Los últimos condenados a muerte en Chile: los sicópatas de Viña del Mar
Hoy, a 40 años de la ejecución de Sagredo y Topp, es pertinente reflexionar sobre los avances en materia de derechos humanos y justicia en el país

El 29 de enero de 1985, Chile vivió un episodio que marcaría su historia judicial: la ejecución de Jorge Sagredo Pizarro y Carlos Topp Collins, conocidos como los “Sicópatas de Viña del Mar". Este suceso no solo conmocionó al país por la brutalidad de sus crímenes, sino también porque representó la última aplicación de la pena de muerte en Chile.
Entre agosto de 1980 y noviembre de 1981, la ciudad costera de Viña del Mar fue escenario de una serie de asesinatos y violaciones que sembraron el terror en la comunidad. Las víctimas, en su mayoría parejas jóvenes, eran atacadas en lugares apartados. Los agresores, actuando con extrema violencia, no dejaban rastros evidentes, lo que dificultaba la labor investigativa.
Jorge Sagredo Pizarro, nacido el 22 de agosto de 1955, y Carlos Topp Collins, el 25 de enero de 1950, eran miembros de Carabineros de Chile, la policía uniformada del país. Ambos utilizaban su posición para cometer los delitos, aprovechando el conocimiento del territorio y la confianza que inspiraban en la ciudadanía. Su modus operandi incluía interceptar a las parejas, separarlas, asesinar a los hombres y violar a las mujeres antes de acabar con sus vidas.
La captura de Sagredo y Topp ocurrió el 8 de marzo de 1982. Una de las claves para su detención fue la observación de que los atacantes utilizaban un tono autoritario, característico de los policías chilenos. Esta pista, sumada a las confesiones extrajudiciales y judiciales de ambos, permitió esclarecer los crímenes.
El proceso judicial avanzó con rapidez. El 8 de enero de 1983, el ministro en visita, Julio Torres Allú, dictó sentencia de muerte para ambos excarabineros. Esta decisión fue ratificada por la Corte de Apelaciones de Valparaíso y, posteriormente, por la Corte Suprema de Chile el 17 de enero de 1985.
A pesar de las solicitudes de clemencia y las controversias en torno al caso, el entonces presidente Augusto Pinochet negó el indulto presidencial. La ejecución se llevó a cabo en la ciudad de Quillota, donde Sagredo y Topp enfrentaron al pelotón de fusilamiento, convirtiéndose en los últimos reos en ser ejecutados en Chile.
Este caso dejó una profunda huella en la sociedad chilena. La brutalidad de los crímenes, sumada a la traición de la confianza depositada en miembros de la policía, generó un debate sobre la seguridad pública y la integridad de las instituciones. Además, reavivó la discusión sobre la aplicación de la pena de muerte en el país.
En 2001, Chile abolió la pena de muerte para delitos comunes, reemplazándola por la pena de presidio perpetuo calificado. Este cambio legislativo fue influenciado, en parte, por casos emblemáticos como el de los "sicópatas de Viña del Mar", que evidenciaron las complejidades y dilemas éticos asociados a la pena capital.
La historia de Sagredo y Topp ha sido objeto de análisis en diversos medios. En 2012, se estrenó la película "Pena de Muerte", que retrata los eventos y su impacto en la sociedad chilena. Asimismo, entre 2013 y 2014, Canal 13 emitió la serie "Secretos en el Jardín", inspirada en estos crímenes.
A pesar del tiempo transcurrido, el recuerdo de estos hechos persiste en la memoria colectiva de Chile. Sirven como recordatorio de la necesidad de una justicia imparcial y de la importancia de mantener la integridad en las instituciones encargadas de proteger a la ciudadanía.
Hoy, a 40 años de la ejecución de Sagredo y Topp, es pertinente reflexionar sobre los avances en materia de derechos humanos y justicia en el país. El caso de los “sicópatas de Viña del Mar" sigue siendo un punto de referencia en la historia criminal y judicial de Chile, subrayando la importancia de aprender del pasado para construir un futuro más justo y seguro.
La abolición de la pena de muerte en Chile representó un paso significativo hacia la protección de los derechos fundamentales. Sin embargo, casos como este nos recuerdan la necesidad constante de evaluar y mejorar el sistema judicial, asegurando que se haga justicia de manera equitativa y respetuosa de la dignidad humana.
