¿Grasa en abdomen, caderas o muslos? Esto tienen que ver tus hormonas
Descubre cómo las hormonas, la genética, la edad y los hábitos influyen en la zona donde el cuerpo almacena grasa y qué ocurre en la menopausia.

¿Te has preguntado por qué algunas personas tienden a acumular grasa en el abdomen, mientras que otras la concentran en las caderas, los muslos o los glúteos? Aunque la alimentación, la actividad física y el peso corporal influyen, existe otro elemento que participa en este proceso: las hormonas.
El organismo no almacena la grasa de manera aleatoria. El tejido adiposo se distribuye en diferentes zonas y responde a señales hormonales y metabólicas. Sin embargo, decir que las hormonas “deciden” por sí solas dónde se acumula la grasa sería una simplificación.
La genética, la edad, el sexo biológico, los hábitos de vida y otros factores también intervienen en la distribución corporal. El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK), señala que los genes pueden influir tanto en la cantidad de grasa que almacena una persona como en la zona del cuerpo donde se concentra.

¿Las hormonas deciden dónde se acumula la grasa en el cuerpo?
Las hormonas sí participan en la distribución de la grasa corporal, pero no actúan como un interruptor que determine de manera aislada si una persona tendrá más grasa en el abdomen, las caderas o los muslos.
El tejido adiposo tiene diferentes depósitos. La grasa subcutánea se encuentra debajo de la piel, mientras que la grasa visceral se localiza en el interior del abdomen y rodea órganos internos. Estos depósitos presentan características metabólicas diferentes.
Los estrógenos son algunas de las hormonas que más se han relacionado con la distribución de la grasa. La evidencia científica indica que participan en la regulación del tejido adiposo y ayudan a explicar algunas diferencias en la distribución corporal entre hombres y mujeres.
La relación se vuelve especialmente evidente durante la transición menopáusica. Mayo Clinic explica que los cambios hormonales de esta etapa favorecen que la grasa tienda a concentrarse alrededor del abdomen en lugar de las caderas y los muslos.
Sin embargo, la institución aclara que las hormonas no son la única causa del aumento de peso: también intervienen el envejecimiento, la disminución de masa muscular, el estilo de vida y la genética.
Por eso, la respuesta es que las hormonas influyen en el lugar donde se almacena la grasa, pero no lo determinan por sí solas.

Estrógeno, testosterona e insulina: ¿cómo influyen en la distribución de la grasa?
Entre las señales hormonales relacionadas con el tejido adiposo se encuentran los estrógenos, los andrógenos y la insulina. Cada una participa en procesos distintos relacionados con el metabolismo y el almacenamiento de energía.
El estrógeno tiene especial importancia en la distribución de la grasa femenina. Durante los años reproductivos existe una tendencia a acumular una mayor proporción de grasa subcutánea en la región inferior del cuerpo, especialmente alrededor de las caderas y los muslos. Con la disminución de los estrógenos que ocurre durante la menopausia, puede producirse una redistribución hacia la zona abdominal.
Los andrógenos, entre ellos la testosterona, también están relacionados con las diferencias en la distribución del tejido adiposo. Los patrones de acumulación de grasa no son iguales en todas las personas y están condicionados, entre otros elementos, por el entorno hormonal.
La insulina tiene otra función importante. Esta hormona participa en la regulación de la glucosa y en el almacenamiento de energía. Cuando existe un excedente energético, el organismo puede almacenar parte de esa energía en forma de grasa.
El NIDDK explica que consumir más calorías de las que el cuerpo utiliza puede favorecer el almacenamiento de grasa, mientras que los genes también pueden influir en dónde se acumula.
Por ello, no existe una “hormona de la grasa abdominal” que funcione de manera independiente. La distribución del tejido adiposo es el resultado de la interacción de diferentes señales hormonales con la genética, el metabolismo y el entorno.

