El cese al fuego temporal entre EU, Israel e Irán se anunció con bombo y platillo, aunque de inmediato surgieron los peros, las dudas, sus evidentes limitaciones y la falta de claridad acerca de sus alcances. Durante las primeras horas hubo versiones contradictorias acerca de, por ejemplo, si el alto al fuego regiría también para el escenario libanés, donde se enfrentan las milicias terroristas de Hezbolá contra Israel, ya que para Irán y el mediador paquistaní la respuesta a ello era afirmativa, mientras que Trump y el gobierno israelí negaban que la guerra en ese frente hubiera sido incluida en el acuerdo de poner fin temporal a las acciones bélicas. Todavía horas después del triunfal anuncio, los drones y misiles iraníes siguieron cruzando los cielos de Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Kuwait y Qatar y, para desconsuelo de los mercados energéticos globales, la muy esperada apertura del estrecho de Ormuz, quedó en veremos ante la decisión de los iraníes de no respetar tal cláusula del acuerdo si la guerra entre Israel y Hezbolá no se frenaba.
La confusión que acompañó a todo ese enredo propició que cada uno de los bandos participantes se declarara victorioso. Además, fue notable que, a pesar de las muchas incógnitas que aún flotaban y siguen flotando al respecto, muchos analistas y expertos han empezado a emitir veredictos que con cierta contundencia señalan quiénes están saliendo como perdedores y quiénes como triunfadores de esta guerra. Pero, dada la complejidad de la situación, no es aventurado pensar que las muy diversas conclusiones expresadas no sólo en el seno de la opinión pública general, sino incluso por los expertos, son absolutamente prematuras ya que mucho está aún por definirse dentro de ese escenario.
Por lo pronto, puede afirmarse que Irán sufrió la pérdida de la crema y nata de su liderazgo religioso y político, incluidos el gran ayatola y una buena cantidad de altos mandos del Cuerpo de Guardias Revolucionarios y de las milicias Basij, y fueron destruidas cerca de tres cuartas partes de sus programas de producción de misiles balísticos de largo y mediano alcance. Su economía, ya en crisis antes de la guerra, padeció golpes adicionales al haber sido atacadas infraestructuras esenciales y plantas petroquímicas y siderúrgicas. Sin embargo, el régimen sigue en posesión de los 440 kilos de uranio enriquecido al 60%, y su población descontenta que se calcula en 80%, permanece paralizada por el terror ante la brutalidad de la represión de las autoridades, que han continuado llevando al cadalso a disidentes. Es un hecho que, hasta este momento, su control de Ormuz y su negativa a abrirlo, a menos que Israel suspenda su guerra contra Hezbolá, le sigue brindando una capacidad de imponer condiciones y ser visto como quien, a pesar de todo, sigue teniendo la sartén por el mango.
A pesar de sus alardes de fuerza, Trump y su gobierno se hallan en un escenario complicado. La escasa aprobación que esta guerra tuvo desde el principio entre su población y el alza brutal de los energéticos han dañado su popularidad y credibilidad. Se especula acerca de la posibilidad de que si no se resuelve pronto el cierre de Ormuz, dentro de dos semanas se reiniciarían las acciones militares.
En cuanto a Israel, a pesar del beneficio de la degradación relativa de las capacidades bélicas de Teherán, que le daría un respiro ante las amenazas de destrucción esgrimidas por el régimen desde su establecimiento en 1979, la percepción para su población y su gobierno es que el enorme riesgo que sigue pendiendo como espada de Damocles se mantiene vigente al haber quedado el régimen de los ayatolas en pie y con la posibilidad de reconstruir su arsenal bélico y su proyecto nuclear en el mediano plazo.
Por último, el ingreso de Hezbolá a esta guerra abrió para los israelíes de nueva cuenta el desafío que significa el tener al otro lado de su frontera norte a un proxy de Irán cuya doctrina irrenunciable es acabar con el Estado de Israel. Eso explica el porqué del mantenimiento del estado de guerra en ese frente, ya que la brutal invasión de Hamás del 7 de octubre de 2023 se convirtió a ojos de los israelíes en el ejemplo de lo que podría suceder en su frontera norte en caso de que la capacidad bélica de Hezbolá, alimentada por Irán, no fuera neutralizada. Son tantos los factores que interactúan en ese complejo escenario que pronosticar cómo acabará esto es hoy tan aventurado como el haber pretendido en 1942 tener una idea clara de cómo acabaría la guerra mundial entonces en curso.
