Coraje por ganar; fue en el vestidor del estadio Azul
Daniel Ludueña recuerda cuando Oswaldo Sánchez y Fernando Ortiz llegaron a las manos

CIUDAD DE MÉXICO.
Esta historia comienza una noche de verano en el vestidor del Estadio Azul. Días después terminaría con un título para Santos, pero antes hubo un intercambio de golpes.
El vestuario del Azul mide no más de 60 metros cuadrados y el día que perdían la final de ida del Clausura 2008 ante el Cruz Azul, dos jugadores de Santos llegaron a las manos en el medio tiempo, recuerda Daniel Ludueña, fino centrocampista lagunero.
Hay un episodio que nadie ha contado. Fue entre Oswaldo Sánchez y el Tano Fernando Ortiz, que era un defensa argentino, que llegaron a las manos. Como es chiquito el vestidor, no los podíamos parar, porque eran dos animales grandes. Todos se enteraron de eso, hasta la directiva. Quedó como una anécdota que sirvió para despertar el coraje que sentíamos y lo sacáramos en la cancha”.
Eran dos jugadores convertidos en líderes frente a frente. Ludueña estaba sentado cuando comenzó a escuchar la discusión por errores cometidos en el campo.
Los dos eran líderes y claro que querían jalar al mismo lado, lo que pasa es que en la final uno anda a mil por hora. Eso nos sirvió para salir y dar la vuelta al marcador, terminamos ganando 2-1. Hoy en día Ortiz y Oswaldo son íntimos amigos. Yo no podía agarrar a ninguno, con lo pequeño que soy y ellos midiendo más de 1.90 ¿Cuándo iba a detenerlos?”.

Ludueña fue dos veces campeón con Santos Laguna / Foto: Mexsport
Hoy Santos está contra las cuerdas. Daniel Ludueña saca del baúl el recuerdo de esta pelea porque tiene presente que a veces las cosas tienen que llegar al límite para alcanzar al éxito.
Esta pelea, lejos de desunirnos, nos sirvió para salir por el título, sacó nuestro coraje. Espero que el equipo actual saque esas fuerzas. Cruz Azul es el favorito y eso puede ayudar, porque Santos, desde la discreción, sin hacer ruido, calladito, puede poner las cosas a su favor”.

Ludueña cree que no todo está perdido y echa a andar la memoria con su gol en la vuelta de 2008 que dejó fríos a los cruzazulinos.
Jugué lesionado esa final, porque no me cicatrizó la rótula de la rodilla izquierda, entonces me infiltraron. Cuando hago el gol recargué todo el peso en esa pierna para pegarle a pie abierto. En el segundo tiempo hay una jugada similar, pero ahí se me desprende el cartílago. No pude más, pedí mi cambio. La vuelta olímpica la di caminando. Recuerdo que me inyectaban en el centro de la rodilla y del dolor mordía una almohada. Al día siguiente de ganar el título me opero. Hay veces en que tienes que dejar casi la vida en la cancha por un título”.
AMU