¿Por qué la grasa se acumula en el abdomen, caderas o muslos?
La zona donde una persona acumula grasa está relacionada con la forma en que funcionan sus diferentes depósitos de tejido adiposo.
La grasa subcutánea puede encontrarse debajo de la piel del abdomen, las caderas, los glúteos y los muslos. La grasa visceral, en cambio, se encuentra dentro de la cavidad abdominal y rodea órganos internos.
Esta diferencia es importante porque no toda la grasa corporal tiene las mismas características metabólicas. Mayo Clinic señala que el exceso de grasa visceral está relacionado con un mayor riesgo de problemas como presión arterial alta, alteraciones de los niveles de glucosa y grasas en sangre, enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular e hígado graso.
Entonces, ¿por qué dos personas pueden aumentar de peso y acumular grasa en lugares diferentes?
Una de las respuestas está en la genética. Una revisión publicada en Diabetologia señala que existe evidencia sólida de que la distribución de la grasa corporal está controlada, en parte, por factores genéticos. Incluso la relación cintura-cadera presenta un componente hereditario importante.
El NIDDK también reconoce que los genes pueden influir en la cantidad de grasa que almacena una persona y en la parte del cuerpo donde se concentra. Además, factores como la alimentación, la actividad física, el sueño, algunos medicamentos y determinadas enfermedades pueden afectar el peso y la salud.
Esto significa que no todas las personas responden de la misma manera ante un aumento de peso. La distribución corporal tiene una importante dimensión biológica y genética.

Menopausia: ¿por qué cambia el lugar donde se almacena la grasa?
La menopausia es uno de los momentos en los que se observa con mayor claridad la relación entre las hormonas y la distribución de la grasa.
Durante la transición menopáusica disminuyen los niveles de estrógeno y pueden producirse cambios en la composición corporal. Mayo Clinic señala que las modificaciones hormonales tienden a favorecer que la grasa se acumule alrededor del abdomen, en lugar de concentrarse principalmente en las caderas y los muslos.
Sin embargo, esto no significa que toda mujer vaya a aumentar necesariamente de peso durante la menopausia.
El envejecimiento también tiene un papel. Con el paso de los años puede disminuir la masa muscular y reducirse el gasto energético. Además, algunas personas disminuyen su nivel de actividad física, mientras que factores como la alimentación y el sueño pueden contribuir a cambios en el peso.
Mayo Clinic también explica que una mujer puede notar mayor cantidad de grasa abdominal incluso sin un incremento considerable del peso corporal total. La disminución del estrógeno parece influir en el lugar donde se distribuye la grasa.
Este cambio merece atención porque la grasa visceral no representa únicamente una cuestión estética. Su exceso se relaciona con diferentes riesgos metabólicos y cardiovasculares. Por ello, durante la menopausia resulta más útil observar la salud general y la composición corporal que concentrarse únicamente en el número que aparece en la báscula.

Hormonas, genética o hábitos: ¿qué determina realmente dónde guardamos grasa?
La distribución de la grasa corporal no tiene una sola explicación. Las hormonas forman parte de este proceso, pero comparten protagonismo con la genética, la edad, el metabolismo y los hábitos de vida.
La evidencia genética es particularmente relevante. Investigaciones de PubMed han encontrado una influencia hereditaria importante sobre la distribución de la grasa, incluso después de considerar el índice de masa corporal.
A esto se suman factores ambientales y de estilo de vida. El NIDDK señala que la alimentación, la actividad física, el sueño, los medicamentos, algunas enfermedades, los antecedentes familiares y los genes pueden afectar el peso corporal.
Por eso, observar grasa en una determinada zona del cuerpo no permite identificar automáticamente una alteración hormonal. Tampoco significa que exista una hormona que pueda modificarse para elegir de manera exacta de qué parte del cuerpo se perderá grasa.
La menopausia ofrece un ejemplo claro: la reducción de estrógeno puede favorecer una redistribución de la grasa hacia el abdomen, pero el envejecimiento, la pérdida de masa muscular, la actividad física, la alimentación, el sueño y la genética también intervienen.

¿Las hormonas deciden dónde se almacena la grasa?
Influyen, pero no toman esa decisión por sí solas. La distribución de la grasa corporal es un proceso complejo en el que participan las hormonas junto con los genes, la edad, el metabolismo y el estilo de vida.
Entender esta diferencia es importante para evitar explicaciones simplistas como “una hormona te hace engordar del abdomen”. El organismo funciona mediante la interacción de múltiples sistemas y, por ello, la forma en que cada persona almacena grasa puede ser diferente.
Más que buscar una única hormona responsable, la evidencia científica invita a observar el conjunto de factores que intervienen en la composición corporal y, especialmente ante cambios repentinos o importantes, consultar con un profesional de la salud.