Desconexión IV. Discurso interno
La labor de su cerebro es predecir y no corregirlo. Su cerebro dice: su verdad es mi verdad y actúa en consecuencia, ordenando todo su sistema para hacerle creer aún más esa verdad...

Paola Domínguez Boullosa
La coach
Decir lo que sentimos, sentir lo que decimos,
concordar las palabras con la mente.
Séneca
El discurso interno puede ser un puente o una enorme muralla en nuestra vida para conectarnos, comunicarnos y entendernos a nosotros mismos y a los demás. El discurso interno es la voz mental con la que uno se explica a sí mismo lo que sucede, es la voz que nos define, la que decide y la que elige cómo actuar. Esto es: las interpretaciones que hacemos, los juicios, las predicciones o las órdenes que nos damos… Y créame, sí es un asunto de suma importancia, porque ése es el discurso y la pauta que le da a su cerebro para todo. Lo que usted le inserte, su cerebro lo creerá como su verdad, aunque esté repleto de falsedades.
La labor de su cerebro es predecir y no corregirlo. Su cerebro dice: su verdad es mi verdad y actúa en consecuencia, ordenando todo su sistema para hacerle creer aún más esa verdad, lo que usted asuma de su persona su cerebro se encargará de reafirmarlo. Imagine cuando ese discurso es negativo, fallido, contraproducente, agresivo o debilitante en quién le convierte… Si asume que no es capaz, jamás lo será. Eso no quiere decir tampoco que si usted se dedica a hacer decretos y afirmaciones vacías y repetidas se volverá mejor, esto es algo más profundo que exige de uno mismo coherencia entre lo que se siente, se piensa y se hace. Ésa es la verdadera conexión con uno mismo.
Recuerde que la desconexión sucede cuando dejamos de estar presentes y en contacto con lo que sentimos (emociones reales), necesitamos (límites, descanso, apoyo y claridad) y valoramos (principios, valores y propósito). Esto, a su vez, hace que nos desconectemos de nuestro cuerpo y, éste, de nuestra verdad, lo que realmente piensa, pero no se permite reconocer.
El discurso interno funciona como un filtro que puede bloquear o acercarnos a uno mismo y al otro. Sus repercusiones suceden a un nivel psicológico y neurológico que desencadenan acciones y comportamientos de diferente índole. Aquí algunos ejemplos, mi querido lector: Si el discurso es agresivo o invalidante activa el sistema de estrés, elevando el cortisol y la adrenalina, elevando la hipervigilancia y reduciendo la capacidad de escucha y reflexión, reduce la regulación de la corteza prefrontal (claridad/pausa/elección) y aumenta las reacciones automáticas; esto nos separa de la experiencia real y nos obliga a desconectar para poder funcionar, resultando en menos presencia y mayor automatismo. Similar sucede si el discurso es de control y exigencia, y también si el discurso interno se basa en interpretaciones sesgadas.
¿Y sabe qué es lo peor, mi querido lector?, reconocer las señales que nos indican que estamos yendo en contra de uno mismo, de nuestras prioridades e intereses genuinos… Sí, lo peor es asumir que nuestro propio discurso es la causa principal de todos nuestros males. Ese discurso al que le cuesta decir que no y luego se siente absolutamente drenado y superado; ése que le juzga y le hace sentir culpable del enojo, del llanto, de la frustración… Ése que, incluso, no sabe definir sus propias necesidades y sólo sabe que algo no está bien; ése que rumia conversaciones o que busca crear un arsenal de justificaciones para una mente inestable; ése que irrumpe en el cuerpo y le hace hablar en el insomnio, en la tensión facial, en el nudo en el estómago… en la fatiga. Ese discurso que en su defensa elige el sarcasmo, el silencio, la irritabilidad o la complacencia.
… Y sabe qué es lo mejor, mi querido lector, que cada uno de nosotros tenemos la capacidad de reconectarnos si aprendemos a nombrar nuestras experiencias emocionales, físicas y mentales sin juicios… si aprendemos a nombrar lo que sentimos y lo validamos; si decidimos separar el hecho de la historia que nos contamos, si en lugar de asumir, preguntamos y confirmamos y, por último, si elegimos reescribir un discurso interno más real. No con un positivismo que raye en lo tóxico y adverso, sino simplemente en lo real, en lo que nos es coherente. Créame, necesitamos urgentemente habitar lo que sentimos y elegir lo que nos decimos para poder disminuir la desconexión y aumentar la capacidad de entendernos y entender. Como siempre, usted elige.
¡Felices conexiones, felices vidas!