Es un hecho que el mundo cada vez es más cercano y que el nivel de interconexión es mayor. Parece que de nuevo se olvidó esta realidad. Nos encontramos en una situación de vulnerabilidad económica global en buena medida por la falta de un entendimiento profundo de la integración global.
Dicho de otra manera, los lideres mundiales involucrados en el conflicto se están comportando de acuerdo con lo que Einstein definía como locura: “Hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados distintos”. Parte de la explicación es el sesgo conductual de exceso de confianza.
El pasado reciente nos dio evidencia de la gran interconexión. Con la pandemia entendimos que las cadenas de suministro globales son un sistema complejo que opera de manera autónoma sin un ente que coordine.
Cuando un evento externo generó una fractura éste dejó de funcionar, afectando a todas las geografías.
La invasión de Rusia a Ucrania nos enseñó que los planes no coinciden con la realidad. Decían que sería un conflicto de pocas semanas y lleva más de cuatro años.
A pesar de ser un conflicto regional generó problemas en mercados globales como el del petróleo y de algunos granos.
La situación en Oriente Medio es similar a 2022: se simplificaron los escenarios, hubo optimismo con los tiempos y no se entendieron las consecuencias por la interconexión. A continuación, se presentan tres fallas en los escenarios.
La primera es que al igual que en la pandemia se rompió el flujo de operación de las cadenas de suministro.
La segunda es que cuando las semanas se volvieron más de un mes los efectos domino en la actividad económica empiezan a volverse expansivos.
La tercera es que la alianza de Estados Unidos e Israel subestimó la capacidad de Irán. Es cierto que en el papel sus economías son de mayor tamaño y tienen más armamento, pero hay intangibles que cuentan mucho.
Irán tiene un propósito para pelear y no doblegarse. Es similar a lo que sucedió en Ucrania, en Afganistán, y si nos vamos décadas atrás cuando Vietnam ganó la guerra.
La realidad del conflicto es preocupante. A pesar de los ataques de Estados Unidos e Israel, Irán tiene el control del estrecho de Ormuz, del conflicto y la posición dominante en la negociación.
Es decir, hoy se aprecian condiciones para que el conflicto se prolongue si Estados Unidos no cede. Las fallas en la definición de escenarios tienen consecuencias. Doy dos ejemplos:
El primero es el impacto en muchos, muchos mercados como el del petróleo y el del gas natural. Los precios subieron de manera importante. Esto tendrá un impacto en la inflación en los siguientes meses y afectará las posturas de los bancos centrales. Estamos repitiendo lo que sucedió en 2022.
El segundo es que en algunos casos podemos ver falta de disponibilidad de algunos productos, como ya sucede con el gas en India. Esto afectará a la población y a la actividad económica en países no involucrados en el conflicto.
Estamos en un escenario económico adverso más por el efecto expansivo de la interconexión que por el impacto directo del conflicto. La única manera de resolverlo es que Estados Unidos negocie la terminación sin lograr el cambio de régimen en Irán. De esto depende el desempeño de la actividad económica global.
