PRI vs. MC: ¿crecer sin ser oposición?

Ivonne Melgar

Ivonne Melgar

Retrovisor

El debate de la reforma que limita el número de regidores y el gasto de los congresos locales derivó en un intercambio de descalificaciones entre diputados del PRI y MC.

Los mensajes registrados la noche del miércoles son evidencia del abandono de la política en un escenario donde la oposición no termina de definir su rol frente a la hegemonía gobernante.

Más allá de los reproches, el episodio quedó como ensayo de la campaña que tendremos en 2027.

De un lado, el PRI buscando proyectarse como la oposición que no se dobla, a fin de frenar la fuga de su voto histórico a Morena y en algunos casos hacia el PVEM, como sucede en el Edomex. Y del otro, el partido de Dante Delgado otorgándole a veces su respaldo al oficialismo, a cambio de que los naranjas no sean incluidos, por ejemplo, en las estigmatizaciones desde Palacio Nacional.

Aunque el pleito viene desde 2024, cuando MC centró su campaña en pegarle a la alianza PAN-PRI, la novedad es que Alito decidió devolverles el golpe.

Y la discusión del Plan B se convirtió en el escenario para el contraste de los priistas cuando la diputación de MC votó a favor de los cambios que antes rechazó en el Senado.

El diputado Carlos Gutiérrez Mancilla abrió fuego: “Hoy se han quitado la máscara estos traidores del partido naranja. Son los vendidos y los cómplices directos del narcogobierno de Morena”. Con la disputa de Nuevo León en la mira, habló de “los gobernadores de utilería” de MC y de sus “negociaciones oscuras”.

El diputado Gibrán Ramírez refutó que a MC no le da miedo coincidir con Morena en asuntos benéficos para el país y que el PRI es una oposición “coprofílica” y “emocional”.

La coordinadora de la bancada naranja, Ivonne Ortega, dijo que, si bien desde su renuncia en 2018 no había querido hablar mal ni lastimar a su expartido, “sí tengo que objetar lo que hoy tiene esa cúpula, porque hoy el PRI no sólo ha perdido credibilidad, ha perdido votos, y muchos, más de 2 millones de votos, y Movimiento Ciudadano no sólo gana credibilidad en votaciones como ésta, en la que no se opone sólo por oponerse”.

El diputado Gutiérrez Mancilla regresó a la tribuna y se fue contra Ivonne Ortega, cuestionando su gestión como gobernadora de Yucatán.

El mensajero de Alito cerró su intervención criticando los recientes fichajes de MC: “¿Me van a decir que es nuevo Aurelio Nuño, el peor secretario de Educación que hemos tenido y que nos avergüenza profundamente como priistas? ¿O me van a decir que es ciudadano y que es nuevo Enrique de la Madrid?, ¿es nueva y ciudadana Claudia Ruiz Massieu Salinas, sobrina de Carlos Salinas de Gortari?”.

Son ofensas que sepultan la posibilidad de una alianza opositora y detonan una precoz y encarnizada pelea por la franja ajena a Morena y aliados y que, en 2024, sumó 46% de los votos.

“Se están peleando el segundo lugar dentro de la oposición; nosotros estamos arriba”, presumió un legislador de Acción Nacional después de la verbal trifulca.

Pero la canalización de energías en ese pedazo del pastel electoral es un tema controvertido entre priistas, como lo fue en MC la instrucción de votar con Morena por el Plan B.

Mientras la dirigencia de Alito confía en capitalizar la animadversión que genera la tibieza de MC, que jamás lanza un spot contra el gobierno, hay priistas que temen que esa campaña sólo beneficie al PAN.

Entre los naranjas, unos tienen fe en que el desgaste de la oposición tradicional los hará crecer; otros preferirían estar menos cerca de Morena, y algunos sólo piden ser consistentes en las votaciones de las reformas gubernamentales.

Y es que nadie de MC dijo en voz alta la razón por la que Dante Delgado impulsó el respaldo al Plan B que logró mutilar su amigo, el dirigente del PT, Alberto Anaya, al darle la espalda en el Senado a la petición presidencial de empalmar la revocación de mandato con las elecciones federales.

Ese guiño naranja con los petistas forma parte de un diálogo que los históricos dirigentes de ambos partidos –alguna vez unidos en torno a Andrés Manuel López Obrador– han retomado y que podría traducirse en iniciativas parlamentarias, pero también electorales.

Porque el asunto de fondo es cómo ganar terreno desde las minorías cuando la mayoría sigue concentrando poder y desprecia el diálogo con los partidos que no son sus incondicionales.

Es un dilema que tendrán que responder también en el PT y el PVEM, ante el enojo que en Morena y en Palacio Nacional han ventilado ante el rechazo de esos aliados a las reformas electorales que consideraron adversas.

Hasta hace poco el desafío sólo era de los opositores. Pero después del Plan B, la pregunta es para todos: ¿cómo mantenerse en la oferta electoral y crecer frente a un gobierno que abiertamente hace campaña para descalificar a los políticos y partidos que no se le someten?