Carlos Mercenario Junior, el orgullo de un padre
El ganador de la plata en Barcelona 1992, Carlos Mercenario, se llenó de alegría al ver que su hijo, preparado sólo para competencias de tres kilómetros, terminó una de 10

CHIHUAHUA, 9 de marzo.- No fue por desidia, tampoco por presiones. Carlos Emiliano Mercenario, hijo de Carlos Mercenario, medallista de plata por México en los 50 kilómetros de los Olímpicos de Barcelona 1992, se sentó frente a la computadora y desde muy pequeño vio el video donde papá va cruzando la meta en el estadio olímpico.
El impacto fue tal que, aunque tenía un par de hermanos mayores que no siguieron las andanzas de Mercenario, decidió ponerse a caminar para tratar de emular a su padre.
Ahora ha cumplido con su primer gran reto a los 14 años: acabar con el Circuito de Chihuahua de 10 kilómetros cuando apenas se está enfocando en la marcha juvenil de 3 kilómetros. Mercenario papá lo esperó en la meta. No importó el sitio de la competencia, 21 de 25 competidores, a ocho del guatemalteco Jurgen Grave. Mercenario saltó de felicidad al verlo y corrió a abrazarlo.
“Me impresionó, la verdad es que nunca lo presioné para que lo hiciera. Ya lo veo muy metido, pero tampoco deja sus estudios, está por entrar a la preparatoria. Su entrenamiento es de tres kilómetros y estará en la próxima olimpiada juvenil, pero vino a Chihuahua a hacer la competencia en 10 porque no había de su categoría, es decir, compitió contra chicos dos años más grandes”.
Decía el poeta Jorge Teillier que los niños que hay dentro de los adultos renacen en los hijos. Algo hay de eso en la familia Mercenario. Abrazados, casi de la misma altura, 1.75 metros, “está grande el malvado”, bromea el medallista de plata en Barcelona, caminan rumbo a la zona de masajes.
Carlos Emilio Mercenario mira alrededor y se topa con los cuerpos deshidratados y alicaídos de los que acaban de andar para voltear con un aire de orgullo y picaresca sonrisa a su padre. Tiene en su mente, grabada a fuego, la competencia donde su papá Carlos Mercenario entra al estadio olímpico: “lo he visto muchas veces, me sirve de inspiración”.
Los dos se ponen a soñar y recordar. Rememora Mercenario: “Siempre que desayunaba antes de una competencia me ponía muy nervioso, ahora que corrió mi hijo, tuve la misma sensación”.
Su hijo, Carlos Emiliano, sueña, “lo que hizo fue de un verdadero héroe, estoy orgulloso de mi papá. Quiero hacer algo parecido algún día de mi vida”.