México participará en iniciativa regional de prevención del suicidio

En conjunto con Brasil y Guyana, México participará en la Iniciativa Regional de Prevención del Suicidio

thumb
Este 18 de mayo se llevó a cabo el primer taller “De la prioridad a la acción: prevención del suicidio en la Agenda Estatal de Salud Mental y Adicciones”.Foto: @OPSOMSMexico

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) incluyó a México entre los países prioritarios de la región de las Américas para implementar la Iniciativa Regional de Prevención del Suicidio, la cual, se realizará en conjunto con Brasil y Guyana.

La meta de la OPS/OMS es reducir la tasa de suicidio a un 0.92% anual para 2031 en todo el mundo.

En este contexto, se llevó a cabo el primer taller “De la prioridad a la acción: prevención del suicidio en la Agenda Estatal de Salud Mental y Adicciones”.

Un encuentro dirigido al personal de salud de las 32 entidades federativas del país, con el propósito de fortalecer capacidades, compartir herramientas y consolidar estrategias de prevención desde el ámbito local.

Durante la inauguración, Yerania Emireé Enríquez López, titular de la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama) señaló que la prevención del suicidio requiere un compromiso colectivo e interinstitucional.

Hablar del suicidio implica reconocer que detrás de cada cifra existen historias de sufrimiento,familias impactadas, comunidades afectadas y, sobre todo, vidas que pueden encontrar un espacio de escucha, apoyo y acompañamiento. Por eso, cuidarnos es un acto colectivo”, enfatizó.

El taller contó con la participación del representante de la OPS en México, José Moya Medina, y del jefe de Salud Mental y Uso de Sustancias de la OPS/OMS en México, Renato Ledesma de Souza, quien destacó que para lograr la meta de reducir en el año 2031, la tasa mundial de suicidio de manera sostenida a un 0.92% anual, es necesario fortalecer la detección oportuna y ampliar el acceso a servicios de salud mental con enfoque comunitario.

El impacto mortal en México de "tener que poder solos"

Por Antonio Marín

En México, la creencia de que “tenemos que poder solos” está costando vidas. Detrás de ese silencio social avanza una emergencia que las estadísticas apenas logran dimensionar. 

Hasta el pasado 4 de abril, el sistema de salud pública reportó más de 35 mil diagnósticos de depresión clínica. A la par, se contabilizaron mil 769 ideaciones suicidas y 882 intentos de suicidio.

Sin embargo, especialistas consideran que estas cifras del último Boletín Epidemiológico Nacional son apenas la “punta del iceberg” de una crisis nacional que exige cada vez más ser escuchada.

Para el psicoanalista Diego Elizalde, el estigma y la centralización de los servicios médicos, especialmente los relacionados con la salud mental, pueden impedir que miles de personas si quiera piensen en buscar ayuda.

Muchas personas no reportan o no verbalizan o no saben que están deprimidas, por estigma, y también por algo más importante, la parte económica. Hay muchas personas que por el factor económico no pueden acceder a contactar a un especialista”, dijo el especialista en entrevista con Excélsior.

Además, aseguró, el sistema público no contabiliza a los pacientes del sector privado, dejando un vacío enorme en las cifras reales de salud mental en el país.

La psicóloga cognitivo-conductual Sara Leo coincidió en que existe un sesgo profundo originado desde la infancia.

Existe mucho sesgo y mucho tabú alrededor de hablar de la salud mental… Si yo tengo depresión, pero tengo la estructura mental de que tengo que poder solo, no voy a ir a un hospital a pedir ayuda”, sostuvo.

Ambos coincidieron en que socialmente se ha generado una clase de penalización hacia los sentimientos de tristeza, miedo o enojo, etiquetándolos como una debilidad, especialmente si son hombres los que las expresan.

Al no tener permiso para sentir, las personas podrían recurrir a conductas de evitación para “anestesiar el dolor emocional”. Prácticas como el consumo de alcohol, de drogas o las autolesiones, conocidas como cutting, no buscan inicialmente terminar con la vida, sino liberar dopamina y adrenalina que calmen la angustia de manera temporal, afirmaron.

Por lo general, no quieren acabar con su vida, quieren acabar con el sufrimiento”, subrayó Leo a este medio.

A esto se le conoce, afirmó, como desesperanza aprendida: un estado en el que el contexto en el que vive la persona, ya sea presiones económicas, violencia, ideales inalcanzables en redes sociales o aislamiento, se vuelve tan abrumador que el suicidio comienza a parecer una solución racional ante la falta de salidas evidentes.

jcp