En estado de alerta ante el Guadalajara
Para Vinicio Bravo, figura clave del América de los años 80, el clásico fue el juego de su vida.

De calendario regular, eliminatoria o de final, el Clásico Nacional es asunto serio. Para los futbolistas azulcremas y rojiblancos es el juego de su vida, califica el histórico Vinicio Bravo.
Es el partido de la temporada, cuando sale el calendario, en lo primero que uno se fija es cuándo se juega contra las Chivas. Como todo mundo te quiere ganar, siempre tienes que estar bien, habrá partidos en los que no te salen las cosas, pero debes demostrar que haces tu mejor esfuerzo”, dice en entrevista con Excélsior.
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Bravo fue partícipe en dos series de clásicos que marcaron la historia del futbol mexicano, en las que también miró ambas caras de la moneda: el orgullo herido y la gloria de saberse campeón por encima del acérrimo.

SE JUGABAN EL PUESTO
En las semifinales de 1982-1983, catalogada como una de las grandes broncas, el América --que se presumía líder y favorito-- quedó eliminado por el Rebaño.
Hay veces que no se dan las cosas, pero queda la conciencia tranquila por haber dado el máximo”, describe con cierto dolo.
Pero la voz de Vinicio cambia al evocar la épica de sus Águilas del América la temporada siguiente, la Final del Siglo (5-3 global).
El clásico más importante fue hace 40 años, cuando le ganamos al Guadalajara, una final que no se ha repetido. Fue intensa, porque en 180 minutos jugamos 86 con 10 hombres, en la ida expulsaron a (Carlos) de los Cobos y en la vuelta a (Armando) Manzo. Era un constante estado de alerta ese juego, porque Chivas tenía un buen equipo, incluso con el gol del Vasco Aguirre (90’) teníamos que estar atentos”.
Se jugaba con una máxima: “El señor José Antonio Roca (en ese entonces su exentrenador) nos decía: ‘Es jugar y no dejar jugar’. Había mucho en juego, no sólo el título, era la permanencia en el club, de haber perdido nos habrían corrido a varios. Pensábamos en las semifinales 82-83, no fuera que algún directivo le brincara el cable y corriera gente, entonces había que evitar todo eso, para seguir muchos años en América”.
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*mcam