El conflicto en Oriente Medio y su impacto en el mercado mundial de fertilizantes...

Por Muhammad Ibrahim*

Se requiere producir más a nivel local, diversificar las fuentes y restaurar la capacidad industrial.

Históricamente, los conflictos en Oriente Medio suelen tener consecuencias que se extienden mucho más allá de la región. Su impacto se analiza a menudo en términos de seguridad, energía o estabilidad política, pero uno de los efectos más significativos se observa en los mercados agrícolas mundiales, particularmente en el mercado de fertilizantes.

Debido a la fuerte interconexión entre la energía, el transporte marítimo y la producción química, cualquier tensión en esa parte del mundo puede causar importantes perturbaciones en el suministro y los precios de los insumos, que son fundamentales para la agricultura.

El gas natural es un componente esencial en la producción de fertilizantes nitrogenados, especialmente amoníaco y urea. Por lo tanto, cuando una crisis provoca aumentos en los precios del petróleo y el gas, el costo de producción de los fertilizantes se eleva de inmediato, con consecuencias directas para el suministro mundial.

A este factor energético se suma la importancia de varios países de Oriente Medio como productores y exportadores de fertilizantes e insumos químicos para su fabricación. 

Otro factor clave es el transporte marítimo. Una gran parte del comercio mundial de fertilizantes pasa por rutas estratégicas cercanas a zonas de conflicto, como el estrecho de Ormuz.

Si la seguridad marítima se deteriora, las aseguradoras aumentan los costos de cobertura de los buques, los armadores modifican las rutas para evitar las zonas de alto riesgo y los tiempos de tránsito se alargan, lo que incrementa los costos logísticos. Incluso si la producción no se detiene, el aumento de los costos de transporte puede incrementar significativamente el precio final que pagan los agricultores en diversos países.

Las consecuencias de estos cambios se sienten rápidamente en el sector agrícola: cuando los precios de los fertilizantes suben significativamente, los agricultores suelen responder reduciendo su uso o ajustando sus planes de siembra.

El impacto es particularmente significativo en América Latina, una región fundamental para la producción mundial de alimentos, pero que, paradójicamente, depende en gran medida de los fertilizantes importados. 

Según datos recopilados por el IICA, aproximadamente 80% de las explotaciones agrícolas en América Latina y el Caribe son pequeñas o familiares. Se trata de millones de unidades de producción que generan empleo, sostienen a las comunidades rurales y abastecen una parte significativa de los mercados internos. Además, en varios países, estas explotaciones desempeñan un papel insustituible en la producción de alimentos frescos y básicos. Cuando los precios de los fertilizantes suben demasiado, el impacto en este sector es inmediato y severo.

América Latina y el Caribe necesita una estrategia urgente para la gestión prudente de los fertilizantes.

Es necesario proteger la agricultura familiar y a los pequeños y medianos productores; desarrollar una política regional de abastecimiento, con mecanismos compartidos de compra, almacenamiento y negociación y, fundamentalmente, diseñar una estrategia a mediano plazo para reducir la dependencia de los fertilizantes importados e implementar políticas para el uso sostenible de biofertilizantes.

Esto requiere producir más a nivel local, diversificar las fuentes, restaurar la capacidad industrial, mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes e incorporar bioinsumos y agricultura de precisión cuando sea factible. 

Los conflictos bélicos no se libran sólo en los frentes militares. También se sienten en el precio del pan, las verduras, el maíz, el arroz y la carne. Si no actuamos a tiempo, el mayor costo no será meramente económico. Será social, territorial y alimentario.

*Director General del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura