellos juegos de octubre (12 al 27) recuerda dos cosas: “los momentos en el que los atletas acarician las medallas y el México estudiantil y convulsionado. Había mucho temor por lo que pudo ocurrir”.

Si bien no recuerda cuánto dinero ganó por aquel encargo del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, confiesa que “el dinero suficiente para comprar mi casa”.

Y vuelve a presumir, en sus manos, aquel dorado objeto del deseo. La medalla del México 68.

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Lorenzo Rafael muestra cómo se hace una medalla olímpica.

EL ESCULTOR

  • Lorenzo Rafael heredó la vocación de su padre, del mismo nombre, también escultor. Su madre, Patricia Cox, fue escritora.
  • Es miembro de la Sociedad Numismática de México y de la Academia Mexicana de Estudios Heráldicos y Genealógicos.
  • El también grabador prepara una réplica de la medalla olímpica de México 68, a casi 50 años de su realización.
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Lorenzo Rafael muestra cómo se hace una medalla olímpica. Foto: David Hernández