Manifestaciones de la Policía Federal
El conflicto relacionado con la Policía Federal exhibe una serie de retos que deben atenderse cuanto antes y evitar que el debate conspirativo sea el que impere. El corazón del problema es la forma en que se está conformando la Guardia Nacional
La semana pasada, cientos de policías se amotinaron dentro del centro de comando principal de la policía, en el oriente de Ciudad de México, como señal de protesta. De esta forma, elementos de la Policía Federal y la Gendarmería protestaron por las afectaciones a sus sueldos y prestaciones como bonos, seguro médico y prima de riesgo.
Frente a estas acciones, el presidente López Obrador publicó un video en el que buscó aclarar la situación: “No se va a despedir a nadie, van a tener sus mismos sueldos, sus mismas prestaciones, no se va a obligar a nadie a que pase a otra corporación… Hay resistencias porque es un cambio…Lo cierto es que estaba echada a perder esa corporación”, refiriéndose a la Policía Federal. También agregó que le parece “raro” que persistan las quejas sin razón, asegurando que en las manifestaciones “hay mano negra”.
Los policías han mantenido su movimiento, argumentando que, en realidad, sí existe una afectación a su economía, toda vez que se les está quitando el bono de “operatividad”, así como los descansos de cinco días, por cada 25 días trabajados. En su pliego petitorio, los policías federales plantean “respeto a la dignidad de todos los que conforman la policía federal, respeto a la antigüedad laboral, respeto a las prestaciones laborales”; y han añadido, “no seremos evaluados por personal militar que no tiene conocimiento de la función policial”.
La mayor polémica se desató cuando algunos policías pidieron que sea Felipe Calderón quien los represente laboralmente, en defensa de sus demandas. Alfonso Durazo, secretario de Seguridad Ciudadana, declaró que el expresidente y grupos de interés buscan beneficiarse con las protestas de policías federales. Ante estas acusaciones, Calderón rechazó estar relacionado con las protestas, exigió que se presentaran pruebas por parte del funcionario federal y también recomendó: “Tómense la molestia de explicarles —a los policías— cuál es el plan de seguridad que ustedes tienen”.
El conflicto relacionado con la Policía Federal exhibe una serie de retos que deben atenderse cuanto antes y evitar que el debate conspirativo sea el que impere. El corazón del problema es la forma en que se está conformando la Guardia Nacional. Nadie en su sano juicio podría manifestarse en contra de la creación de un cuerpo de seguridad como el que ha planteado el nuevo gobierno, con capacidades de acción a nivel federal; especialmente cuando actores del crimen organizado han diversificado su red de ingresos y han tomado corredores enteros del territorio nacional.
Sin embargo, durante la discusión legislativa sobre el perfil de esta nueva corporación quedó claro en la Constitución que la orientación de este nuevo cuerpo de seguridad sería civil. Los policías federales han señalado en sus manifestaciones que no quieren someterse a un cuerpo militar. El problema entonces no sólo es la reducción de los ingresos de los policías —situación inadmisible si queremos que hagan bien su trabajo—, sino el perfil castrense que, contrario a la ley, podría estar generándose en el nuevo cuerpo.
Por otro lado, debemos ver que si como sociedad invertimos enormes recursos financieros, materiales y humanos, en conformar la Policía Federal, entonces esta organización debería ser unos de los principales pilares en la conformación de la Guardia Nacional, en lugar de simplemente señalarla como un lastre.
AMLO ha dicho que solicitó una investigación a fondo para conocer los actos de corrupción relacionados con la Policía Federal. Dicha investigación debería identificar casos y patrones de corrupción, en apoyo a la creación de la Guardia Nacional. Es decir, en lugar de denostar, deberíamos aprovechar y cuidar la experiencia de miles de policías honestos, que hemos capacitado como país por más de una década, y castigar a los malos elementos. La actual administración debería buscar mejorar los procesos, en lugar de querer empezar desde cero.
Es peligroso que un asunto tan delicado se atienda exclusivamente desde la discusión pública estéril sobre quien impulsa estas manifestaciones. Los planteamientos de los policías deben ser escuchados, atendidos y, en caso de ser posible, resueltos. Sería grave que, por falta de diálogo, perdamos más tiempo en el armado e implementación de la principal política pública que demanda el país: la seguridad.
