DESEO Y LUJURIA
Sr. La Mont, entonces, de acuerdo con su columna pasada, ¿el deseo y la lujuria son pecados o sólo condiciones humanas?
P: Cuando se habla de deseo y lujuria se suele usar un lenguaje moral. Pero en realidad, son pecados o simplemente condiciones humanas. Como mucho, esto es un área gris, y depende del marco desde el cual se mire. En muchas tradiciones religiosas, la lujuria se considera un exceso, una forma de deseo que pierde el sentido de la dignidad propia y ajena. Desde esa perspectiva, el problema no es el deseo en sí, sino su descontrol. Sin embargo, fuera de ese marco moral, el deseo es una condición humana básica. Es la energía que impulsa la vida, la curiosidad, el vínculo y la creatividad. La lujuria, entendida como intensidad corporal, también forma parte de la experiencia humana. Lo que cambia es la interpretación cultural. Algunas sociedades la ven como amenaza al orden, otras como expresión legítima del cuerpo. En la vida cotidiana, la clave no está en etiquetar, sino en observar si el deseo acerca o aleja, si construye o destruye, si respeta o invade. Más que pecado o virtud, el deseo es una fuerza que necesita dirección. Y la lujuria, cuando se integra con afecto, consentimiento y responsabilidad, deja de ser un problema moral para convertirse en una dimensión más de la intimidad humana.
CHAMPAGNE
Como es acostumbrado las pasadas fiestas fueron buena excusa para beber champagne, pero me encontré con que la gente la sirve en copas diferentes, en formas diferentes, dígame, ¿cuál es la forma correcta de apreciar y beber champagne?
R. Con el conocimiento de un amante del champagne, no profesional, le comparto esto que considero los mandamientos del buen beber.
Guía esencial de Alfredo La Mont III para beber champaña como un experto:
La champaña es ciencia embotellada. Su calidad depende de procesos precisos que determinan el tamaño, la persistencia y el aroma de sus burbujas. Para disfrutarla plenamente, conviene desmontar algunos mitos y seguir estas claves:
1. Comprenda el origen de las burbujas. La segunda fermentación en botella —prise de mousse— crea dióxido de carbono atrapado en el vino. Tras meses de reposo y eliminación del sedimento, las mejores champañas ofrecen burbujas finas y constantes, verdaderos vehículos aromáticos.
2. Temperatura adecuada. Enfriar demasiado atenúa los aromas; servirla muy caliente los desordena. Mantenga la botella entre 8 y 10 °C para equilibrar frescura y expresión aromática.
3. Elija bien la copa. Evite la copa ancha y las copas de plástico. La flauta o una copa tipo vino blanco concentran aromas y favorecen un flujo elegante de burbujas.
4. Cuide la limpieza. Los residuos de detergente inhiben la efervescencia. Lave con agua caliente y seque sin fragancias. Algunas copas incluyen micrograbados que estimulan columnas de burbujas.
5. Sirva con suavidad. Incline la copa y deje que el vino resbale por la pared. Así conserva más gas y una textura más viva.
6. No la guarde eternamente. Con el tiempo, el CO₂ se escapa lentamente. Las champañas muy viejas pueden perder su chispa. Disfrútelas antes de que la física las apague.
7. Haga su tarea y adquiera champagne de calidad. Brinde sabiendo que en cada copa se mezclan historia, técnica y placer.
