¡Sálvese quien pueda!

Por Luis Maldonado Venegas* Estas líneas, amable lector, no pretenden reseñar el último bestseller del periodista y escritor argentino Andrés Oppenheimer ¡Sálvese quien pueda!, sino modestamente llamar la atención sobre un problema que se cierne sobre millones de ...

Por Luis Maldonado Venegas*

Estas líneas, amable lector, no pretenden reseñar el último bestseller del periodista y escritor argentino Andrés Oppenheimer ¡Sálvese quien pueda!, sino modestamente llamar la atención sobre un problema que se cierne sobre millones de habitantes del planeta Tierra, si no se toman sensatas, aunque urgentes medidas preventivas para atemperarlo: el arribo de los robots a los puestos de trabajo, lo cual ocurre ya en muchas partes del mundo.

Oppenheimer es viejo conocido en nuestro país: fue jefe de la corresponsalía de The Miami Herald en México, Colombia, y Centroamérica; investigó y entrevistó durante cinco años a especialistas de tres continentes sobre cuál será el futuro de los empleos actuales, mientras se aproxima a pasos gigantescos lo que muchos llaman ya la era de la automatización.

Según los vaticinios, que van de moderados a pesimistas, 47% de los trabajos existentes corre el riesgo de automatizarse o volverse obsoletos. Ello, debido a los avances tecnológicos y el crecimiento de los productos y servicios en línea venideros en los próximos veinte años. El fenómeno ya se advierte en tiendas de autoservicio, expendios de gasolina, vehículos (inclusive pesados remolques que ya se prueban en Estados Unidos) que no necesitan conductor, maquinaria agrícola manejada por robots…

Los testimonios recogidos por Oppenheimer (editor para América Latina y columnista de The Miami Herald, conductor del programa Oppenheimer Presenta por CNN en español), los cambios incluyen la industria de alimentos, el mundo legal, la banca y la medicina. Autodenominado “optimista cauteloso”, Oppenheimer opina que la tecnología no necesariamente creará un desempleo masivo, sino más bien cambiará drásticamente la definición de lo que hoy conocemos como “empleo”, y su optimismo lo vierte en explicar qué puede hacer cada uno de nosotros ante el terremoto que se avecina y da la lista de los trabajos que sí tienen futuro.

Otras voces han vertido su opinión sobre el tema acerca de la revolución tecnológica que ya está más que próxima. Entre ellas figura la de Elon Reeve Musk, ingeniero, hombre de negocios y multimillonario sudafricano, de 47 años de edad, con nacionalidades canadiense y estadunidense: hay que incorporarse al avance de la tecnología.

Sobran motivos para reflexionar en su sugerencia, si se considera que es el hombre más innovador del momento; cofundador de empresas como PayPal, que maneja todos sus negocios en línea y cuya consigna es “no más formularios”. Musk quiere autos eléctricos y autónomos para todos, casas que se autoabastezcan y colonizar Marte.

Una voz más, nada desdeñable, es la de William Henry (Bill) Gates, cofundador de Microsoft, productora de Windows, el sistema operativo para computadoras personales más utilizado en el mundo. En reciente entrevista, Bill Gates pronostica que los robots serán mayoría en los puestos de trabajo, escenario que –dice-- será una realidad entre 2030 y 2055. Esto es, a la vuelta de la esquina. Con una curiosa sugerencia: si las compañías reclutan robots como fuerza laboral, deberán pagar los mismos impuestos, como si tuviesen humanos a su servicio.

Según Gates, necesitamos una sociedad educada y preparada para tareas complejas, ya que los trabajos físicos y no especializados serán los que se eliminen con la llegada de los robots. Esto también se puede traducir como una buena noticia, ya que el ser humano buscará la manera de ser mejor y no conformarse. ¿Utopía pura?

Lo cierto es que un nuevo software puede leer y analizar textos; recientemente se introdujo en una aseguradora japonesa y sustituyó a 34 empleados. Los vehículos autónomos amenazan a 1.7 millones de camioneros de Estados Unidos. Robots que preparan cocteles, que pintan, conducen, barren y aspiran, siembran, cosechan…

Sugiero para reflexionar, apreciado lector: ¡Sálvese quien pueda!, del argentino Andrés Oppenheimer; el discutido anatema del alemán Albert Einstein: “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad; el mundo sólo tendrá una generación de idiotas”, o Un mundo feliz, del inglés Aldous Leonard Huxley, publicado en 1932, que describe un mundo ideal, donde la humanidad es permanentemente feliz, no existen guerras ni pobreza, y los seres humanos son desinhibidos, saludables, de buen humor, justos… y tecnológicamente avanzados.

                *Presidente de la Academia Nacional de Historia y Geografía de la UNAM

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