Verano de 1986: México se encontraba sumido en la crisis económica más severa de su historia: con una inflación superior a 102%, los precios en los supermercados subían hasta tres veces al día, y una devaluación de 200 por ciento. Menos de un año antes, los habitantes del Distrito Federal y otras zonas del país sufrimos el terremoto más devastador de nuestra historia, 32 veces más poderoso que el de 2017, con más de 20,000 fallecidos (según el gobierno federal, fueron 3,192). Miles perdieron todo, alojados en campamentos que persisten hasta nuestros días, con edificios derrumbados que se convirtieron en sepultura para víctimas que jamás pudieron ser encontradas. Eran los tiempos de la dictadura perfecta del PRI, del México sin democracia, con una libertad de opinión restringida y sin apertura comercial ni política. El presidente Miguel de la Madrid tardó más de 24 horas en dar la cara, misma que palideció con pánico cuando la réplica del día siguiente lo sorprendió junto al regente de la ciudad y sus comitivas en el centro de la capital. No sorprendió a nadie las rechiflas, abucheos y mentadas de madre que recibió el jefe del Ejecutivo en la inauguración y clausura del Mundial de aquel año, algo por lo que no quiere pasar la Presidenta. Probablemente, las circunstancias fueron las más difíciles que haya tenido cualquier país sede de la evento futbolístico, México albergó 52 partidos a lo largo de un mes; en nuestra ciudad se llevaron a cabo 16 encuentros: nueve en el estadio Azteca, cuatro en el Olímpico Universitario y tres en el Neza 86.
Todo funcionó casi a la perfección. Las vialidades fluyeron, calles y avenidas no tenían baches ni inundaciones, teníamos aeropuertos modernos y funcionales, y las dos televisoras nacionales de ese momento, Televisa e Imevisión, unieron fuerzas para lograr la transmisión de todos los partidos. Claro que había grupos que amenazaron con manifestaciones y bloqueos durante el Mundial, que nunca se llevaron a cabo. Fue, hasta ese momento, el mejor Mundial de la historia, el del golazo de Negrete, el de Maradona que, con su talento futbolístico y tramposo para engañar al árbitro, logró llevar al campeonato a Argentina. Todos los mexicanos recordamos ese Mundial que se organizó en apenas tres años.
Y, ahora, henos aquí 40 años después, curiosamente también bajo circunstancias difíciles, pero, sin lugar a dudas, con el gobierno más incompetente que hemos tenido desde entonces; con un Mundial compartido y solamente 13 partidos en el país, cinco de los cuales se llevarán a cabo en el Estadio Azteca. Cierto, ahora la inflación es menor a 5%, pero la inseguridad en el país está desbordada, la democracia ha prácticamente desaparecido bajo el esquema de un partido hegemónico que controla los tres Poderes de la Unión y que eliminó casi todos los contrapesos. Populistas al igual que el PRI de antaño, los gobiernos actuales de Morena se caracterizan por su incompetencia, corrupción rampante e ineptitud; parece que todo lo que han “creado”, como Dos Bocas y el Tren Maya, se desmorona bajo las premisas mencionadas. Sumemos a eso la amenaza de Estados Unidos de atacar a los cárteles del narcotráfico para “hacer lo que el gobierno de México debería estar haciendo”.
Las calles y “vías rápidas” de la CDMX asemejan un paisaje lunar con miles de baches que persisten y son acompañados de los topes creados en futiles intentos de pavimentación para deshacerse de ellos. Comienzan a llegar periodistas, visitantes y delegaciones internacionales, encontrándose con un AICM devastado, a medio construir o destruir, inseguridad rampante en calles y carreteras del país, con un tráfico insufrible, inundaciones frecuentes, falta de señalamientos en los tres idiomas que requiere la FIFA, amenazas de huelgas y bloqueos por sindicatos, con el Metro presentando fallas severas diariamente.
Pero, eso sí, como buenos populistas, pintan las calles con colores partidistas y ajolotes (que, por cierto, no cuentan con un programa efectivo para su preservación y se están extinguiendo), gastando dinero para “limpiar por donde ve mi suegra”. Definitivamente, este gobierno no está a la altura del evento. Menos mal que aquí solamente tendremos cinco partidos.
