Cencropam, sin diálogo

Hace una semana el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), que dirige Alejandra de la Paz, dijo que iniciaría “un proceso de diálogo” con los trabajadores del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam) para conocer las preocupaciones de quienes han expresado su rechazo a ser reubicados en la Bodega Nacional de Arte (BNA).

La realidad es que no ha existido contacto con ellos y esto alimenta la idea de la opacidad y la soberbia de una institución que emite comunicados como pan caliente. Ayer conversé con Alejandro Flores Campos, restaurador perito del Cencropam, quien me comentó que, hasta el momento, ni siquiera han recibido respuesta formal a la misiva con sus inquietudes que enviaron el pasado 13 de marzo (Excélsior, 20/03/2026) y negó categóricamente que haya un acercamiento del INBAL: “Es absolutamente falso. Diálogo no ha existido. El INBAL no se nos ha acercado antes ni ahora y supongo que tampoco lo hará en el futuro”.

Le pregunté a Flores Campos cuántas veces los trabajadores del Cencropam han visitado las instalaciones de la Bodega Nacional y, para mi sorpresa, me dijo que sólo han acudido en tres ocasiones. Una en 2023, otra el 1 de marzo de 2024 y una más el 18 de agosto de 2025, aunque sólo les mostraron áreas inacabadas.

“Hubo una visita con sindicatos y dos con trabajadores, pero sólo nos llevaron a un espacio en obra negra. Y sí, te quiero comentar algo que sería gracioso si no fuera trágico: cuando pedimos ver otras áreas nos dijeron que se les habían olvidado las llaves. Pero en ningún momento han mostrado alguna presentación digital, una maqueta o plano que especifique la disposición de espacios, del mobiliario y de los sistemas con que se contará”.

Así que los especialistas de los seis talleres del Cencropam (Caballete, Papel, Artes Aplicadas, Escultura, Mural y Maderas) aún desconocen temas tan básicos como los sistemas de extracción, ventilación, iluminación y enfriamiento que tendrán en la BNA.

Otra de sus incertidumbres gira en torno a un equipo altamente especializado del Taller de Caballete: la cámara de barnizado, actualmente alojada en sus instalaciones de San Ildefonso 60, sin que, hasta ahora, el INBAL aclare si adquirió una nueva o si trasladará la existente a la Bodega, para lo cual ya debería haber construido un espacio específico que hoy nadie conoce.

Y a esto se suma la exigencia de que se transparente el estudio que supuestamente hizo la UNAM en el que se garantiza que el suelo, el subsuelo y los muros de la BNA —en especial en la zona que ocupará el Cencropam— están libres de sustancias tóxicas, por ejemplo de plomo, mercurio y otros elementos dañinos para la salud que también podrían afectar la obra artística resguardada, dado que parte de sus instalaciones se situará en la antigua fábrica de armas. “¿Quién podría confirmar que esos espacios están libres de contaminantes?”, cuestionó Flores Campos.

¿HACE 20 AÑOS?

Ayer le llovió en redes sociales a Claudia Curiel, titular de Cultura, por señalar, en una entrevista con Gabriela Warkentin —con una actitud poco institucional, aunque así es su estilo, áspero y montaraz—, por qué hace 20 años nadie preguntaba ni se preocupaba por la Colección Gelman. ¡Ah, caray!

Aquí lo único claro es el desconocimiento que Curiel tiene sobre el tema, quien carece de asesoría profesional y a quien, definitivamente, le cuesta hablar en público sin creer que puede controlar y evadir entrevistas, dudas o críticas que, según ella, no vienen a cuento. Eso explica por qué a casi 18 meses al frente de la SC no ha convocado a una sola conferencia de prensa para abordar los múltiples pendientes que le heredó Alejandra Frausto y que ahora su gestión arrastra. Ni hablar, no todo es lucirse en Instagram.