El misterio de la famosa triada de la muerte
Pedro Torres, Catherine O’Hara y Gerardo Taracena reactiva el mito de que la muerte se lleva de tres en tres a los famosos.

Addis Tuñón
El fama-sutra
Bienvenidos, mis sensuales Fama-lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones.
Las coberturas a las que nunca me acostumbré son las despedidas. Cuando una estrella se apaga, somos los reporteros los encargados de dar los pormenores. Apenas estalla la mala noticia, somos nosotros los primeros en hacer guardia en el hospital, en seguir el traslado del cuerpo hacia la funeraria y en aguardar la llegada de los dolientes.
Nos han llamado cuervos, buitres y zopilotes; en silencio tenemos que aguantar y seguir ahí porque lo que para la familia es una tragedia, para el espectáculo es una noticia. Lo que para los deudos es una pesadilla, para el gremio artístico es la nota del momento. Y es ahí cuando la prensa, por más respetuosa que sea, resulta inevitablemente indeseable.
Me ha tocado correr de una rueda de prensa grupera hacia Sullivan; voltear mi chamarra dorada para hacer un live desde la funeraria; sufrir los empujones de fans y compañeros ante el arribo de la madre, los hijos o la pareja del difunto; esquivar autos, orinar en la calle y escribir semblanzas a moco tendido sobre famosos que quise y me quisieron. Pasar hambre y frío hasta captar la lágrima, las palabras de amor y las imágenes que quedarán por siempre. Al igual que muchos compañeros, hemos estado ahí, en primera fila, en la última aparición: la más triste.
He estado pensando en esas coberturas dada la reciente partida del gran Pedro
Torres. Lo conocí poco, pero con eso tuve para ver los alcances de ese creativo sin límites. Lamento mucho que Luis Miguel cortara de raíz el proyecto de esa serie “no autorizada” que Pedro tenía planeada. Creo que Luismi, como siempre, sólo vio pesos y olvidó la amistad y gratitud que le debía al mejor director y creador que había tenido.
Supongo que muchas ideas fantásticas quedaron en el tintero de su mente única. Comprobado es que, al irse un grande, lo siguen dos más; es como si La Huesuda aprovechara el viaje y, en efecto, Catherine O’Hara y Gerardo Taracena parecen haber completado la triada de la muerte. Enero no sólo es la cuesta, sino el precipicio.
Al final, nadie ha podido explicar por qué siempre son de tres en tres. Pero debo admitir que cuando San Pedro abre sus puertas —es decir, cuando el mundo de los muertos recibe al primero—, la sensación colectiva de alerta sólo se disipa al contar tres. Coincidencias que dan paso a la leyenda; el lúgubre misterio que se repite una y otra vez, de tres en tres...
Disfruten de una gran semana y recuerden: todos somos famosos, al menos en la memoria de alguien.