Prepararnos para lo que vendrá

#SanarAMéxico. Por una #NuevaRepública.

La intención de recortar el calendario escolar se vino abajo. La polémica que generó la propuesta de eliminar prácticamente el último mes de clases, generó todo tipo de elucubraciones. ¿Se trató tan sólo de una desafortunada ocurrencia? ¿Fue un intento preventivo para frenar a la CNTE de su intención de “boicotear” el Mundial o evitar riesgos para el entorno turístico? ¿O tan sólo una estratagema más para cambiar la conversación y distraer a los mexicanos frente a la crisis que ha generado el tema Rocha Moya?

Los señalamientos contra el gobernador y otros más, incluido un senador de la República y el presidente municipal de Culiacán, han sido una bomba para Morena. Los señalamientos que relacionan a dichas autoridades con el crimen organizado, aunados a la entrega-detención de los exsecretarios de Seguridad Pública y Finanzas, implicarán un desgaste de consecuencias aún inimaginables para el otrora “inmaculado” partido guinda. Los hechos han refrescado la zozobra y violencia que imperó en torno a la elección del 6 de junio de 2021.

Sirva retomar el documento publicado por El Colegio de México, titulado El crimen organizado en el proceso electoral 2021, en el cual se da cuenta de la forma en que “grupos armados secuestraron e inmovilizaron a equipos completos de campaña, se apoderaron de casillas electorales y obligaron a los ciudadanos a emitir su voto públicamente y por consigna. Las amenazas se hicieron extensivas a la poselección, mediante una impuesta ley del silencio sobre todo lo que había ocurrido”.

Cabe recordar que durante el proceso electoral de 2021, 30 aspirantes o candidatos a cargos de elección popular fueron asesinados, según registros de la organización Causa en Común. Sin embargo, al sumar a otros actores políticos, funcionarios y activistas, la cifra total de violencia política llegó a cerca de 143 asesinatos. Aunque los estados que concentraron la mayor cantidad de estos actos de violencia fueron Veracruz, Jalisco, Oaxaca, Guerrero y Guanajuato, el estado de Sinaloa cobró una especial relevancia pues, ahí, el secretario del Comité Directivo Estatal del PRI, José Alberto Salas Beltrán, fue privado de su libertad junto con un centenar de integrantes del equipo electoral del PRI, para impedir que participaran durante la jornada.

La violencia se hizo presente durante las precampañas de selección de candidatos, durante las propias campañas, a lo largo de la jornada electoral y después de la elección. No obstante, como si se tratase de una broma macabra, López Obrador declaró el 7 de junio que “la delincuencia organizada se portó muy bien” y enfatizó que los grupos criminales no alteraron los resultados en lo fundamental. Seguramente, los dichos representan una más de las traiciones del subconciente del tristemente célebre autor de la estrategia de “abrazos, no balazos” y deberían servir para revisar a fondo la forma en que Morena, en aquel entonces, ganó 11 entidades (BC, BCS, Camp, Col, Gro, Mich, Nay, Sin, Son, Tlx y Zac).

Es evidente que observamos el inicio del fin de esa hegemonía artificial que pretendieron construir en torno al Movimiento Regeneración Nacional. Apenas vemos la punta del iceberg. Entre fentanilo y “huachicol fiscal” (especialmente ahora que Fernando Farías Laguna ha sido detenido en Argentina), se escribirán muchas páginas sobre la relación delincuencial que construyeron varios —hasta hoy encumbrados— líderes políticos.

Desafortunadamente, con la caída de Rocha Moya y otros más, crecerá la incertidumbre en torno a México. Preocupa que, aunada a la percepción de que la “narcopolítica” se adueñó del país, haya ahora un riesgo de reducción en la nota crediticia en los próximos meses si no se logra estabilizar el nivel de endeudamiento (recordemos que S&P cambió su perspectiva de estable a negativa para la calificación de la deuda soberana). Serán días complejos.

En este escenario, vale la pena reflexionar profundamente sobre la necesaria articulación de un movimiento que —por encima de la coyuntura electoral y política de siempre— empiece a pensar en cómo será la República que surja del colapso inminente del efímero régimen morenista. Una vez que AMLO se encargó de destruir el andamiaje institucional del país —con la intención de “agandallárselo”— habrá que buscar fórmulas verdaderamente innovadoras que catapulten a México hacia delante, sin pretender anclarnos a regresar al pasado. Ha llegado la hora de construir la Constitución del nuevo milenio. Requeriremos ideas, voces y cientos de liderazgos.