Brutalidad
Tan predecible como lamentable la actuación de elementos de policía en el Estado de México contra activistas que se manifestaban en la sede de la CNDH

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
Días convulsos, pero sumamente necesarios. Le guste o no a quienes aún lamentan las pintas en un cuadro, una pared o una puerta. Movimiento necesario, pues, ya lo vimos, las autoridades aún son incapaces de ponderar los pendientes y sus estrategias para resolverlos.
Tan predecible como lamentable la actuación de elementos de policía en el Estado de México. Las activistas fueron desalojadas con todo lujo de violencia de las oficinas de la Comisión de Derechos Humanos en Ecatepec, son esa reiterada postal de lo casi imposible que es acceder a la justicia en nuestro país. Y tras ellas, las mujeres en Atizapán, en Puebla. Y luego la advertencia de que cada oficina de la CNDH en el país sería ocupada, transformada, como las centrales en República de Cuba en el Centro Histórico de la CDMX, en un refugio para atención de familiares de víctimas de feminicidio, abuso sexual o desaparición.
Cuando en Palacio Nacional no hemos parado por el descrédito al movimiento feminista, ¿qué otra opción queda al alcance? Hasta ayer le escuchamos a Andrés Manuel López Obrador algo medianamente sensato al respecto —palabras que no acciones— aunque hasta hace unos días se lamentaba por una pintura de Madero. Las promesas de seguridad y acompañamiento llegaron tibiamente a partir de la escalada de un movimiento que lleva años buscando su lugar en la agenda. Y son cada vez más las mujeres muertas, agredidas en cotidianos tan simples como un viaje en Metrobús.
Nadie da acuse de recibo, nadie, ni siquiera aquella presidenta de una comisión que tendría que ser el brazo de apoyo. Lo peor del momento es que entre el descontento de quienes reprueban estas protestas y la omisión de las autoridades, quedan las diez mujeres que son asesinadas al día en México, las que son abusadas, las que son golpeadas. Lo de ayer en el Estado de México, lejos de ser un motivo para contrarrestar la protesta, nos recuerda las razones para ésta. Brutalidad para quienes exigen la justicia que el Estado ha sido incapaz de otorgar, no tendría que ser jamás la respuesta.
ADDENDUM
Otra vez, Noroña. Al legislador se le reconoce su valor para la protesta, como cuando lo hizo frente a la Torre Trump hace un par de años. Sin embargo, ese mismo arrojo parece ser también el enemigo o el talón de Aquiles que opaca cualquier otra cualidad política de Gerardo Fernández Noroña. Ya lo vimos capaz de manipular voluntades para sumar en su bancada e intentar hacerse a la mala de la presidencia para la próxima legislatura. Le salió mal, pero quedó ahí el halo de desconfianza. Ni en Morena, donde tendrán que radicar sus aliados naturales por el apoyo que muestra al movimiento de López Obrador, es visto con buenos ojos. Se lo ha ganado, pues lo mismo va contra Dolores Padierna, Porfirio Muñoz Ledo, Pablo Gómez o Mario Delgado. Incluso contra Jorge Argüelles, el líder del PES, partido donde militan legisladores a quienes logró seducir en su fallido cometido. Olvida que su partido no es, ni de cerca, la segunda fuerza política del país, por mucha promoción que haga al PT, y que, antes de él, hay varios más con la aprobación del Presidente. Ya le jalaron las orejas públicamente en Palacio Nacional. Si su descontento público no para, no tardará en llegar el alto que, cada vez más dentro de la 4T, creen que merece.