En conclusión, los crímenes cometidos por Jorge Sagredo Pizarro y Carlos Topp Collins no solo dejaron una marca indeleble en la historia de Viña del Mar, sino que también influyeron en la evolución del sistema judicial chileno. Su legado es una mezcla de horror y aprendizaje, que continúa resonando en la conciencia nacional.
"Después tomaba alcohol y me embriagaba"
Espeluznante confesión.
Jorge Sagredo Pizarro confesó en reiteradas oportunidades su participación en la cadena de crímenes y delitos por los cuales ha sido condenado a pena de muerte. No así Topp Collins, que sólo en los últimos meses rompió su silencio para decir que sí había actuado junto a Sagredo, o solo, en los hechos que comenzaron a desarrollarse a partir del 26 de junio de 1980, cuando asaltaron una pareja.
Días antes Sagredo se vio involucrado en un incidente con dos damas que viajaban en un automóvil. No encontró nada mejor que disparar contra ellas, afortunadamente sin causar heridos.
El 26 de junio, junto con asaltar a la pareja, en la noche fracasaron al robar en una bencinera.
“El día 30 de junio —cuenta Sagredo— andaba solo y me trasladé a la calle Spiroplis, al final; andaba vestido con jeans, parka, jockey y bufanda. En el lugar había un vehículo grande y en su asiento trasero había una pareja; tenían relaciones sexuales; me acerqué al vehículo y los amenacé con mi revólver. El hombre me contestó que no tenía dinero. Le quité la chaqueta para que yo viera, en ese instante él intentó tratar de poner resistencia, lo cual fue efectivo un disparo que le ocasionó una herida en el costado izquierdo. Del interior del vehículo me sustrajeron dos pares de anillos y que no podía vender porque en ese tiempo no tenía comprador.”
PRIMER CRIMEN
“El día 20 de agosto de 1980 yo me encontraba franco; salimos con Topp Collins juntos; previamente nos habíamos reunido en la Plaza de Viña. Tomamos un micro hasta el camino troncal, nos metimos a pie por el camino El Olivar y nos encontramos con un auto, un Austin Mini; había una pareja en los asientos delanteros, que se encontraba conversando.
El hombre abrió la puerta cuando nos vio y les apuntamos con el revólver. Nos subimos al auto y me puse detrás, ahí les disparé dos tiros al hombre y lo maté de inmediato. Nos fuimos hacia el troncal, se estacionaron y dejé al hombre con Topp y yo me fui con la mujer hasta El Olivar. Topp se quedó solo y posteriormente volvió. Dejamos a la mujer, era joven, y su aspecto y cabello era como el de una mujer de 25 años. Tenía el pelo largo.”
“La víctima en aquella ocasión fue un ingeniero agrónomo de Santiago".
N. de la R. El caso de los “Sicópatas de Viña del Mar” no solo impactó a la sociedad chilena por la brutalidad de los crímenes, sino también por la forma en que se llevó a cabo la investigación y el juicio. Existen análisis que cuestionan la rapidez del proceso judicial y las condiciones en las que se obtuvieron las confesiones de los acusados, en un contexto donde Chile aún vivía bajo la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), lo que generaba dudas sobre el debido proceso y la independencia judicial.
La pena de muerte en Chile fue eliminada para delitos comunes con la Ley N° 19.734, promulgada el 23 de mayo de 2001, durante el gobierno de Ricardo Lagos, y reemplazada por el presidio perpetuo calificado, el cual exige que el condenado cumpla al menos 40 años de prisión antes de optar a algún beneficio penitenciario. Sin embargo, la pena de muerte aún está contemplada en el Código de Justicia Militar para delitos en tiempos de guerra.
En cuanto a la serie "Secretos en el Jardín", aunque está inspirada en los crímenes de Sagredo y Topp, los nombres de los personajes, la ambientación y algunos detalles fueron modificados para la dramatización. La producción de Canal 13 se destacó por su recreación de la época y su análisis de cómo operaban las instituciones policiales y judiciales en esos años.
Finalmente, la ejecución de Sagredo y Topp marcó un hito en la historia judicial chilena, siendo la última vez que el Estado aplicó la pena capital. A 40 años de los hechos, el debate sobre la pena de muerte sigue vigente en algunos sectores de la sociedad, especialmente en casos de crímenes de alto impacto mediático, aunque organismos internacionales como la ONU y la CIDH han reiterado la importancia de su abolición como parte de la defensa de los derechos humanos.
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