¿Por qué el kínder es obligatorio en México y qué pasa si los niños no van desde los 3 años?
En México, menos de la mitad de los niños de tres años asiste al preescolar. Te explicamos si es obligatorio, qué se pierde un niño si no va y qué dicen la SEP y la UNESCO.

En México todavía hay muchas dudas sobre si el preescolar es realmente obligatorio según la SEP o si basta con que los niños entren directamente a primaria. A simple vista parece que en el kínder solo juegan, pintan o cantan, pero esas actividades, aparentemente simples, son la base para su desarrollo emocional, social y académico.
Aquí te contamos qué dice la ley, qué aprenden los niños en esta etapa y qué consecuencias puede haber si no asisten al preescolar.
¿Cuántos niños van al preescolar en México?
Las cifras muestran que todavía queda mucho por hacer para garantizar el acceso a la educación inicial. De acuerdo con el reporte Panorama de la Educación 2025 de la OCDE, la asistencia en los primeros años sigue siendo muy baja:
- En el primer año de vida, solo 1% de los bebés está inscrito en una institución de cuidado o preescolar.
- A los 2 años, la cifra sube ligeramente a 8%.
- A los 3 años, solo 37% de los niños acude al kínder.
- A los 5 años, la cobertura llega al 97%, es decir, prácticamente todos asisten justo antes de entrar a primaria.
Esto significa que menos de la mitad de los pequeños entre 1 y 3 años reciben educación inicial en México. La mayoría de las familias espera hasta los 4 o 5 años para inscribir a sus hijos, lo que retrasa su desarrollo académico y social.
El mismo informe revela que México tiene una de las inversiones más bajas en educación dentro de los países de la OCDE: 2,790 dólares por estudiante, muy por debajo de naciones como Luxemburgo (27,000 dólares) o Corea del Sur (21,000). Solo Perú invierte menos.
Mientras que el promedio de inscripción a preescolar entre los 38 países miembros es del 85%, en México apenas alcanza el 66%, una cifra que incluso es menor al 69% registrado en 2013.

¿Es obligatorio el preescolar en México?
Sí, el preescolar es obligatorio por ley. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 3º, establece que la educación inicial, preescolar, primaria y secundaria forman parte de la educación básica obligatoria.
La Ley General de Educación también lo confirma: madres, padres o tutores tienen la obligación de garantizar que sus hijas e hijos asistan a la escuela desde los tres años cumplidos al 31 de diciembre del inicio del ciclo escolar.
Además, el Sistema Nacional de Evaluación de los Derechos Humanos (SNEDH) reconoce el preescolar como parte fundamental del derecho a la educación.
Aun así, en la práctica, para inscribir a un niño en primaria no se exige haber cursado los tres años de preescolar, lo que genera rezagos en lenguaje, motricidad, socialización y adaptación. En otras palabras, aunque legalmente sea obligatorio, su cumplimiento aún depende mucho de la decisión familiar.

¿Qué aprenden los niños en el kínder?
De acuerdo con la Secretaría de Educación Pública (SEP), el preescolar no es solo un espacio para jugar: es la base del desarrollo integral. En esta etapa los niños aprenden a:
- Convivir con respeto y regular sus emociones.
- Mejorar su lenguaje, expresarse con confianza y escuchar.
- Desarrollar interés por la lectura y comenzar la escritura.
- Resolver problemas sencillos con pensamiento lógico y matemático.
- Explorar la naturaleza y cuidar el medio ambiente.
- Practicar la coordinación motriz y hábitos saludables.
- Estimular la creatividad a través del arte, la música, la danza o el teatro.
Estos aprendizajes se dividen en seis campos formativos: lenguaje y comunicación, pensamiento matemático, exploración del mundo, desarrollo personal y social, desarrollo físico y salud, y expresión artística.

¿Qué se pierde un niño que no cursa el preescolar?
La pedagoga María Luisa Alanís Martínez, maestra en Educación y Necesidades Especiales, explica que el preescolar es la base del desarrollo cognitivo, social y emocional de los niños:
“Acudir al preescolar desde los tres años es fundamental, porque ahí se desarrollan las habilidades cognitivas, sociales, emocionales y del lenguaje. Si un niño logra la psicomotricidad, podrá aprender mejor, más rápido y con mayor comprensión”.
Alanís detalla que las diferencias entre los niños que asisten y los que no son muy notorias:
“En los pequeños que no van al kínder, el lenguaje suele ser corto, les cuesta comunicarse, controlar sus emociones o seguir instrucciones. Algunos no saben lavarse las manos o sentarse correctamente, ni manipular materiales básicos”.
También señala que muchos padres deciden no inscribirlos porque piensan que “en el kínder solo se hacen bolitas y palitos”, o porque les cuesta ver llorar a sus hijos en el proceso de adaptación.
“Pero eso también es parte del aprendizaje: enseñarles a enfrentar los retos de forma adecuada. En casa todo es más fácil porque no hay reglas ni hábitos, y eso genera miedo cuando llegan a la escuela”, puntualiza la especialista.
La pedagoga destaca que no asistir al preescolar puede provocar rezagos que impactan toda la vida escolar: dificultades para leer, escribir o socializar, menor autonomía, menor desarrollo motriz y emocional, y una adaptación más lenta a la primaria.

El derecho a aprender desde el nacimiento
Como recuerda la UNESCO, “el derecho a la educación empieza al nacimiento”. Sin embargo, los datos muestran que “1 de cada 4 niños de 5 años nunca ha recibido educación preescolar, lo que equivale a 35 millones de niños en todo el mundo”.
El organismo enfatiza que “cuando los niños están sanos, seguros y aprenden bien durante sus primeros años, están mejor preparados para desarrollar todo su potencial y participar activamente en la vida económica, social y cívica”.
Además, invertir en la primera infancia ofrece el mayor retorno económico y social, ya que reduce desigualdades y fortalece la equidad.
El preescolar en México no es una opción: es obligatorio y esencial. Aunque hoy un niño pueda ser inscrito en primaria sin haber cursado los tres años de kínder, esa omisión puede marcar su desarrollo emocional, social y académico.
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