Un hombre estuvo infectado con covid-19 durante dos años y 20 días
Un paciente con VIH que vivió con covid-19 durante 776 días alerta sobre la importancia del tratamiento y la vigilancia genómica.

En los últimos días, el caso de un hombre paciente de VIH avanzado ha sorprendido al sistema de salud, ya que vivió infectado con SARS-CoV-2 durante 776 días consecutivos, es decir, más de dos años y 20 días.
En plena etapa de transición pospandémica, cuando muchos países han relajado sus medidas sanitarias y el covid-19 parece controlado, dicho caso médico extraordinario ha captado la atención de la comunidad científica internacional.

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Caso récord: paciente con VIH convive 776 días con SARS‑CoV‑2
Un estudio publicado en la revista científica The Lancet Microbe documentó un caso inédito: una persona convivió con el virus SARS-CoV-2 durante 776 días —más de dos años— sin lograr eliminarlo completamente de su organismo.
Se trata de un hombre con VIH avanzado que no recibía tratamiento antirretroviral ni contaba con una supresión viral adecuada.
Entre marzo de 2021 y julio de 2022, los investigadores recolectaron ocho muestras clínicas del paciente. A través de un análisis genómico profundo, encontraron 68 variantes neutrales de nucleótido (sin efecto funcional) y 67 variantes subconsenso, muchas de ellas con mutaciones en la proteína Spike del virus.
Lo más sorprendente es que varias de estas mutaciones coincidían con cambios genéticos que posteriormente caracterizarían a variantes preocupantes como Ómicron.
Este hallazgo no solo establece un récord en cuanto a la duración de una infección por covid-19, sino que también abre una ventana de análisis sobre cómo los virus pueden evolucionar dentro del cuerpo humano, especialmente en personas inmunocomprometidas.

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¿Cómo evolucionó el virus dentro del cuerpo?
Durante esos más de 750 días, el virus no se mantuvo estático. Por el contrario, se fue adaptando y mutando.
El estudio reveló que el SARS-CoV-2 acumuló mutaciones no sinónimas en la proteína Spike, lo que significa que hubo cambios en los aminoácidos que pueden alterar la forma y el comportamiento del virus.
En total, se detectaron 10 mutaciones coincidentes con las definitorias de la variante Ómicron (BA.1 y BA.2). Nueve de ellas ya estaban presentes antes de noviembre de 2021, lo que sugiere que estas alteraciones podrían surgir incluso antes de que se propaguen ampliamente a nivel comunitario.
Un estudio complementario, publicado en 2024 en The Journal of Infectious Diseases, analizó a 22 personas con VIH avanzado y encontró una mayor diversidad genética del virus SARS-CoV-2 dentro de sus cuerpos, especialmente en la región de la Spike.
Esta "diversidad intra-huésped" se asoció con una mayor duración de la eliminación viral, lo que significa que estos pacientes permanecían contagiosos por más tiempo.
Además, se observó que los haplotipos fundadores —las primeras variantes del virus en el cuerpo— eran reemplazados por nuevas versiones más adaptadas, lo que indica una evolución activa del virus dentro del huésped.

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Inmunodeficiencia y persistencia viral: un terreno fértil para mutaciones
La razón detrás de esta evolución prolongada radica en la condición del paciente: un sistema inmunológico gravemente debilitado por el VIH.
De acuerdo con el estudio Rapid Emergence and Evolution of SARS‑CoV‑2 Variants in Advanced HIV Infection, las personas con recuentos de CD4 menores a 200 células/µL —lo que indica VIH avanzado— son más propensas a tener infecciones persistentes por SARS-CoV-2.
En estos casos, el virus encuentra un entorno ideal para evolucionar: el sistema inmunológico no es lo suficientemente fuerte para eliminarlo, pero sí ejerce cierta presión que impulsa la aparición de mutaciones de escape.
Esto genera una diversidad intra-huésped elevada, con mutaciones que afectan regiones clave como la Spike, y que podrían resultar en variantes con mayor capacidad de transmisión o resistencia a tratamientos.
La ciencia ha confirmado que infecciones prolongadas pueden actuar como laboratorios vivientes donde surgen mutaciones que, eventualmente, podrían alimentar nuevas olas de contagio.
Por eso, garantizar el acceso universal a tratamientos antirretrovirales, implementar protocolos diferenciados para pacientes inmunocomprometidos y reforzar la vigilancia genómica activa no son solo medidas médicas, sino estrategias clave de prevención global frente a futuras amenazas pandémicas.
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