Diferencias entre el jamón y la mortadela
Descubre las principales diferencias entre el jamón y la mortadela: ingredientes, proceso de elaboración, valor nutricional y usos en la cocina.

Hay una gran variedad de embutidos que se consumen de forma recurrente en el día a día. El jamón y la mortadela son dos productos muy comunes dentro de la categoría de embutidos y fiambres, y con frecuencia se consumen de forma similar.
Sin embargo, aunque puedan parecer parecidos a simple vista, existen diferencias entre el jamón y la mortadela, relacionadas con su origen, la manera en que se elaboran, su valor nutricional y los usos que tienen en la cocina. Conocer estas diferencias permite elegir mejor según las preferencias personales, el tipo de platillo que deseas preparar.
¿Qué es el jamón?
El jamón es un producto elaborado a partir de carne de cerdo o de otras aves como el pavo, siempre que cumpla con ciertas condiciones establecidas por las normas alimentarias.
En países como México, existen regulaciones que indican que un producto solo puede llamarse “jamón” si se elabora con carne proveniente de la pierna del animal, y si cumple con porcentajes mínimos de carne y límites en la cantidad de agua y aditivos.
Existen distintos tipos de jamón, que suelen agruparse en jamones curados y jamones cocidos. Ambos se obtienen a partir de carne real, pero se diferencian en su proceso y en el resultado final.
En el caso del jamón curado, la carne se cubre con sal y se deja reposar durante largos periodos. Con el paso del tiempo, el producto pierde humedad y desarrolla sabor y aroma propios.
El jamón cocido, en cambio, se somete a un proceso de cocción después de ser sazonado y moldeado. Este tipo es más común en supermercados y suele tener un sabor suave.
En ambos casos, el proceso busca conservar la carne y mejorar su sabor, aunque el resultado final es distinto.
Una de las principales características del jamón es que se elabora a partir de cortes completos de carne, lo que hace que tenga una proporción mayor de músculo. Por esta razón, suele ser un producto con menos grasa y mayor contenido de proteína en comparación con otros embutidos más procesados.
El sabor y la textura del jamón varían según su tipo y calidad; los jamones curados suelen tener un sabor más intenso y una textura firme. Los jamones cocidos son más suaves, con una textura uniforme y fácil de cortar. Estas diferencias influyen en su uso dentro de la cocina y en las preferencias de los consumidores.

¿Qué es la mortadela?
La mortadela es un embutido cocido que tiene su origen en Italia. Se elabora a partir de carne finamente triturada, generalmente de cerdo, a la que se le añade grasa y otros ingredientes. A diferencia del jamón, no se utiliza una pieza completa de carne, sino una mezcla procesada.
Tradicionalmente, la mortadela se sazona con especias, y algunas versiones incluyen ingredientes visibles como pequeños trozos de grasa o frutos secos.
En el proceso para hacer mortadela, la carne y la grasa se muelen hasta obtener una mezcla uniforme. Se añaden sal, condimentos y otros ingredientes permitidos. La mezcla se introduce en un molde o funda y luego se cocina a temperatura controlada.
Este proceso de cocción es lo que permite que la mortadela tenga una textura suave y compacta. La mortadela contiene una mayor proporción de grasa y agua que el jamón. Esto se debe a que su elaboración requiere una mezcla homogénea que facilite el molido y la cocción. Como resultado, es un producto más calórico y con una textura más blanda.
Se distingue por su sabor suave y ligeramente salado, así como por su textura lisa y uniforme. Los pequeños trozos de grasa que pueden verse en algunas variedades contribuyen a una sensación más jugosa al comerla.

¿Qué diferencias hay entre el jamón y la mortadela?
Una de las principales diferencias es el valor nutricional, es fundamental para quienes buscan cuidar su alimentación. En general, la mortadela aporta más calorías por porción que el jamón, debido a su mayor contenido de grasa. El jamón, especialmente el que es magro, suele aportar más proteína en relación con su peso.
Esto hace que el jamón sea una opción más común en dietas donde se busca un mayor aporte proteico con menos calorías. La mortadela contiene más grasa total y grasa saturada que el jamón. En cambio, el jamón elaborado con cortes magros presenta un contenido de grasa menor, lo que influye directamente en su valor energético.
Ambos productos aportan vitaminas del grupo B y algunos minerales. La mortadela puede aportar mayores cantidades de ciertas vitaminas, mientras que el jamón destaca en otros nutrientes como minerales relacionados con el músculo.
Tanto el jamón como la mortadela pueden contener niveles elevados de sodio, algo común en los productos cárnicos procesados. Por este motivo, se recomienda consumirlos con moderación y prestar atención a la información nutricional en la etiqueta.
Otra de las características que define a cada producto es el uso que tradicionalmente se le da:
- Jamón: se consume comúnmente en rebanadas finas, solo o acompañado. Se utiliza en desayunos, ensaladas, pastas, pizzas y otros platillos fríos o calientes.
- Mortadela: es muy popular en sándwiches y tortas. También se utiliza en recetas sencillas o como ingrediente en preparaciones cocidas.
El jamón suele ser preferido cuando se busca un sabor más definido y una textura firme. La mortadela, por su parte, se adapta mejor a recetas rápidas y a opciones más económicas.
Aunque el jamón y la mortadela suelen encontrarse juntos y se consumen de manera similar, no son lo mismo. La elección entre uno y otro dependerá del gusto personal, consumo y las necesidades de cada persona. En cualquier caso, lo más recomendable es consumirlos con moderación y como parte de una alimentación balanceada.
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