¿Realmente necesitas más proteína? Lo que dice la ciencia frente al boom de productos 'high protein'

Especialistas advierten que la mayoría de las personas ya cubre sus requerimientos diarios y que no toda la proteína se absorbe igual.

thumb
Un joven en el gimnasio consumiendo productos altos en proteínaEspecial

Que si el yogur, que si el latte, que si la leche, que si el pan de caja… En los últimos años —y especialmente tras el boom del fitness en redes sociales— la proteína se ha colado en casi cada rincón del supermercado, en tu gimnasio o incluso en tu cafetería favorita.

Basta con recorrer cualquier pasillo para notar que la palabra “protein” se ha convertido en un nuevo sello de aprobación para quienes buscan un estilo de vida saludable. Pero entre etiquetas llamativas y promesas de bienestar, surge una duda inevitable: ¿realmente nuestro cuerpo necesita este ‘boost’ extra? ¿O estamos frente a una tendencia más impulsada por el marketing que por la ciencia?

Y aún más: ¿es lo mismo obtener proteína de una bebida “enriquecida” que de una comida completa?

El boom de la proteína: de nicho fitness a negocio global

Esta tendencia no nació de la noche a la mañana, pero ha alcanzado un punto de saturación sorprendente en los estantes. Lo que antes era un nicho exclusivo para deportistas de alto rendimiento, hoy se encuentra en los anaqueles del supermercado.

Datos de la firma de investigación Euromonitor International revelan que, para mediados de 2025, el 66% de los cereales en el mercado estadunidense ya incluían declaraciones de "alta proteína" en sus empaques.

Pero, ¿por qué la industria alimentaria está tan obsesionada con este macronutriente? La respuesta está en el comportamiento del mercado y en los márgenes de ganancia.

De acuerdo con el International Food Information Council (IFIC), el 70% de los consumidores afirma querer consumir más proteína, un aumento de casi el 20% en solo tres años. Para las marcas, ese deseo se traduce en una oportunidad de negocio: los productos con la etiqueta “alta proteína” pueden venderse hasta un 12% más caros.

thumb
El boom de las proteínasEspecial

México: consumo creciente, pero poco cuestionado

Estudios realizados por parte del Instituto Mexicano del Seguro Social en centros de acondicionamiento físico, particularmente en el norte de México, indican que el 81% de los asistentes consumen algún suplemento nutricional. El perfil promedio es el de un individuo de 27 años.

En cuanto a proteína, el mercado mexicano de proteína de suero muestra un crecimiento en el periodo reciente, pero uno de los fenómenos más interesantes es el auge de las proteínas de origen vegetal; además del crecimiento del mercado de bebidas y barras de proteína.

El nuevo factor: medicamentos para bajar de peso

Finalmente, también hay un nuevo y poderoso motor detrás de esta fiebre de productos enriquecidos: el auge de los medicamentos para la pérdida de peso tipo GLP-1, como Ozempic o Wegovy.

Con millones de personas utilizando estos fármacos que suprimen el apetito, la ingesta de alimentos disminuye de forma significativa. En ese contexto, la industria ha encontrado en la proteína una forma de compensar —o al menos prometer compensar— esa reducción en la alimentación diaria.

thumb
La proteína suele estar asociada a mayor masa muscularEspecial

¿Una necesidad biológica o un espejismo publicitario?

Sin embargo, mientras las ventas se disparan y las marcas reformulan sus recetas para añadir el tan codiciado macronutriente, la ciencia médica observa este fenómeno con una lupa mucho más crítica. Para entender qué sucede realmente en nuestro cuerpo ante esta avalancha proteica, platicamos con la doctora Ximena Atilano, académica de la Facultad de Medicina de la UNAM.

"La verdad es que es un ardid publicitario y que está cubriendo demandas creadas hacia los individuos, porque en realidad nuestro requerimiento de proteínas no ha cambiado durante el tiempo", explica la especialista.

Cuánta proteína necesitamos (y cuánta estamos consumiendo de más)

La promesa de beber un latte o un licuado con 30 o 40 gramos de proteína suena como el atajo perfecto hacia la salud, pero las necesidades del cuerpo humano cuentan otra historia. Un adulto sano, con una actividad física leve o moderada, solo necesita entre 1 y 1.2 gramos de proteína por kilo de su peso ideal al día.

"Con los alimentos que consumimos en el día a día, naturales, normales, sin que les añadan proteína, cubrimos por mucho nuestras necesidades", enfatiza la investigadora de la UNAM. "En general la población consume mucha más proteína de la que necesita, sin incluir estos productos que están enriquecidos".

Esto significa que esas mega-dosis envasadas solo tendrían sentido metabólico si tuviéramos rutinas extenuantes.

"Si no eres atleta de alto rendimiento, la verdad es que no te va a beneficiar mayor cosa consumir una leche que te da 30 o 40 gramos de proteína", advierte la doctora, aclarando que incluso si hacemos media hora de ejercicio al día, estas cargas son innecesarias.

thumb
En general, las bebidas con proteína son seguras, siempre que se tomen de forma correctaCanva

¿Es lo mismo obtener proteína de una bebida que de una comida completa?

Daniela Gordillo Bastidas, directora nacional de Programa, Nutrición y Bienestar Integral de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tecnológico de Monterrey, compartió a Excélsior que no toda la proteína se absorbe de la misma forma.

“Mientras que la proteína presente en alimentos completos —como huevo, leche o carne— puede alcanzar niveles de absorción de hasta el 100%, las versiones aisladas añadidas a bebidas o productos procesados presentan una biodisponibilidad menor. En el caso de proteínas vegetales, esta puede descender incluso a rangos de entre 40% y 60%, lo que significa que el cuerpo no aprovecha la totalidad de lo consumido”, indicó la especialista.

Incluso cuando estos productos ofrecen altas dosis de proteína en una sola toma, el cuerpo tiene un límite de aprovechamiento. Especialistas señalan que la síntesis muscular se optimiza con ingestas de entre 20 y 30 gramos por comida; cantidades superiores no se traducen en beneficios adicionales inmediatos.

No obstante, existen perfiles específicos en los que la suplementación sí está justificada, como atletas de alto rendimiento, adultos mayores con pérdida de masa muscular o pacientes con enfermedades que elevan sus requerimientos metabólicos.

En un entorno donde la proteína se vende como sinónimo de salud, la evidencia científica apunta a algo menos espectacular: para la mayoría de las personas, no hace falta consumir más, sino entender mejor lo que ya se está comiendo.