¿Por qué aún no existe una cura contra el VIH?
El VIH puede volverse indetectable, pero no eliminarse del cuerpo. Estos son los retos que frenan una cura definitiva contra el virus.

Más de cuatro décadas después de los primeros casos de SIDA, la pregunta se repite cada 1 de diciembre: si existen medicamentos capaces de controlar al VIH y reducir el virus a niveles indetectables, ¿por qué seguimos sin una cura definitiva o una vacuna eficaz?
Hoy, alrededor de 40.8 millones de personas viven con VIH en el mundo, y aunque la mayoría de quienes tienen acceso a tratamiento antirretroviral puede llevar una vida casi normal, la infección sigue siendo crónica: el virus no desaparece del organismo, solo se mantiene bajo control.
La respuesta a por qué no lo hemos erradicado está en una combinación incómoda de biología, evolución y límites tecnológicos.
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El virus que se esconde donde casi no lo vemos
A diferencia de otros virus que el sistema inmune logra eliminar tras un tiempo, el VIH tiene una estrategia mucho más sofisticada: integra su material genético en células del propio sistema inmunológico.
Una vez que entra a los linfocitos CD4, copia su ARN en ADN y lo inserta en el núcleo de la célula. Ese ADN viral puede quedarse ahí, “apagado”, sin producir nuevas partículas virales durante años.

Los medicamentos antirretrovirales actuales son muy eficaces para impedir que el virus se replique, pero no pueden sacar ni destruir todo el ADN viral integrado. Sobreviven pequeñas poblaciones de células infectadas en estado latente que actúan como un “reservorio” silencioso.
Estudios han demostrado que este reservorio de VIH integrado en células T de memoria puede persistir décadas, incluso con tratamiento perfecto, y basta suspender la terapia para que el virus reaparezca en sangre.
En palabras sencillas: los medicamentos apagan el incendio, pero no eliminan todas las brasas ocultas. Mientras esas brasas sigan ahí, una cura completa es extremadamente difícil.
Un enemigo que muta rápido y burla a las defensas
Otro obstáculo clave para una cura —y para una vacuna— es la capacidad del VIH de cambiar constantemente. El virus muta con gran rapidez, lo que complica tanto el trabajo del sistema inmunitario como el de la ciencia.
“El virus de VIH muta rápidamente, entonces eso dificulta enormemente que el sistema inmunitario pueda reconocerlo y neutralizarlo de manera permanente, porque va cambiando el virus”, explica el infectólogo Sigfrido Rangel, gerente médico de GSK.
“De alguna manera el virus aprende qué son las cosas que el cuerpo reconoce como extrañas en el virus y entonces el virus las quita de su superficie engañando al sistema inmune”.
Esa variabilidad extrema hace que no exista todavía una región del virus suficientemente “conservada” —es decir, que no cambie tanto— como para diseñar una vacuna universalmente eficaz.

Los ensayos más avanzados, como el famoso estudio RV144 en Tailandia, apenas lograron alrededor de 30–31% de protección, una eficacia considerada demasiado baja para su uso masivo en salud pública.
Mientras no se identifique una estructura que el virus no pueda “maquillar” o cambiar sin perder su capacidad de infectar, las vacunas seguirán teniendo un techo de eficacia limitado.
¿Y los casos de personas “curadas”?
En los últimos años, algunos titulares han hablado de pacientes que aparentemente se han “curado” del VIH tras recibir trasplantes de médula ósea de donantes con una mutación genética que impide la entrada del virus a las células (como el llamado “paciente de Berlín” o el “paciente de Londres”).
Estos casos, aunque importantes como prueba de concepto, no ofrecen una solución masiva: se trata de procedimientos altamente riesgosos, costosos y solo indicados en personas con cáncer hematológico grave, no en la población general con VIH. Además, incluso en estos pacientes, los científicos siguen vigilando si el virus pudiera reaparecer años después.
La mayoría de las personas con VIH no se beneficiaría de una terapia tan invasiva. La ciencia está buscando alternativas menos agresivas para lograr algo parecido: una remisión prolongada sin necesidad de tratamiento diario.
La cura funcional que sí tenemos (aunque no la llamemos así)
Mientras las estrategias de “cura esterilizante” —eliminar todo rastro del virus del cuerpo— avanzan lentamente en laboratorios y estudios muy especializados, la medicina ya consiguió otra meta: controlar el virus hasta volverlo indetectable y no transmisible.
Los tratamientos actuales permiten que millones de personas alcancen una carga viral tan baja que los análisis no detectan el virus.
Diversos estudios han demostrado que, en estas condiciones, el VIH no se transmite por vía sexual, lo cual dio origen al mensaje “Indetectable = Intransmisible (I=I)”.
“Por eso la prevención es tan importante, por eso es que el PrEP y estos medicamentos de larga duración pues son en este momento la esperanza”, señala el doctor Rangel. “Dado que no tenemos una vacuna para prevenir, si podemos utilizar algo que se pone cada dos meses, pues es una esperanza de tener un medicamento que toda la población pueda usar para prevenir la infección”.

La combinación de tratamiento para quienes ya viven con el virus y profilaxis preexposición (PrEP) para quienes están en alto riesgo es hoy la estrategia más eficaz para frenar nuevas infecciones, aunque no sea una “cura” en el sentido clásico.
Lo que sí se está intentando para acercarse a una cura
Lejos de haberse conformado con los avances actuales, la investigación sigue buscando nuevos blancos terapéuticos y estrategias combinadas:
- fármacos capaces de “despertar” el virus latente para luego eliminar las células infectadas;
- terapias génicas que modifiquen las células del paciente para que sean resistentes al VIH;
- vacunas terapéuticas que fortalezcan la respuesta inmune de quienes ya viven con el virus.
“La respuesta es múltiple”, resume Rangel. “Seguimos buscando nuevos blancos terapéuticos en el ciclo del VIH que nos permitan encontrar un sitio donde la respuesta sea mucho más eficaz y duradera […]. Se están explorando toda clase de alternativas para que en el futuro podamos tener tratamientos más eficaces, más cómodos de utilizar y que eventualmente permitan curarnos de este virus”.
bgpa
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