Que las piedras hablen
Hace unos días se difundió el hallazgo de la tumba 10 en San Pablo Huitzo, Oaxaca.

Juan Carlos Talavera
Vórtice
Nos fascinan los hallazgos arqueológicos. Quizá porque cada vestigio es una ventana a un mundo desconocido, porque cada basamento o entierro sintetiza la oportunidad de descifrar nuestro pasado o porque sencillamente nos gusta que las piedras nos hablen.
Hace unos días se difundió el hallazgo de la tumba 10 en San Pablo Huitzo, Oaxaca, definido como “uno de los monumentos más significativos de tradición funeraria zapoteca”, el cual podría abrirse al público en diciembre próximo.
La noticia ha circulado ampliamente y en sus fotografías podemos apreciar su monumentalidad; aunque también se han difundido otras imágenes, en las que aparecen autoridades culturales como Omar Vázquez, director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y Claudia Curiel, titular de Cultura federal, con la sonrisa y el asombro a flor de piel.
No es por ser aguafiestas, pero ojalá ambos titulares aprovecharan para visitar la tumba de San Pedro Jaltepetongo, en Oaxaca también, difundida recientemente en redes sociales por el creador de contenido Señor Blue, para ampliar el mensaje y la postura oficial sobre la manera en que fue explorado este espacio; porque un comunicado de prensa no es suficiente para acentuar la importancia de preservar los contextos originales al excavar, así como los riesgos que implica visibilizar vestigios que no han sido abiertos al público.
También podrían darse una vuelta por los sitios de Tabasco, en especial por la zona arqueológica y el Museo de Sitio La Venta, adscritos al INAH Tabasco, que dirige Carlos Giordano Sánchez; donde los trabajadores han denunciado falta de presupuesto y de insumos para realizar el mantenimiento adecuado en ambos espacios —exhibiendo la maquinaria con que cuentan—, el creciente deterioro en su unidad de servicios, el atraso en el pago de energía eléctrica y daños en el altar No. 8, afectado por la filtración de agua en la palapa del museo.
Recordemos que, en junio de 2025, habitantes de Tabasco cuestionaron el proyecto del Museo Nacional Olmeca, impulsado por el INAH y el gobierno local, que sería construido en un área de 14 mil 700 metros cuadrados de la zona zoológica del Parque Museo La Venta, inaugurado en 1958 y concebido por el poeta tabasqueño Carlos Pellicer.
Incluso, integrantes del Colegio de Arquitectos Tabasqueños A.C. señalaron que, si bien el Museo Nacional Olmeca sí debe construirse, no debería realizarse “a costa de destruir otro patrimonio” (Excélsior, 23/06/2025), por lo que exigieron considerar otras alternativas para edificar el nuevo recinto.
Sin embargo, es momento que ninguno de estos titulares se ha referido con claridad al tema, a lo cual se suman las necesidades en otros espacios arqueológicos de la entidad, como en Comalcalco, Moral-Reforma, Malpasito y Pomoná.
Entonces, la pregunta es simple: ¿de qué sirve difundir y poner en valor el hallazgo de una tumba en Oaxaca, mientras en otras zonas del país el patrimonio arqueológico es relegado y padece falta de presupuesto? ¿Qué nos dicen las piedras de aquellos sitios que alguna vez fueron la novedad y que hoy enfrentan el olvido?
DESAPERCIBIDA
El pasado 20 de enero, la embajadora de Francia en México, Delphine Borione, entregó las insignias de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras a Alejandra de la Paz, directora del INBAL, “en reconocimiento a su compromiso con la cultura”.
Sorprende la distinción, pero, aún más, que la noticia pasara desapercibida, incluso en las redes del propio INBAL. Tal vez la funcionaria no quiso que el hecho fuera empañado por temas como la postergada apertura de la Bodega Nacional de Arte, su desinterés por conocer el paradero de las 12 páginas extraviadas del diario de Frida Kahlo o el olvido total del Centro SCOP. Ni hablar, ¡felicidades!