¿Cuáles son las diferencias entre la morcilla y la moronga?
Descubre cuáles son las diferencias entre la morcilla y la moronga, se ven casi igual, pero no son lo mismo

En el universo de la cocina tradicional latinoamericana, saber las diferencias entre morcilla y moronga es de mucha ayuda para el paladar y la historia culinaria.
Aunque ambas son deliciosas variantes de embutidos, sus raíces y forma de consumirlas marcan grandes diferencias. Hablar de estas diferencias no es solo cuestión de sabor.
Diferencias entre morcilla y moronga
Aunque la morcilla y moronga comparten un ingrediente clave, la sangre, lo que la diferencia está en la manera de prepararlas, de cocer y los condimentos que se incluyen.
La morcilla es muy popular en España y en varias zonas de Latinoamérica como Argentina, suele embutirse en tripa y se elabora con una mezcla más refinada de sangre coagulada, arroz o cebolla, especias como pimentón, comino y en algunas ocasiones, piñón. Su textura es tierna y algo densa, con un sabor equilibrado entre especias.

La moronga, en cambio, es mucho más famosas en México, especialmente en Veracruz, Tabasco y Guerrero. Su estilo es más rústico. La sangre se cuece junto con trozos de vísceras, normalmente corazón, pulmón y otros retazos, además de una buena cantidad de especias, hierbas aromáticas y chiles.
Aunque en algunos lugares también se embute en tripa tradicional como la morcilla, es más común que se cocine en cazuela o se empaquete en hojas de plátano, hasta lograr una pasta firme, con sabor más fuerte, ahumado o herbal, y una consistencia más “de campo”.
Otra diferencia es la forma en la que se sirve, la morcilla suele cortarse en rodajas y freírse o asarse, ideal para tacos, desayunos o acompañar guisos. La moronga, por su parte, se desmiga o se unta, combinando espectacularmente con tortillas, salsas picantes o como relleno intenso en garnachas.

¿Cómo cocinar moronga para que no huela feo?
Cocinar moronga sin que deje un olor demasiado fuerte es muy sencillo, solo necesitas un par de trucos caseros y buena sazón. Lo primero que debes hacer es cocerla ingredientes aromáticos de mucha potencia.
Ponla en una olla con agua, un trozo de cebolla, dientes de ajo y hierbas como laurel, tomillo o epazote, estos ingredientes ayudan a neutralizar olores intensos desde el arranque. Luego, añade un chorrito de vinagre o jugo de limón al agua de cocción, el ácido logra disminuir ese olor metálico de la sangre cocinándose.
Una vez cocida, escúrrela bien y refrigérala un rato, enfriar el embutido, ayuda a que no desprenda tanto olor, Cuando la vayas a preparar, corta pequeñas porciones y fríelas en comal o sartén a fuego medio con un poco de cebolla picada, un poco de epazote o cilantro fresco y chiles.
El calor seco y los ingredientes aromáticos actúan como “captadores” de olor fuerte, transformando la moronga en una bomba de sabor, pero sin llegar a ser desagradable.
Después de esto, sirve la moronga con complementos ácidos y frescos, como tortilla recién hecha, limón, cebolla morada encurtida o una salsa verde cítrica. El contraste corta cualquier fragancia persistente.
También puedes envolverla en hoja de plátano o aluminio con rodajas de naranja o toronja, y darle una ligera cocción en el horno o comal, eso genera un aroma envolvente, herbáceo y cítrico.
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