Embolia pulmonar: Un dolor en la pierna que puede terminar en una emergencia respiratoria
Un coágulo que viaja desde las piernas hasta los pulmones puede causar embolia pulmonar, una urgencia marcada por falta de aire, dolor en el pecho y mareos.

La embolia pulmonar, una urgencia médica que suele iniciarse con síntomas discretos o confundidos con otras afecciones, es responsable de afectaciones graves de salud si no se detecta a tiempo.
Por ello, comprender qué ocurre en el cuerpo durante este evento y quiénes están más expuestos resulta clave para actuar con rapidez ante cualquier señal de alarma.

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¿Qué es una embolia pulmonar y cómo se produce en el cuerpo?
La embolia pulmonar es una afección potencialmente mortal que ocurre cuando un coágulo sanguíneo bloquea una de las arterias que llevan sangre a los pulmones. Este bloqueo impide que el oxígeno circule adecuadamente y puede generar daños graves en el tejido pulmonar.
De acuerdo con Mayo Clinic, la embolia pulmonar suele originarse a partir de un coágulo formado en una vena profunda de la pierna, condición conocida como trombosis venosa profunda (TVP).
Cuando este coágulo se desprende, viaja a través del torrente sanguíneo y llega a los pulmones, donde queda atrapado e impide el flujo normal de sangre. En la mayoría de los casos, el coágulo proviene de las piernas, aunque también puede formarse en otras partes del cuerpo.
MedlinePlus, advierte que la embolia pulmonar es una emergencia médica, pues la obstrucción en las arterias pulmonares puede disminuir drásticamente el nivel de oxígeno, afectar el corazón y comprometer la vida del paciente en cuestión de minutos. Sin embargo, si se recibe atención inmediata, el riesgo de muerte disminuye considerablemente.

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Síntomas de una embolia pulmonar
Los síntomas dependen del tamaño del coágulo, del grado de obstrucción y de la salud pulmonar o cardíaca previa de la persona. Aunque pueden variar, existen señales de alarma muy claras:
- Dificultad para respirar (disnea): Aparece de forma repentina y puede presentarse incluso en reposo. La falta de aire suele empeorar al hacer esfuerzos mínimos.
- Dolor en el pecho: En muchos casos se confunde con un infarto, ya que se siente como una presión o punzada aguda que se intensifica al respirar profundamente, toser, agacharse o inclinarse.
- Desmayo (síncope): La obstrucción del flujo sanguíneo puede provocar una caída súbita de la presión arterial, causando desmayos.
Además, pueden presentarse otros síntomas como:
- Tos persistente, a veces con sangre o esputo rosado.
- Latidos cardíacos rápidos o irregulares (taquicardia).
- Mareos, sensación de inestabilidad o ansiedad intensa.
- Sudoración excesiva.
- Fiebre leve.
- Hinchazón o dolor en una pierna, generalmente en la pantorrilla, lo cual sugiere trombosis venosa profunda.
- Piel fría, húmeda o con tono azulado (cianosis), señal de baja oxigenación.
Algunos casos de embolia pulmonar comienzan con síntomas de TVP, como dolor o inflamación en una pierna. Reconocer estos signos puede ser clave para evitar que el coágulo viaje al pulmón.

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Factores que aumentan el riesgo de sufrir una embolia pulmonar
Aunque cualquier persona puede padecer una embolia pulmonar, algunos factores incrementan significativamente el riesgo:
- Cirugías: Especialmente las operaciones ortopédicas, como reemplazos de rodilla o cadera, ya que requieren largos periodos de inmovilidad.
- Enfermedades y condiciones médicas: El cáncer, las enfermedades cardíacas, las afecciones pulmonares crónicas, las fracturas de cadera y pierna o traumatismos severos pueden aumentar la probabilidad de formar coágulos.
- Medicamentos hormonales: Las píldoras anticonceptivas y la terapia hormonal sustitutiva incrementan el riesgo de trombosis debido a los cambios que producen en la coagulación.
- Embarazo y postparto: Tanto el embarazo como las primeras seis semanas después del parto elevan el riesgo, ya que la coagulación aumenta de manera natural como mecanismo de protección contra hemorragias.
- Inmovilidad prolongada: Permanecer sentado durante muchas horas, usar yeso, estar en reposo en cama o realizar vuelos largos puede favorecer la formación de coágulos.
- Edad: El riesgo se incrementa después de los 40 años y crece con cada década de vida.
- Genética y antecedentes familiares: Ciertas alteraciones hereditarias pueden hacer que la sangre coagule con mayor facilidad.
- Obesidad: El exceso de peso dificulta el retorno venoso y se asocia con mayor probabilidad de trombosis venosa profunda.
Cómo prevenir una embolia pulmonar
La prevención se basa en evitar la formación de coágulos y controlar los factores de riesgo:
1. Seguir el tratamiento anticoagulante cuando esté indicado
Si un médico prescribe anticoagulantes, es imprescindible tomarlos exactamente como se indique. Estos medicamentos reducen la capacidad de la sangre para coagularse, por lo que requieren revisiones periódicas y ajustes de dosis para evitar sangrados.
2. Mantener hábitos saludables para el corazón
Llevar una dieta balanceada, realizar actividad física regular y evitar el consumo de tabaco ayuda a mejorar la circulación y reducir el riesgo de trombosis.
3. Usar medias de compresión
Son recomendadas para personas propensas a desarrollar coágulos o que pasarán largos periodos sin moverse. Ayudan a mejorar el retorno venoso y disminuyen la probabilidad de TVP.
4. Moverse durante los periodos prolongados de inmovilidad
Si se realizan viajes largos en coche, autobús o avión, es importante levantarse, caminar o hacer ejercicios de estiramiento de piernas cada cierto tiempo para estimular la circulación.
5. Reanudar la actividad física después de una cirugía
Siempre bajo indicación médica, comenzar a movilizarse lo antes posible después de una operación reduce considerablemente el riesgo de que se formen coágulos.
La embolia pulmonar continúa siendo una de las principales emergencias vinculadas a la coagulación sanguínea, y su impacto puede reducirse de manera significativa cuando los factores de riesgo se identifican a tiempo.
Reconocer los síntomas y buscar atención inmediata puede marcar la diferencia entre una recuperación favorable y una complicación severa. Por ello, la información basada en evidencia científica continúa siendo una herramienta esencial para disminuir la mortalidad asociada a esta condición.
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